Sangre y arcilla [Intento de novela que seguro ni terminaré]

Demuestra tu talento literario y se el próximo que derribe a Agatha Christie creando una nueva crónica histórica. Aquí los trabajos escritos serán grabados y estarán disponibles para todas las generaciones.

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Sangre y arcilla [Intento de novela que seguro ni terminaré]

Mensaje por Xx_lucy-fer666_xX » Lun Abr 09, 2018 5:32 am

Nes cual es esa novela que siempre dices
aqui mi puta novela
prologo y cap 1


Prólogo
[+] spoiler
El sol se ocultaba en la región más austral de nuestro mundo, pero para muchos, esta recóndita región del mundo era el mismo centro de la existencia. En ella, en esta pequeña península se encontraba el imperio, como se referían a ellos mismos, siglos más tarde los cronistas les denominarían el imperio de Vallumque Aurea, en honor a su capital, un extensivo imperio que dominaba en la pequeña península continental del sur.

Aún más al sur se extendía el mar escarlata, mar del cual se encontraban otras tierras más salvajes e inhóspitas, de las cuales los primeros imperiales llegaron navegando hacia el norte buscando mejores tierras de cultivo. Al oeste de la península se encontraba un pequeño continente, lleno de riquezas naturales, las islas de las especias se les conocían en el imperio, mismo continente donde desde hace casi mil años se fundó la primera ciudad de la región austral del mundo, Puerto Lejano, ciudad-estado que sobrevive aun a nuestros días, por ser el mayor puerto comercial con los territorios de las islas de las especias o también conocidos como los territorios salvajes de occidente, que de islas tienen poco, pero para la época, solo representaban pequeños archipiélagos y no un continente completo, aunque mucho menor que el continente central, del cual, solo su península más al sur, era conocida por el imperio y sus habitantes.

Esto último no es casual, al este y al norte del imperio se encuentra el gran desierto, el llamado desierto sin cielo, una extensión infinita de arena y sal, en el cual el mismísimo sol y la divina luna no atreven a mostrar su presencia y allí en su borde, se encuentra el milenario reino de Kush conocida actualmente como la tierra de Laetlotil, un reino que al día de hoy solo es una sombra del esplendor que tuvo, la expansión del desierto y la conquista por parte del imperio dividió su gloria en 2 pequeñas provincias marginadas. Siguiendo el antiguo legado de Laetlotil nos encontramos en las grandes sabanas de Arbiskar, territorios que durante cientos y miles de años fueron habitados por gigantes criaturas, casi sin pelo, con una nariz que se proyectaba a medir casi los 2 metros, y con 2 largos cuernos que sobresalían proyectándose hacia el suelo por sus mandíbulas, los habitantes los llamaban los paquidermos, y sus cuernos de marfil puro son de las mayores riquezas de estas tierras. Grandes ríos atraviesan esta sabana y sus habitantes han vivido de ellos desde tiempos inmemoriables.
En la gran ciudad de Gwyrdd, ubicada en la parte más norte de esta región, antiguo bastión donde desde hace milenios reside el líder de la familia principal del clan del marfil, pastores de los gigantes mastodontes, ciudad que es reconocible por la gran empalizada de madera que la rodeaba, repleta de casas hechas con adobe y madera, caracterizadas por la arquitectura arbiskarense, casas pequeñas con piso y paredes de adobe, pero recubiertas con un techo y un 2do piso de madera, con finas tallas geométricas de líneas y triángulos en ellas, teniendo normalmente grandes extensiones entre cada una de ellas, siendo estas utilizadas para la cría de ganado más que para el cultivo, y aglomerando en el centro de la ciudad el gran mercado, el palacio de gobierno y el templo. Este último es de importancia vital, la vida del arbiskarense común es bastante distinta a la que el resto de provincias imperiales tienen por normal. En Arbiskar existió una gran persecución a las prácticas mágicas y religiosas que profesaron durante milenios. El imperio trató de incluir varias de sus prácticas en la religión oficial de este, agregando deidades a su panteón y rituales y festividades a su calendario, cosa que tranquilizó a la mayoría de la población, pero muchos de ellos negaron estas pobres medidas, en su mayoría los Aurispices, grandes sacerdotes y adivinos.

Esto resaltaba poco, pero la mayoría de los Arbiskanos sabían esto. Muchos de ellos, incluso desde las sombras participaban en los viejos ritos, tal como sucedía en este momento. Ante la multitud estaba la gran piedra de sacrificios, colocada en el centro de un pequeño charco en la sabana, la piedra poseía petroglifos con marcas geométricas, muy parecidas a las que el arbiskano promedio tendría talladas en sus casas. Frente a la piedra estaba Simohn el auríspice, sumo sacerdote de los espíritus de la sabana, había pasado toda su vida practicando la religión de sus ancestros y ahora como siguiente profeta de Arbiskar, necesitaba seguir dando vida a los ritos de sus predecesores. El Auríspice, un hombre de aproximadamente 30 años, alto como todos los de su raza, tenía una amplia melena de color cobre, una barba desaliñada y estaba cubierto solamente con pieles de ovejos y cabras, totalmente ensangrentadas, probablemente del momento que se despellejaron estos animales sagrados, en su mano poseía un largo bastón de madera, con un lado totalmente liso y con los bordes tan cortantes como el acero mismo. Era una espada ritual.
Pero más importante que el sacerdote y los pertenecientes al rito era el objeto del rito mismo, en este caso, el sacrificio. Un joven, apenas entrando a la adolescencia se encontraba desnudo y atado a la piedra de sacrificios, el chico, de clara ascendencia imperial por su tonalidad de piel rojiza presentaba grandes pictografías pintadas sobre su piel, todos estos signos habían sido hechos por el auríspice días antes de su sacrificio. El joven a sacrificar no decía ni una palabra, estaba fuera de sí, había sido secuestrado del barrio imperial de la ciudad semanas antes, y había pasado por un largo proceso de purificación del sacrificio, siendo uno de estos pasos el tomar una bebida ritual hecha de una planta autóctona de la sabana, la cual tenía fuertes efectos para desatar visiones y trances chamánicos.

La multitud que se aglomeraba también era bastante curiosa, no tenían ningún rasgo particularmente fuera de lo común, eran gente del pueblo, artesanos, campesinos, incluso se divisaba uno que otro legislador, la única cosa que legítimamente los caracterizaba era ser arbiskanos puros, los gigantes de las sabanas como se les conocía, con su cabello color cobre como estandarte. Muchos de ellos llevaban encima las ropas típicas de la región, caracterizadas por usar, a diferencia del resto del mundo conocido, pantalones, tanto en hombres como en mujeres, además de guantes y botas de cuero.

La luz de la luna Entonces se dejó de reflejar, la sabana quedó totalmente a oscuras, muchos miraron al cielo y notaron que el cosmos que se reflejaba, las estrellas y la luna, ya no estaban, era un cielo negro, vacío y frio, todo a su alrededor oscureció, y el auríspice habló en ese momento.

-Pueblo nacido del pasto y del marfil, hombres y mujeres de los 3 grandes clanes, hoy, como demandan nuestras antiguas tradiciones, se realizará el sacrificio de un joven mancebo, entonad los cánticos de los padres de sus padres y sigamos el legado de los que nos precedieron.

En ese momento todos los presentes empezaron a cantar en la antigua lengua de Arbiskar, muchos entraron en trance al entonar los cánticos, la penumbra se volvió más fuerte, ya nadie podía ver a quien tenía alrededor, entonces, una luz rojiza se divisó del suelo, la luz salía del charco de agua que se mezclaba con la sangre que corría desde la piedra, el sacrificio había sido realizado.

Capítulo 1- Vallimque Aurea
I
[+] spoiler
Las tenues luces de las lámparas de aceite alumbraban la recámara de piedra tallada. La sala cubierta de grandes tapetes recubrían estanterías llenas a rebosar de tablillas de arcillas finamente elaboradas, todas y cada una escritas por ambos lados, pequeñas y finas incisiones hechas en la arcilla recién humedecida, relataban los hechos resaltantes ocurridos en el imperio desde su misma creación. En el centro de aquella cámara estaba un gran trono y frente a él una larga loza de piedra que cumplía la función de mesa de escriba, sobre ella una gran pila de arcilla, unos cuantos cuencos y más importante una tablilla lista para ser horneada e inmortalizar la crónica más reciente antes de ser anexada al gran archivo imperial, a punto de poner el sello imperial con un largo palillo de marfil estaba el escriba mayor del imperio, un hombre de avanzada edad vestido apenas con una túnica sin mangas, de barba corta y arreglada y de un pelo canoso, junto al el dos ayudantes de escribas que iban leyendo varios rollos de lino, en estos estaban todas las anotaciones primarias dadas por los recolectores imperiales.

Un joven de tez morena apartando los tapices que servían de puerta para la habitación entró. El muchacho que acababa de entrar tenía no más de 20 años, de poco vello facial, sus orejas tenían una que otra perforación mostrando que no era una persona autóctona de la capital. Tenía un pelo negro y de una forma muy característica de una de las regiones más remotas del impero: una serie de trenzas que bajaban hasta el cuello. Poseía una túnica similar a la del gran escriba, pero esta se destacaba por ser de un blanco inmaculado, mientras que la del gran escriba era de una tonalidad más cercana a rojo. Dicho joven se quedó quieto a pocos metros de donde el gran escriba terminaba su oficio y dijo en voz alta:
-Escriba de segundo orden, Shelemat de Punt ante usted gran escriba.
El gran escriba sin inmutarse terminó de inscribir en la tablilla de arcilla y se la entregó a uno de los ayudantes, que se marchó rápidamente junto al otro para llevarla al horno para plasmar la crónica. El gran escriba entonces levantó la vista y se dirigió a aquel joven:
-Lamento hacerlo venir la última noche del año joven escriba, es inusual que otros, aparte de mi persona y los escribas de más alto nivel estén a estas horas en la fecha más importante del año, debe ser obra de los dioses que se haya presentado la ocasión para que nuestra audiencia diera lugar, alabado sean los grandes.
-Alabados sean. Replicó el joven con una expresión solemne.
-Entonces joven escriba, ¿es usted el primero de muchos escribas traídos de las regiones anexas al imperio?, ¿es eso cierto? Punt es una provincia bastante alejada de nuestra gran y gloriosa ciudad de Vallumque Aurea, pero aun así ha logrado ascender a escriba de segundo orden sin muchos problemas. Es toda una maravilla que gentes como usted existan de tierras tan lejanas. Dijo el gran escriba mientras dejaba en un pequeño estuche de madera los palillos de marfil.

-Es un honor escuchar esas palabras viniendo de usted, su eminencia. Mi pueblo ha sido bendecido desde la anexión al imperio y la prosperidad que el gran emperador trae a nuestras tierras, alabado sean los grandes. Replicó el joven haciendo una reverencia ante el gran escriba.
-Que alabados sean los grandes, pero no es solo por halagos que te traigo ante mi presencia joven escriba de Punt, vengo a proponerte algo. Como sabrás los escribas imperiales nos encargamos de recopilar toda la información posible, por más ínfima que sea de todos los rincones del imperio. Recolectamos esa información y la almacenamos, pero por lo grande y benévolo que es nuestro gran imperio no podemos llegar a todos los rincones y todos los locales no responden iguales. Tu gente por ejemplo, es recia con los informantes imperiales, pero la ley impide tomar acciones drásticas contra ellos. Como sabrás, hace un decalustro que el gran emperador, gloria a su nombre y a su legado, que prohibió las visitas reales, y de allí derivó el trabajo de los informantes imperiales, pero aun es difícil sacar la información pertinente de zonas más salvajes y poco civilizadas, reacias al trono imperial.
-Dudo que sea el caso de mi pueblo o gran escriba. Interrumpió el joven tratando de excusarse.
-No me interrumpas muchacho, justamente esas conductas son las que hacen que esas gentes sigan siendo unos salvajes en comparación al resto de provincias. Dijo el gran escriba con un tono severo. Te asignaré una tarea de vital importancia, debido que has demostrado un comportamiento excepcional para un salvaje de tu calaña, y ya que tus gentes rechazan cooperar con el archivo imperial debemos utilizar otro tipo de métodos. Partirás hacia las provincias exteriores de encubierto, serás los ojos y los oídos del imperio, y escribirás los reportes como un informante imperial, solo un salvaje puede entenderse con otro salvaje.
-Su excelencia, disculpe el atrevimiento. Dijo con voz flaqueante el muchacho. Pero los informantes imperiales son de un rango mucho inferior que un escriba, he trabajado arduamente para conseguir ascender a segundo orden su excelencia, es un honor participar como ojos y oídos del emperador, pero… Dijo tratando de no sonar insultante.
-¿Te atreves a rechazar esta oportunidad que te he ofrecido? Esta es una tarea de vital importancia joven de Punt, es la cosa más importante que podría hacer alguien que pertenece a semejante gentes, partirás mañana mismo al alba, un escolta te acompañará durante tu viaje, y deberás registrar todo acontecimiento y toda voz que escuches en tu viaje, pues ahora eres un informante imperial, y todo lo que veas debe ser escrito en lino y tela para ser enviado al gran archivo, ¿mis palabras han sido claras, joven de Punt?
Shelemat, hizo entonces una reverencia, y procedió a retirarse de la cámara alumbrada por la luz de las lámparas de aceite. Al salir se encontraba un gran patio, la luz de la luna se reflejaba de lleno en todo el lugar alumbrando unos cuantos árboles y un estanque en el centro, en el centro de este hallaba una estatua del dios protector de los escribas Grafonthas, sosteniendo un largo palillo en una mano y una tabla de arcilla en la otra, con una pequeña lámpara y un reloj de arena atada al cinto, tenía la cara cubierta por una capucha y mostrando un gran rollo de papiro a sus espaldas, una estatua que representaba y glorificaba el labor más honorable dentro de las casas nobles de todo el imperio, la labor del escriba, el que recopila e inmortaliza la historia viva del imperio, todo lo que se hace o se ha hecho esta registrado y almacenado en este recinto, el gran archivo. Shelemat pasó contemplando la estatua iluminada por la luz de la luna, caminando en dirección de la barraca donde se encontraban sus pertenencias.

Ya casi era el año siguiente, cada cierre de año el gran escriba se sentaba y escribía una tablilla definitiva donde enunciaba los acontecimientos más importantes ocurridos en el año que moría, tablilla que almacenaba en su recámara personal junto a las miles de tablillas que recopilaban el devenir de cada año, una tablilla que englobaba todo el conocimiento y todo acontecimiento que era de digna mención ante el mismísimo emperador. Esa fue la tablilla que el gran escriba Cathergus el viejo había terminado de escribir momentos atrás, había estado profesando de máximo exponente del escriba desde hace más de 50 años, y seguía inamovible hasta el día que pereciera y su alma pasara a ser parte del panteón de los dioses hombres, donde los grandes escribas del pasado, los grandes generales y los emperadores del pasado tomaban trono ante los grandes dioses inmortales.

El viejo escriba entonces miró a los 2 asistentes llegar con la tablilla horneada, ambos tenían facciones típicas de un imperial, pelo castaño oscuro, y una piel con un ligero tono rojizo, ambos parecían tener una edad algo mayor que el chico puntiense que dejó la sala momentos atrás, el primero, que parecía tener las facciones más delicadas le indicó al gran escriba con un ademán que la tablilla de ese año había sido horneada con éxito. El viejo escriba se levantó de su trono y agarró una larga capa de tela morada que recubría el espaldar del trono, el otro joven entonces le entregó la tablilla de arcilla y los 3 se dirigieron a uno de los grandes estantes recubiertos por los tapices.

Ya quedaban pocas horas para el alba, en su catre, Shelemat, el joven de Punt daba vueltas sin agarrar el sueño, las preocupaciones invadían su mente, su largo esfuerzo por adaptarse a la capital imperial y al oficio del escriba del gran archivo habían consumido su vida por más de 12 años y ahora en menos de unos minutos había sido desacreditada y rebajada. En la mañana tendría que partir de Vallumque Aurea la gran capital imperial, hacia las provincias exteriores, y debía partir de incognito, los informantes imperiales son personas muy mal vistas en las zonas de más reciente anexión al imperio, nunca se ha sabido de actos violentos hacia la figura del informante, esto debido a que ellos son la visión y el escuchar del emperador, cientos de hombres que escuchan, ven y anotan todo para luego ser transcrito por los escribas del gran archivo, para posteriormente, al finalizar cada año, ser petrificados los hechos más importantes del imperio en la tablilla que pocas horas atrás el gran escriba Cathergus el viejo había escrito. Antes él era parte del mismo sistema, y aunque la posición de escriba es de las profesiones más reconocidas para los imperiales, el mismísimo informante imperial era la chispa inicial que ponía el mecanismo a correr, ahora él era parte de ellos, y sin agarrar sueño se dispuso a preparar el equipaje para partir a los establos a las afueras de la muralla imperial para partir a su nueva labor.
II
[+] spoiler
Ante la puerta norte de Vallumque Aurea se erguían las caballerizas imperiales, comerciantes de todos los rincones del imperio pasaban por las monolíticas puertas de la ciudad y dejaban sus bestias de cargas y caballos en esos establecimientos. Un puesto de vigilancia de los vigías de la ciudad hacían guardia con la luz de las antorchas en la penumbra de la madrugada, uno que otro comerciante o viajero llegaba desde la oscuridad del camino a las puertas imperiales y procedía a una minuciosa inspección por parte de estos, justo antes de dejar sus medios de transportes en las caballerizas imperiales. En Vallumque Aurea el tránsito de bestias de carga y caballos estaba estrictamente restringido para un grupo selecto de comerciantes y oficiales imperiales, ya que su suelo era sagrado, ningún ser de corte inferior podía pisar la misma tierra que el mismísimo emperador pisaba.

Los primeros rayos del astro rey se vislumbraron en el horizonte y junto a él, una figura se dirigió a uno de los bancos peatonales que se encontraban en el linde del camino a pocos metros del puesto de vigilancia. Este hombre era Leovi el Carnero. Leovi era un hombre de aproximadamente 40 años, sus facciones habían sido endurecidas por las cruentas guerras de conquista que se habían llevado las últimas décadas en las anexadas provincias occidentales, tenía un cabello corto de color naranja cobrizo, con algunas partes canosas a la vista, su barba crecía desde las patillas hasta la base de la boca de color similar al pelo, aunque con muchas más partes canosas, medía entre un metro ochenta y un metro ochenta y cinco, y aunque estuviera sentado, su altura no era algo que no se hiciera notar. Su vestimenta consistía de una capa de viaje cubriendo un chaleco de cuero, unos guantes de color negro desgastado y unos pantalones de piel terminado por un par de botas al igual que el chaleco de cuero, probablemente de ganado o de caballo, típico de la provincia de Arbiskar. Provincia que fue de las primeras en ser adheridas al poder imperial en los años de la fundación, y pese a que el poder imperial en esta tierra es mayor que las provincias exteriores conservan aun algunas de las tradiciones que siempre ha profesado, como el uso de pantalones ante la cómoda y versátil túnica o toga para la plebe.

En su mano se podía ver que tenía agarrado firmemente un broche metálico de pequeño tamaño, lo miró un poco hasta que el sol había salido totalmente, una vez se percató de que los rayos del sol indicaban el primer día del año, el 673 después de la fundación del imperio. Esto señalaba que su tarea había empezado ya, tenía que escoltar a un chico puntiense durante un año por las provincias exteriores, un trabajo bastante denigrante, tomando en cuenta que aparte de niñera de un jovenzuelo, este era un nativo de Punt, cosa que en particular lo molestaba. La gente de Punt eran ciudadanos relativamente nuevos para el imperio, eran para un noble ciudadano de Arbiskar, una plaga, desde que la gran sequía había azotado a Punt el emperador concedió trabajo a algunas casas nobles de Punt en las grandes llanuras fértiles del valle de Arbiskar, cosa que a los arbiskarenses no les agradaba del todo.
Leovi caminó impaciente hacia el puesto de centinelas, una guarnición de hombres hacían guardia en el lugar, todos ellos vestidos con la armadura imperial, una larga armadura de placas sobre una toga blanca, terminada en un faldón de cuero donde estaba atado al cinto una espada corta de bronce, una rodela pequeña en un brazo y un casco terminado en un pequeño penacho de plumas rojas, los brazos estaban cubiertos de unas pequeñas hombreras de metal y unos brazales con superficie de hierro atados a unas tiras de cuero marrón. El oficial a cargo se dirigió entonces a Leovi, que esperaba impaciente ante la guarnición, el oficial entonces dirigió la palabra a aquel hombre:

-En que le puedo ayudar ciudadano de Arbiskar, si desea retirar su caballo, el día de hoy no será posible, en la celebración de nuestro 673 aniversario de la creación del imperio no se está permitido marcharse de la ciudad imperial, sola la entrada de alguno de los mercaderes que proveen a la ciudad.
-Leovi el Carnero. Dijo el gigante arbiskarense mostrando el medallón que tenía en sus manos. -Ex comandante de las legiones occidentales, tengo un permiso especial del Gran escriba para escoltar a un joven putiense, ¿no estará resguardado aquí cierto?
El guardia dio un pequeño sobresalto, jamás había visto a Leovi el Carnero, pero era una leyenda entre ciertos círculos de los militares del imperio. –Disculpe usted, y que los grandes sean con vos, no tenemos al salvaje de Punt que usted refiere aquí en la guarnición, pero si el gran escriba ha solicitado su presencia aquí su dictamen es ley.
-Alabados sean, muchas gracias por su cooperación oficial, veré que puedo hacer para cumplir la orden del gran escriba. Dijo mientras se marchaba de aquel puesto de guardia. Debían ser alrededor de las 7 de la mañana, la orden decía sobre partir al alba, y solo podía ser culpa de aquel retraso, el salvaje que le tocaría escoltar.

Leovi miró una vez más al colgante mientras profesaba un bajo pero audible suspiro antes de regresar al banquillo donde había estado desde el amanecer, se sentó y observó a lo lejos que empezaba a salir los ciudadanos de sus casas y partiendo a la plaza mayor de Vallumque Aurea, lugar donde el emperador saldría y anunciaría la buena nueva para el año, y la prosperidad para el imperio, un acto solemne procedido por un amplio reconteo de los hechos más importantes del año que acababa de pasar, ya que todo acontecimiento y cada momento era vital para que le imperio fuera el imperio mismo. El gigante de Arbiskar no le dio mucha importancia a tal evento, aunque era un leal siervo del emperador nunca entendió la obsesión de los imperiales ante el pasado y la rigurosa cantidad de esfuerzo que el imperio gastaba en ello, pero aun así, el rendía honor a su emperador y a los grandes, así que el solo pensar en ello le resultaba un acto de herejía que sabía muy bien, no debía cometer.

Mientras se perdía en sus cavilaciones reconoció una cara a lo lejos, un joven de tez morena caminando sin rumbo entre una de las columnas de la puerta a la otra, llevaba una capa de viaje de color pardusca sin que se notara mucho de lo que llevaba debajo de ella, se trataba indudablemente de Shelemat, el joven que Leovi estaba buscando. Parecía estar confundido ya que no paraba de dar vueltas nervioso viendo para todos lados, Leovi se acercó entonces a él y le agarró el hombro firmemente.

-¿Eres el niñato de Punt que envía el gran escriba? Dijo Leovi en un tono frio y contundente.
-en efecto, y usted es el que se le asignó la tarea de escoltame por lo que puedo asumir. Replicó Shelemat, apartando la mano de aquel gigante de pelos cobrizos. -Discúlpe la tardanza pero estaba realizando mis ritos de nuevo año, espero que no haya sido una molestia para su persona.
-Más te vale no contagiarme tus mañanas de salvaje niño. Dijo Leovi mientras se marchaba caminando hacia las caballerizas.
-Shelemat. Dijo el joven.
-¿Qué? ¿Qué andas diciendo ahora? Dijo el gigante mientras se frenaba un poco.
-Mi nombre es Shelemat, Shelemat de Punt. Mencionó el joven con un tono algo más serio que el que había estado hablando hasta el momento. –Llámame por mi nombre y yo le llamaré por el vuestro, guerrero de Arbiskar.
-No es necesario que sepa alguien como tu mi nombre, y si no apuras el paso jamás comenzaremos con la misión que nos ha asignado el gran escriba, apúrate o te haré ejecutar por traición a las órdenes del emperador mismo. Dijo con un tono cortante y concluyente Leovi El Carnero mientras se dirigía a la caballeriza para retirar 2 caballos para cumplir con las órdenes que se le habían asignado.
III
[+] spoiler
La plaza mayor estaba a rebosar de personas, un largo circulo de guardias cubría todas las entradas a la plaza que daba directamente a la primera escalinata del palacio imperial, la estructura tenía forma de zigurat, con una muralla cubriendo la primera plataforma y haciendo que todo el interior del palacio, ubicado en la 2da y 3ra plataforma, quedaran ocultas, sin embargo la imponente estructura de la muralla y la gran escalinata de la primera plataforma eran suficientes para demostrar el poderío imperial. Los muros estaba recubiertos de caliza blanca y largos tapetes bajaban de los torreones puestos a pocos metros de distancia entre cada uno de ellos. La plaza cada vez iba llenándose más de los atentos ciudadanos imperiales esperando el Conteo del Tiempo, como se llamaba la celebración del primer día de cada año, la multitud esperaba pacientemente a la salida del emperador y del gran escriba para iniciar la ceremonia, un silencio sepulcral reinaba en aquella plaza abarrotada de gente, miradas ansiosas ibas de aquí para allá esperando que las puertas se abrieran para dar paso al emperador.

El emperador Childeran el Piadoso era un emperador bastante joven, se distinguía por su pelo largo y liso, característica poco común en el imperial, pero conservando el color castaño oscuro de la raza imperial, su piel de tono rojiza también reafirmaba este punto, era lampiño de cara y tenía las orejas un poco más grandes que el promedio, su atuendo era el atuendo que se usaba desde el primer emperador, un par de hombreras hechas con el cráneo de 2 cocodrilos cubierto de arcilla blanca y adornado en oro, seguido por una capa blanca que cubría todo su cuerpo, adornado de diversos detalles como collares de oro y joyas, que habían sido implementados mientras las riquezas exóticas llegaba al imperio gracias a la anexión de nuevas provincias, y finalmente ataviado con un aro de oro con relieves de enredaderas en su frente, símbolo del emperador.

El padre del actual emperador, el emperador Sogoveran el Sabio había reinado durante 60 largos años y murió de una enfermedad respiratoria al negarse ser tratado por unos médicos de Punt que conocían el remedio para dicha enfermedad, por muy irónico que esto resulte por su epíteto de “el Sabio”, fue un emperador que logró mantener una relativa paz en las regiones del imperio que siempre habían causado conflicto desde su inclusión. Aunque promovió a finales de su mandato la expansión hacia el oeste añadiendo la costa y el archipiélago de la antigua ciudad-estado de Puerto Lejano, su hijo en cambio asumió el trono a la edad de 15 años al no existir otro heredero al trono imperial, fue criado por los sabios más reconocidos y logró mantener las políticas internas de su padre, la creación de los informantes como una forma de recolección de datos menos intrusiva era una de las decisiones que el fallecido Sogoveran el Sabio había propuesto para eliminar las visitas reales. Estas eran grandes procesiones precedidas por altos oficiales que visitaban cada provincia recopilando los necesarios datos sobre lo que pasaba en el imperio, carrozas y escuadrones completos de caballería, luciendo el estandarte imperial marchando incesantemente por todo el imperio era algo que a las poblaciones anexadas al imperio le resultaban sumamente intrusivas, y varias revueltas en los primeros 300 años de historia del imperio había ocurrido por culpa de las visitas reales.

Aunque en los 300 años subsiguientes las tensiones siguieron, las revueltas habían quedado en el olvido, pero la eliminación de estas visitas reales fue un acierto final por parte del difunto rey, los informantes imperiales fueron la solución a esto, hombres capacitados en el arte de la escriba, que actuaban como uno más de la provincia para ser los ojos y oídos del emperador, esa fue la política que el joven emperador Childeran continuó, y que había perfeccionado ahora con la misión encargada al ex-escriba de Punt.

Childeran estaba revisando los últimos rollos de lino ante la puerta que daba a la gran plaza, con solo una seña, los guardias activarían el mecanismo para abrir las ciclópeas puertas y la ceremonia daría paso. El emperador dirigió la palabra al gran escriba que se encontraba al lado de él, esperando tomar acción en la celebración del Conteo del tiempo.

-Gran escriba Cathergus, los grandes sean con usted. Dijo mientras inclinaba un poco la cabeza en señal de respeto. -He escuchado que el nuevo informante salió hoy al alba, esta es una oportunidad especial, si el resulta ser más efectivo que los informantes de raza imperial ante las provincias, puede cambiar la forma en que el pasado sea memoriado.
-Alabados sean los grandes su excelencia y alabado sea oh su padre que reina junto a ellos. Dijo con un tono bastante paternal el gran escriba. –pues así es su excelencia, un salvaje de Punt, que transcribe como un imperial, y trabaja como una mula. Dijo el anciano de forma bastante jocosa. -Le ordené partir hoy al alba, debía encontrarse con su escolta en la puerta norte, Leovi el carnero en persona.
-Ya veo, nada mejor que un Arbiskarense para esa tarea, y uno de los súbditos más leales de esas tierras para dicha tarea. Dijo mientras repasaba los acontecimientos. -Creo que es hora de empezar la ceremonia gran escriba, nuestros hombres estarán siguiendo de cerca la labor de nuestro nuevo informante imperial. Dijo eso mientras chasqueó los dedos, señal que vino seguida de la apertura de las puertas de piedra que asomaban la figura imperial hacia la gran plaza, donde las ovaciones de los ciudadanos de Vallumque Aurea llenaron el ambiente que previamente había estado en silencio y donde los guardias formados frente al palacio imperial hicieron sonar las trompetas hechas de caracolas marinas, usadas desde antes de la formación del imperio mismo.
Entonces todos los guardias dijeron al unísono desde todos los rincones de la gran plaza:
-¡Ante ustedes el grande venido a la tierra, el sabio que ve el devenir de nuestro pueblo, el supremo emperador Childeran el Piadoso!
Y ante toda la multitud, un potente rayo de luz se vislumbró, dejando sólo la silueta del joven emperador, exhibiendo un aura regia ante su imperio.



Now, I am unsatiable. I'm unerasable. I'm Jagganath Now, I'm indestructible. Endlessly beautiful. State of the art.
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Rol
Amelia E. Jermyn
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Philip "Phil" Gunnman
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Re: Sangre y arcilla [Intento de novela que seguro ni terminaré]

Mensaje por Xx_lucy-fer666_xX » Vie Abr 20, 2018 4:05 am

Como no me aprecio a mi mismo seguiré publicando esto
eso y que ya ando escribiendo el 3er capítulo


Capítulo 2- Aguas Verdes

I
[+] spoiler
Una larga hilera de estatuas de cocodrilos adornaban el linde de la carretera imperial, había un dicho en Vallumque Aurea y ese era que “todos los caminos conducen a Vallumque Aurea”. La capital de imperio era una gran metrópolis amurallada, compuesta por una muralla interna del palacio, una que bordea la ciudad, y una última que rodea las zonas de cultivos con pequeños riachuelos rodeados de juncos y con una gran vegetación. Garzas y aves zancudas volaban ocasionalmente sobre el camino y más allá se observaba el lago de Sheotaran, nombrado así por el segundo emperador, Sheotaran el magnífico, que continuó la primera guerra con Tentonia, la primera provincia en ser anexada al imperio.

Las estatuas cocodriliformes, hechas en dura piedra y recubierta con una fina capa de arcilla blanca resguardaban el camino de los peatones y mercaderes que pasaban hacia y desde las murallas de la ciudad. A lo lejos se divisaba la última muralla de Vallumque Aurea, y más cercano a ella, extensos campos de olivos y viñedos. La ciudad original ahora conocida por la ciudad más esplendorosa sobre la tierra, la capital imperial, fue erigida sobre una pequeña colina aledaña a la fértil planicie de ahora estaba observando Shelemat.

Era media mañana, no había vuelto a cruzar la palabra o la mirada con el arbiskarense desde hace unas horas, hasta el momento no había hecho más que cabalgar en silencio, habían llegado a la zona del delta de los ríos, las estatuas cada vez más estaban cubiertas de vegetación y muchas quedaban opacadas por la altura de las hierbas y los juncos, aun así, el camino estaba en buenas condiciones, cosa impresionante para la cantidad de carretas mercantes que transitaban en ella anualmente. A lo lejos observó un grupo de edificios considerable, junto a una playa dejada por los riachuelos, entonces Shelemat se dirigió al gigante de pelo color cobre.

-Disculpe, ese poblado que se ve a lo lejos, ¿tiene un nombre? No había escuchado que dentro de la muralla externa de Vallumque Aurea existieran grandes poblados.
Leovi lo miro de reojo, el joven llevaba un pequeño cuadernillo forrado en cuero y lo que parecía una especie de aguja negra con que estaba trazando símbolos en el cuadernillo torpemente mientras cabalgaban. –Tú no eres un imperial de Vallumque Aurea, debiste haber pasado por alguno de los caminos hacia la capital, no te hagas el tonto.
-Realmente fui trasladado aquí de muy pequeño, no estaba enterado de mucho más aparte de la vida en el gran arch… No pudo completar la frase, Leovi lo interrumpió de mal humor.
-Aguas Verdes, así se llama, sigue galopando haremos una escala allí. Exclamó junto a un gesto de que parara de hablar. -No me interesa tu vida chico, espero que te quede claro. Dijo tajantemente el gigante de Arbiskar, luego de eso volteó y siguió su marcha.

Shelemat, no quiso darle mucha importancia, nunca había tenido el mejor de los tratos en el gran archivo, la gente de Punt, de todo el imperio, era la que se le tenía en peor estima, cosa que Shelemat notó desde sus primeros días en la capital imperial. Antes de volver al galope empezó a tomar pequeñas notas de lo que iba observando a su alrededor, había visto miles de transcripciones de los informantes imperiales, sabía medianamente que hacer, aunque jamás le había tocado ninguna referente a la región interna de las murallas de Vallumque Aurea, siempre de las regiones de Punt, Laetlotil y Tentonia. No tenía realmente ni la menor idea de cómo se conformaba el imperio más allá de sus recuerdos de Punt y las notas de informantes que había transcrito durante años.

Mientras más se acercaban a Aguas Verdes se divisaban a lo lejos grandes graneros en forma cilíndrica, hechos de arcilla arenosa, mezclada con ramas y paja, la típica edificación rural que se encontraría en zonas más parecidas a Laetlotil y Punt. Varios molinos con aspas de agua se ubicaban en las orillas de los caudales más grandes de las corrientes. Estos últimos con arquitectura similar a la de los graneros, que parecían mucho más rústicos que la blanca e inmaculada ciudad imperial y la contrastaban. Aunque Shelemat sabía bien que las descripciones minuciosas no eran algo habitual de los informes oficiales, este sintió la necesidad de anotar estos pequeños detalles, llevaba 5 cuadernillos iguales empacados en su bolsa de viaje, y creía que bastaban para esta misión, el anotar casi todo, no iba a ser algo desventajoso desde su punto de vista.

Ambos pronto se acercaron a una pequeña encrucijada, bifurcándose en el camino principal que seguía hacia la puerta de la muralla exterior y un camino poco menos ancho y con un empedrado más rústico que daba a Aguas Verdes, en el medio de la encrucijada estaba una estatua de aproximadamente 7 metros de altura del santo patrono de los cruces peatonales, los mensajeros y los jinetes, el hombre-dios, Zaldi, el primer general de caballería con ascendencia Tentona del imperio, siendo el primer hombre de Tentonia en ascender al trono de los dioses y convertirse en el patrono de todos los mensajeros del imperio y sus jinetes. En sus manos la estatua cargaba una larga antorcha, que cada noche se prendía para alumbrar el camino de los transeúntes. La estatua de Zaldi mostraba los típicos rasgos que se encontrarían en un hombre de Tentonia, ojos ligeramente rasgados, una complexión musculosa y una nariz ancha y alargada, pero sin ser perfilada, una larga barba con una trenza central y el símbolo del caballo en su pechera.
Leovi se bajó de su montura al pasar en frente de la estatua, hizo una pequeña reverencia en ella, para posteriormente en el cuenco que había en la base de ella, dejó un pequeño bollito envuelto en hojas de maíz, comida típica en la zona central del imperio. Shelemat anotó esto de forma rápida sin que su acompañante le notara, “El arbiskano bajó y junto a una profunda reverencia dejó una ofrenda al hombre-dios”.

-¿Fuiste alguna vez mensajero? Dijo Shelemat, tratando de satisfacer su curiosidad.
-No, nunca he sido mensajero, simplemente estaba mostrando algo de respeto por los grandes. Respondió Leovi sin dirigirle la mirada. -No sé en que crean ustedes los salvajes de Punt, pero la gente de Arbiskar respetamos a nuestros predecesores.
Shelemat quedó pensativo durante unos pocos minutos mientras se adentraban en el camino a medio empedrar, hasta que por fin le dijo
-¿Predecesores? Pero si eres Arbiskano, rendirle a Zaldi, un patrón de los Tentones, no tiene mucho sentido. Dijo el joven con un tono bastante osado.
Leovi se limitó a verlo con una fría mirada. –En lo que crea y a quien le rinda respeto no es tu problema, ¿entendiste pequeño salvaje? Una vez que lleguemos a Aguas verdes iras a hacer tus mierdas lejos de mí, y una vez que el sol empiece a bajar de su cenit nos largamos, ¿te quedó claro?
-Como ordene. Se limitó a decir Shelemat mientras cada vez se acercaban más a los límites de Aguas Verdes.
II
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En las puertas de Aguas verdes se encontraban un grupo de libertos, descendientes de esclavos libres traídos de las regiones más recónditas del imperio, casi todos ellos laetlotlitas y puntienses que una vez que el imperio anexó sus tierras, fueron liberados una pequeña minoría de ellos. Kallu era uno de esos descendientes de antiguos Laetlotitas esclavos, su edad oscilaba a las de un adulto joven y su expresión resaltaba el cansancio de la labor al sol, sus rasgos delataban la condición de ser descendiente de los antiguos esclavos ante la vista de todos, era de estatura media, una piel de color café oscuro, incluso más que los puntienses que se caracterizan por su piel morena, además de un cabello negro igual que sus hermanos de Punt, pero este mucho más duro y reacio, poseía una musculatura fuerte y unas piernas resistentes. Estaba vestido nada más por un taparrabo de color caqui y un pequeño moño de tela que le servía de sombrero y toalla para secarse el sudor, la indumentaria típica de sus ancestros esclavizados, de la cual él no era ajeno, aunque sus ancestros fueron liberados, su posición no distaba mucho de la de un esclavo, trabajaba de alba a ocaso sin descanso, vivía en una pequeña choza de barro a las afueras de Aguas Verdes y tenía que soportar a los mismos amos que sus ancestros soportaron, solo que ahora eran sus jefes, el capataz, el líder de la guardia, el patriarca de Aguas Verdes, todos ellos lo seguían viendo como un simple laetlotlita.

Junto a Kallu habían otros en su misma condición, casi todos de Laetlotli y algún otro de Punt, todos trabajando en la reparación de una de las tantas edificaciones que se encontraban en la entrada del pueblo, poco sabía Kallu de la situación por la cual su pueblo había pasado antes de la conquista de Laetlotli y menos aún, había pensado que tenía una patria a la cual regresar o una rica historia previa al imperio, todo esto era ajeno para él, su realidad era esta, empedrar las calles, reparar los graneros y ayudar a sus “hermanos de obras” a cerrar o abrir los diques en temporada de lluvias, ocasionalmente salía de caza con los guardias del pueblo cuando se le ordenaba y en general, trabajaba para el pueblo, siendo ordenado por los otros.

Sus ancestros fueran alguna vez los que erigieron la gran muralla exterior de Vallumque Aurea, la gran carretera imperial que conecta las 4 puertas interiores a la muralla exterior y a los pueblos del interior de la muralla, y seguramente hayan ayudado en la construcción y remodelación de las capitales de las provincias y de los grandes palacios de los Estrategori, regentes imperiales de las provincias anexadas, que gobiernan junto a las autoridades locales. Kallu por otra parte, la construcción más monumental y trascendente que había ayudado a construir se limitaba a replicar una de las esfinges de cocodrilo que adornaban el camino imperial a causa de la destrucción de una de las originales.

Pero poco de lo que él hacía en vida o lo que sus ancestros hicieron importaba, su patrón, el patriarca de Aguas Verdes, era un hombre que, a pesar del escaso sueldo que le proporcionaba a él y a los demás en su condición, les había concedido a sus familias, décadas atrás, unas pequeñas tierras de cultivo y unas cuantas chozas que servían de hogar para todos ellos. Y más que todo, el poco sueldo que conseguían era el perfecto para todas las noches, poder adquirir uno o dos barriles de aguardiente en la taberna local, dado que la cerveza era mucho más cara, y para el gusto personal de Kallu, sabia ligeramente a estiércol de caballo. Pero sobre todo, su preocupación más poderosa era que no manchara el honor del patriarca de Aguas Verdes, cosa que en verdad, es bastante trivial, Kallu toda su vida vió a esta figura como el protector de su aldea y de su gente, cosa que en parte no era totalmente mentira. Aguas Verdes, como casi todas las ciudades de origen en raza imperial, conservaban la antigua tradición del patriarca, el jefe político-religiosa del pueblo, superado sólo por los Estrategoris de cada región de las provincias, y sobre todo, el emperador mismo, el patriarca entre los patriarcas, en la concepción imperial.

Mezclando la arcilla y el barro con una mezcla de paja y ramas molidas, Kallu observó en el horizonte a 2 viajeros, algo que era poco común en Aguas Verdes en las fechas que circulaban, era el primer día del año, y ningún viajero salía de Vallumque Aurea o transitaba por esos parajes, a menos que fueran de las grandes caravanas comerciales que proveían a la ciudad imperial. Lo curioso eran los viajeros, no parecía que fueran comerciantes, y mientras más se acercaban al pórtico del poblado más raro se le hizo.
-Oye hermano Batu, ¿no vez algo extraño en esos 2 de allí? Dijo Kallu dirigiéndose a otro Laetlotliano que estaba dejando algunos ladrillos de barro a secar al sol.

-Pues realmente sí, ¿es inicio de año no crees? El viejo patriarca fue a la gran ciudad y todo, hermano Kallu no debería estar nadie transitando estos lugares este día.
-y míralos hermano Batu, llevan capas de viaje, pero ese de delante de seguro no es un imperial, ese tamaño debe ser de algún arbiskarense.
-la’verga tienes razón. ¿Crees que sean bandidos? Dijo un poco nervioso Batu.- Sin el patriarca esto podría ponerse feo.

Kallu entonces, un poco indeciso se dirigió corriendo a un pequeño almacén cercano a la entrada del poblado. Allí se encontraban 2 hombres de la milicia de Aguas Verdes, en cuclillas en el suelo, jugando con lo que parecían ser una especie de dados de 10 caras. Los milicianos eran 2 hombres mestizos, comunes en las regiones exteriores de Vallumque Aurea, su piel rojiza denotaba su ascendencia imperial, pero a su vez sus facciones eran similares a los tentones, en general, la mezcla de imperial y tentón conformaba el grueso de la población de las regiones imperiales más sólidas. Tentonia fue la primera nación en ser conquistada por el naciente imperio, y pronto su población quedo fuertemente ligada a la imperial, y a diferencia de las otras naciones que durante los primeros doscientos años se sublevaron una gran cantidad de veces, Tentonia se adaptó de una forma bastante pacífica luego de terminar la guerra, y gracias a esto, además de su infraestructura económica, lograron ganar puestos en las jerarquías imperiales, siendo de las pocas provincias, donde el gobernante inmediatamente debajo del emperador, corresponde a la forma anterior de gobierno, y no siendo un Estrategori imperial o algún capitán el que rige esa provincia. En el caso de Tentonia ese puesto corresponde a los príncipes leñadores, descendientes de los príncipes y monarcas gobernantes de las antiguas ciudades estado tentonas. Famosas por la tala y reforestación del cedro y el pino de hierro, el principal producto de la región de Tentonia.

Pero estos dos milicianos no tenían ni la más mínima relación con las casas de principados de Tentonia, a lo mucho serían descendientes de los primeros tentones que se establecieron aledaños a Vallumque Aurea, campesinos, artesanos y taladores. Kallu interrumpió su juego para avisarles de que 2 personas sospechosas se acercaban al pueblo, y que al parecer uno podría ser arbiskano, debido a su descomunal tamaño.

III
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Entre las funciones del patriarca se encontraba recibir a los extraños que entraban al pueblo y en dado caso, llevarse la guardia miliciana con él, pero este se encontraba en esos momentos en Vallumque Aurea, en alguna de las dependencias imperiales dando cuenta y registro de la producción en Aguas Verdes y otros trámites burocráticos rutinarios al iniciar un nuevo año. Pero en vez del viejo patriarca de Aguas Verdes se encontraba su primogénito, el que a la muerte del padre, sería el siguiente patriarca del poblado, y que por la ausencia de su padre, estaba encargado del poblado hasta que el viejo patriarca volviera en 2 lunas.

Panthisus, era el nombre del primogénito del patriarca. Era un hombre joven, de raza imperial pura, con la piel rojiza y el pelo castaño largo y lacio, tenía una túnica con mangas, largas sandalias y un aro de metal en su frente como símbolo de ser la autoridad del poblado, en sus hombros tenía un cuero de cocodrilo en forma de capa, también parte del atuendo de los patriarcas imperiales. Su cuerpo era robusto y tonificado, el trabajo en el campo había sido su estilo de vida desde su crianza, y sostenía que un buen gobernante era el que sudaba como el resto de su pueblo. Antes de que 2 miembros de la milicia le avisaran de una cierta irregularidad en la entrada del pueblo, se encontraba en la taberna principal, sentado y tomando su jarra de cerveza de media mañana, cosa que acostumbraba hacer en los días de festividad. Ahora en cambio estaba junto a 4 miembros de la milicia en el pórtico de la ciudad.

Leovi y shelemat estaban llegando al pórtico del pequeño poblado, se dieron cuenta rápidamente que había ante ellos un pequeño “comité de bienvenida”, la milicia de Aguas Verdes armados con unas lanzas de punta de bronce, y una armadura de cuero duro, probablemente de ganado de Arbiskar, el tipo de cuero más resistente para las armaduras, y sobresaliendo entre los milicanos estaba Panthisus, el próximo patriarca de Aguas Verdes, y encargado provisional del pueblo.
Panthisus se le acercó a los viajeros seguido por un guardia (casualmente uno de los que hasta hace pocos minutos estaba jugando los dados tranquilamente) y dijo con voz fuerte y clara:

-Extranjeros no sé qué se les incumbe en nuestro humilde pueblo, alabados sean los grandes y su emperador, pero me temo que sin identificación o un salvoconducto me temo que les será prohibido ingresar en el poblado y por mi deber como descendiente de los patriarcas originales, aunque la gente de tu raza es de fiar arbiskano, tu acompañante sin embargo… dirigió una fuerte mirada hacia el joven de Punt que acompañaba al gigante de la sabana. -tu sirviente tendrá que quedarse con el resto de libertos.
Leovi lo miró fijamente, lo analizó de pies a cabeza al chico, apestaba a cerveza de maíz, o al menos no había hecho el mínimo esfuerzo para quitarse el olor al maíz fermentado que era la cerveza de esta parte del imperio. Leovi no pronunció ninguna palabra, solo le entregó un pequeño trozo de lino que estaba envuelto en una tira de seda de color blanco, brillante como una perla, símbolo del emperador mismo.

Ante esto Panthisus se quedó petrificado, esto era algo que superaba sus dos décadas y tanto bebiendo en la taberna y labrando la tierra, ¿un salvoconducto tal vez? ¿Una ordenanza imperial? Los arbiskanos no formaban el grueso de las clases altas imperiales, pero no era raro que alguno lo fuera, ¿tal vez ante él estaba algún Estrategori? Lo pudiera saber, pero no era capaz de leer, como su padre el patriarca, no podía resolver este asunto inmediatamente y tenía que pedir ayuda de la escriba del poblado para poder resolver este pequeño asunto.

-¿Entonces? Dijo Leovi mirándolo otra vez, ahora haciendo un gesto para que le devolviera el trozo de lino. –Vengo de parte del imperio mismo, solo ando de paso, puedes leerlo por ti mismo.
Ante eso el joven heredero de patriarca solo indicó a los 2 forasteros que le siguieran al interior del poblado, dejando sus caballos al cuidado de los mismos 2 milicianos que estaban deseando retomar su juego de dados, pero ahora cuidando de caballos ajenos para su mala suerte.
IV
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El archivo local era un pequeño recinto en forma de cúpula hecho en bloques de adobe cocido, mucho más elaborado que el resto de las edificaciones del poblado, en el centro de la recámara solo se encontraba una gran mesa de piedra que llegaba hasta las rodillas y escribiendo sobre una tablilla de arcilla húmeda estaba la escriba del pueblo. Se llamaba Paltibaal, y no debía tener más de 15 años por su aspecto, se notaba que procedía de la región más remota de Tentonia occidental, su cuerpo era más robusto y pequeño que el resto de mestizos, y por el color de su piel, más amarillento que rojizo se notaba que era de ascendencia pura, o al menos mucho menos ligada que el resto de imperiales de la región de Vallumque Aurea.

El joven primogénito del patriarca de Aguas Verdes hizo pasar al arbiskano y al puntiense a la sala donde la escriba se encontraba, esta al ver a Shelemat se sorprendió y este al darse cuenta de ella se sobresaltó de igual manera.
-¡Escriba de 2do orden! Es un honor tener su presencia aquí. Dijo nerviosa la chica. -Realmente no esperaba la presencia de alguien de tanta importancia.

En eso Panthisus miró al gigante de arbiskar y le dio una gran reverencia. –Así que es usted alguien importante arbiskano, disculpe mi falta de respeto. Aun así Paltibaal lee el salvoconducto ante mí.
La chica un poco confundida miró al joven imperial que en unos años sería el líder del poblado y le dijo con un tono de voz casi apagado. –Disculpe mi señor, pero es aquel chico puntiense, él es el escriba de 2do orden, Shelemat de Punt… disculpe mi señor, no hablaré de nuevo sin permiso.

Panthisus atónito miró al chico moreno y luego al arbiskano sin saber que decir.
-En efecto es así, mi nombre es Leovi, vengo de parte del emperador mismo para escoltar a este… chico hasta las provincias exteriores, andamos de paso, como se lo mencioné antes.
-¿Un puntiense siendo un escriba de alto rango? que los grandes nos perdonen, ¿Paltibaal el salvoconducto es real? ¿O es una broma como este escriba?
-Es real mi señor, tiene el sello imperial y la caligrafía es del mismísimo gran escriba. Le aseguro su legitimidad.
-Me parece correcto, los dejo entonces, Oh escriba, y a usted noble de arbiskar, Aguas verdes está a su servicio, en la taberna se les dará hospedaje mas no le aseguro al puntiense, por más cargo que tenga, que pueda encontrar lecho sobre el cual reposar, si me disculpan me tengo que retirar, que los grandes se apiaden. Y con eso se retiró el joven heredero del pueblo de Aguas Verdes.
V
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-Así que el gran escriba se deshizo de ti shelemat, era de esperar de aquel viejo, seguro tenía celos que alguien de Punt ascendiera más rápido en la escala que uno de sus chicos “especiales”, maldito viejo degenerado, aun lo odio. Dijo aquella chica Tentona a la luz de una pequeña lámpara de aceite.

-Realmente no sé si fue por eso, pero lo que es cierto que independientemente Cathegus se ha deshecho de mí, y ahora me acompaña este arbiskano que me desprecia tanto como tu señor Palti. Dio un profundo suspiro. –Igual me sorprendí de verte aquí, pensaba que desde que el viejo de Cathegus te trasladara luego de tu instrucción inicial serías llevada a alguna capital, eras bastante buena en el arte del escriba, no pensaba que estuvieras en… bueno este sitio. Dijo con una risa algo forzada.
-No es tan simple Shelemat, fue un milagro que se me dejara estudiar en el gran archivo para ser escriba, solo por ser perteneciente a una de las familias más antiguas de Zurahitz, si no fuera por eso no hubieran aceptado a una chica y menos tan joven para ser escriba.
-Lo sé, pero de todos modos es un desperdicio que calleras en este pueblo… Al menos este archivo es bonito… algo. Dijo mientras veía uno que otro friso hecho la bóveda superior de la cúpula que mostraba algunas escenas de caza de hipopótamos, actividad común en el área interior de la primera muralla de Vallumque Aurea.
-Siéndote sincera… odio este sitio, tengo buen sitio de trabajo y tengo una pequeña casucha cerca de la casa del patriarca, pero… me siento tan inútil Shelemat, estoy atrapada aquí, tengo años sin ver a mis padres, pero como el gran escriba me mandó directamente hasta aquí no puedo trasladarme, vine a morir aquí, trabajar y servir para el imperio, y morir por él. Dijo con un tono melancólico, para pronto pasar a decirlo riéndose de angustia. –al menos tú tienes libertad de recorrer el imperio a placer, y acompañado por un veterano de guerra, no te pasará nada y andas bajo la custodia de una muralla de carne, todo bajo las órdenes del emperador, alabados sean los grandes Shelemat. Ojalá fuera hombre y haber terminado mis estudios en el gran archivo, no tendría que estar en este pueblo de mierda.

Un silencio incomodo se cruzó entre ambos, sabían que la conversación no podía dar para más, lo que decía era cierto, y era una locura pensar que una mujer alcanzara puestos más sobresalientes en las altas jerarquías de Vallumque Aure… al igual que alguien de Punt, ambos de cierta manera eran personas que era mejor deshacerse de ellas antes de que pudieran subir más en rango, aunque el solo pensar que personas como ellos, una mujer y alguien que provenía de las regiones más “bárbaras” para un imperial común, fueran personas importantes que tomaran decisiones para el imperio, o solo participaran en la actividad social de manera preminente, era simplemente herejía y una idea descabellada para el imperial común.

-Me alegra ver que al menos sigas viva Palti. Dijo por fin Shelemat, con un tono casi quebradizo.
-Eso creo… mejor vamos a la taberna, allí debe estar tu guardaespaldas, mejor vamos con él y así comes algo, de seguro llevas todo el día comiendo esa porquería que siempre comes. Dijo riéndose tratando de cambiar el ambiente.
-¿Te refieres a las galletas de lentejas? Realmente no son tan malas, supongo que la alta cocina de Laetlotil no es para cualquiera. Dijo de la forma más irónica que pudo encontrar.

Al llegar a la taberna se encontraba Leovi tomando una jarra de cerveza de maíz, en su mesa, se veía claramente que había estado comiendo, sobras de cerdo y pan estaban desperdigadas por la mesa como si una bandada de buitres hubiera pasado por allí. Aparte de Leovi se encontraban algunos milicianos reunidos en una mesa jugando a los dados, curiosamente los 2 guardias que habían estado jugando a los dados en vez de estar haciendo guardia no se encontraban allí, pero los otros 2 guardias que se encontraron en las puertas con los extraños visitantes si estaban y parecía que estaban pasando por una buena racha, dado que se veía que su saquito con lentejas estaba más lleno que el resto de sus contrincantes.

Shelemat se sentó junto a Paltibaal en una mesa aparte, no quería molestar a Leovi lo menos posible. El tabernero era una persona que parecía un mestizo de arbiskarense e imperial, una de las combinaciones más extrañas de todo el imperio. Arbiskar es un pueblo orgulloso y con una estructura clánica ferrería, que no permite la mezcla con otros pueblos, pero al parecer en esta zona del imperio esto se había diluido luego de 400 años. Cuando se dio cuenta de los 2 nuevos clientes se acercó a la pareja y con un tono severo dijo:

-Paltibaal, sabes las reglas, los libertos no deben entrar en la taberna, ha sido así siempre y así seguirá siendo, si no se va tendré que echarte.
-El viene conmigo. Dijo Leovi desde su mesa. –Ya te dije quién soy, y si el viene conmigo se queda aquí, ve y sírvele algo tabernero.
El tabernero estaba a punto de refutar, pero se pausó antes de calumniar ante el gigante de Arbiskar. –Por los grandes, lo que usted diga Carnero.
Leovi se pasó a la mesa donde ambos estaban sentados y se trajo su jarra de cerveza con él. –¿Bonito ser un marginado no crees? Espero que te acostumbres, en Arbiskar será mucho peor puntiense.
-No necesitabas ayudarnos si es así Arbiskano. Dijo Shelemat con tono cortante.- No necesito tu compasión, pero gracias de todos modos.
-Entonces, mañana salimos al amanecer, espero que no te tardes tanto esta vez puntiense, me sacaste de quicio hoy, espero que no se repita.
La comida llegó y los 3 comieron en silencio, Era un surtido de carnes saladas de cerdo y una especie de embutidos de tripas y especias, platos típicamente imperiales, amantes del cerdo y sus beneficios.
-Bueno, creo que los voy dejando mañana toca cabalgar bastante, espero que lleguemos a la muralla exterior al anochecer chico, al alba en las caballerizas. Le miró con una expresión menos dura esta vez. –Hasta luego señorita, no se divierta mucho con el chico que toca madrugar mañana. Y así Leovi se fue con una carcajada a la parte trasera de la taberna donde se encontraban los catres y algunas camas de paja para los viajeros.

Les dije me odio mucho :komano:
Also mucho SJW al final del cap i know
en teoria aqui hay 9950 palabras very impresive 4me :sekihah:
Now, I am unsatiable. I'm unerasable. I'm Jagganath Now, I'm indestructible. Endlessly beautiful. State of the art.
[+] spoiler
Rol
Amelia E. Jermyn
viewtopic.php?f=18&t=12

Philip "Phil" Gunnman
viewtopic.php?f=18&t=13

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