(no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 8)

Demuestra tu talento literario y se el próximo que derribe a Agatha Christie creando una nueva crónica histórica. Aquí los trabajos escritos serán grabados y estarán disponibles para todas las generaciones.

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Gilgamesh
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(no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 8)

Mensaje por Gilgamesh » Vie Nov 03, 2017 4:56 am

Hell-o, que onda y que bien me siento andar por aquí (again) con una historia que se me ocurrió cuando... cuando ehm... bah, se me olvidó. Volviendo al tema, no sé si es porque estoy saturado de tanta historia de horror o así que sentí ganas de hacer algo más clásico, de la vieja escuela, y supongo que la idea fluyó y eso, esto es un simple prólogo, pero ya el primer cap lo tendré mañana de hecho, así que...
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Prólogo


Los humanos en una última y desesperada ofensiva, lanzaron el mayor y más poderoso de sus ataques en contra de la Necrópolis, aquella gigantesca estructura kilométrica donde los Mayores reyes demonios del mundo y su Emperador, aguardaban.

Una guerra que llevaba ya más de 200 años, los humanos habían ido perdiendo poco a poco su terreno y estaban siendo presionados como nunca en su historia, los demonios y criaturas monstruosas les estaban llevando al borde de la completa aniquilación. Hasta el nacimiento de los Pulsar.

Fue el término acuñado a objetos encantados caídos del cielo, aquellos que lo tomaban ganaban habilidades más allá de la comprensión humana así como una nueva esperanza para toda una nación, con sus fuerzas renovadas confiaron en que los Pulsar serían aquello que inclinaría la balanza a su favor, pero no fue todo tan bien como hubiesen querido.

A pesar de todo, muchos humanos acababan consumidos por el abrumador poder de los objetos y morían al no saber usarlos correctamente, a causa de ello no fueron capaces de manejarlos y usarlos apropiadamente, no solo muriendo en batalla, sino que sus propios enemigos empezaron a usarlos en su contra una vez los tomaban, quedando todo en un futuro tan negro como lo era en un principio.

Sin embargo, la llegada de cuatro héroes brindó una nueva esperanza, usando los Pulsares más poderosos combatieron a los demonios y comandaron a las legiones humanas hacia la Necrópolis, donde los cuatro héroes enfrentaron a su emperador y sus siete reyes, el mayor de los males para la humanidad.

No se sabe que pasó ese día, no se sabe a ciencia cierta nada más allá de lo que los libros contaban, pero lo cierto es que tanto el emperador de los demonios como los cuatro héroes desaparecieron sin dejar rastros, los demonios y monstruos se retiraron mientras que los humanos regresaron a sus tierras y festejaron. Un período de paz y renacimiento había comenzado.

Ahora, el 15 de Septiembre de 1094, en la ciudad de Stonegold, todos se preparaban para conmemorar los 50 años del día en que los héroes se sacrificaron para detener a los demonios que casi habían acabado con la humanidad.


Y ya, como dije, el clásico bien contra el mal, los héroes de turno, los villanos de turno, el malo maloso de turno y blaquitibla, aunque sí, un enfoque quizás algo distinto a lo usual (o tal vez no y ni me haya enterado), pero aquí estamos y a ver como sale. Nos vemos luego!
Última edición por Gilgamesh el Jue Abr 19, 2018 6:32 am, editado 8 veces en total.

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Re: El Legado de un Emperador (Prólogo)

Mensaje por Gilgamesh » Vie Nov 03, 2017 2:04 pm

"Colocando el primer capítulo y escabulléndose silenciosamente"
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Capítulo 1 – Contratada


StoneGold se levantaba de júbilo por un día tan especial y aclamado, cincuenta años cumplidos tras la caída del emperador demoníaco era más que motivo suficiente para celebrar esa fecha donde los cuatro héroes dieron fin a una era oscura para la humanidad, habían pancartas, globos y demás parafernalias para celebrar, incluso una representación teatral en el centro de la ciudad para recrear la forma en cómo ellos consideraban fue la pelea final.

Entre las celebraciones y algarabías, había un restaurante que se estaba preparando para recibir a sus clientes en júbilo.

- ¿Y qué oferta daremos hoy, Roger?

- El primer pedido es gratis y el resto a 50% de descuento.

- ¿En serio? Esto se va a atiborrar.

- Por algo me aseguré de tener suficiente inventario


Marcus Roger, dueño de un restaurante de una zona céntrica y concurrida de la ciudad Stonegold, un hombre bastante tranquilo aunque con un semblante engañosamente frío. Alto, ojos marrones, de cabellera negra y soliendo vestir de forma sencilla limitándose a una camisa y pantalones con sandalias era considerado uno de los mejores cocineros así como dueño de uno de los restaurantes más famosos de la ciudad gracias tanto a las ofertas que solía dar en días festivos como a su compañera de trabajo.

Inari Bloodlust, considerada la segunda al mando del restaurante gozaba de una figura que era la envidia de cuanta mujer la observara, aunque baja comparada al promedio y de un aspecto facial más de adolescente que de adulta, sus curvas, escote y forma elegante de caminar cautivaba el corazón de cuanto hombre la mirase. Su larga y lisa cabellera de blanco puro y sus ojos dorados eran ya de por sí una rareza que solo acentuaba su belleza, teniendo además una personalidad bondadosa y gentil acompañada por una suave voz. Era, para cierto disgusto de Marcus, una de las razones principales por las que su local era tan famoso (de mano de hombres principalmente).

- ¿Coloco eso como promoción en el letrero entonces? Espero que no te arrepientas.

- ¿Piensas que acabaré arruinado?

- No, pero sí estresado.

El principal problema del restaurante “Culinaris Shock” era la cantidad apabullante de gente que asistía cuando eran días festivos, gracias a las grandes ofertas que hacían en estas fechas y a la gran calidad de su comida, no era raro que trabajaran literalmente hasta la media noche. Incluso una vez llegar a trabajar por casi 24 horas seguidas, provocando que el local cerrara un par de días por agotamiento, simple y llanamente. Marcus acabó con la cabeza metida en un cubo de agua fría por horas producto de un gran dolor de cabeza.

- Si eso sucede, tú te encargas –aunque lo hizo en broma, a Inari no le cayó bien del todo.

- Claro, ¿Quién mejor que yo para soportar las metidas de pata que provocas? –le miró con el ceño fruncido, provocándole un suspiro resignado.

- Bien, bien, Colocaremos que el horario de trabajo es hasta las diez de la noche, una vez llegue esa hora no se reciben a más personas, ¿te parece bien?

- Estupendo –comentó con cierto sarcasmo.

- Pero haré un segundo letrero con ello entonces.



Inari calmadamente fue a colocar el letrero en la entrada del local que conectaba a una de las calles principales por donde carretas y personas pasaban, incluso siendo las siete de la mañana estaba todo más animado, obviamente por el día en el que se encontraban.


- Con esto bastará –dijo para sí misma la co-dueña del restaurante, posicionando un gran letrero blanco con la promoción al lado de la puerta de modo que no obstruya la entrada ni salida de las personas, pero fue solo voltear y darse cuenta de que ya habían al menos diez personas en fila tras suya–. Bienvenidos sean, Culinarius Shock abre sus puertas el día de hoy –se inclinó respetuosamente en reverencia.


Inari tuvo que hacer esfuerzos para abrir la puerta y alejarse para no ser arrastrada por las personas que entraron.

Como efecto dominó más y más personas entraban al local, en cuestión de minutos más de la mitad de las mesas se encontraban ocupadas y tanto Marcus como Inari trabajaban a todo lo que daban para atender lo más rápido y preciso posible, al menos debían agradecer que la cantidad de personas el día de hoy, al menos durante esa hora, no era tan grande como esperaban, usualmente todo se llenaba y acababan atiborrados.

Ya sea por preparativos de ese día o porque estaban ocupados en otros asuntos, ambos agradecían la “poca” gente que había, pudieron atenderlos relativamente rápido sin más complicaciones, más allá de los silbidos de algunos hombres cuando veían a Inari y los golpes/gritos de las mujeres para con sus maridos/novios.


- Oye, no fue un mal inicio el de hoy –comentó Marcus quien se encontraba en la cocina un poco tras el mostrador cuando vio a Inari entrar.

- Solo es el inicio del día, ya verás por la noche –le respondió con tono cansado.

- ¿Y dónde diablos se supone que está ese crío?

- ¿Evan? ¿Ya olvidaste que le diste el día libre?

Evan Stain, un muchacho en sus quince que había solicitado un puesto para trabajar como ayudante en el restaurante, fue aceptado y puesto bajo la tutela de Inari para servir correctamente a los clientes, aunque torpe y descuidado al principio, con el tiempo logró volverse alguien competente.

Pero aun así había días en que no era suficiente.


Para el medio día, la cantidad de personas en el establecimiento había llenado todas las mesas y hasta había una cola afuera que se mantenía en espera, Inari estaba empezando a la fatiga de ir moviéndose y atendiendo a tantas personas, llegado a un punto, se cansó y decidió probar uno de sus tan curiosos hechizos para ayudarla en esta ocasión, tal y como en cualquier día con exceso de trabajo. Levantando su mano derecha y apuntando al cielo con su dedo índice, exclamó en voz baja.

- “Whisperer shadow”

Tal como terminó de decir el encantamiento pequeñas criaturas brillantes y traslúcidas se formaron alrededor de ella las cuales comenzaron a cargar con los distintos platos que ya estaban listos y entregándolos a sus respectivas mesas, la gente gustaba de cuando la mesera invocaba tales criaturas, pues además de tener un aspecto encantador, Inari realizaba una especie de baile mientras lo utilizaba, aunque esto no era más que una fachada.

Incluso más y más clientes llegaron, los festejos y atracciones principales iniciarían a partir de las 9:00 y apenas eran las 5:00, Inari ya tenía inconvenientes para mantener a sus Whisperer activos por tanto tiempo, notándose cuando estos comenzaban a trabajar más despacio a medida que el tiempo progresaba.

Aunque curiosamente, una clienta lo notó y se acercó sin que ella se diera cuenta, realizó un cántico e Inari recuperó sus fuerzas, extrañada se miró a sí misma y a varias direcciones, topándose con una joven muchacha de largo pelo rubio y ojos verdes con traje blanco y un adorno de flor blanco en su pelo.

- ¿Hola? –le saludó algo dudosa, la joven solo le sonreía.

- ¿Te sientes mejor, verdad? –preguntó, descolocándola.

- ¿Fuiste tú la causa de esto? –ante la pregunta, la muchacha asintió.

- Soy una maga restauradora, mi especialidad es llenar de vida, esto fue un hechizo de restauración de resistencia –dijo con actitud alegre y campante.

Aunque tomada fuera de lugar, agradeció la ayuda de tan peculiar jovencita, siguió atendiendo a las personas con sus whispers, aunque ya no danzaba, en su lugar tuvo una pequeña idea.

- ¿Cómo te llamas?

- Destina, Istiore Destina, un placer señorita Inari –se presentó alegre. Ella bien conocía a los dos personajes del local, algo común dada su notoria fama.

- Bueno Destina, me gustaría que también ayudaras al cocinero, si no es mucha molestia.

- ¿Pero no se molestará si entro allá? –claro que le encantaba, pero no quería recibir un grito de “largo de aquí”, había escuchado un par de momentos en que el cocinero Marcus se salía de sus casillas.

- Dile que te mando yo, solo eso necesitas –le guiñó el ojo.


Mirando hacia la dirección del a cocina notó a Marcus salir con un par de platos y decir un par de frases para luego regresar de inmediato al interior, armándose de valor le siguió rezando para que no le regañe, o bueno, que al menos no la regañase tan fuerte.

- Este no es lugar para los clientes, pequeña.

Ni tan siquiera se había terminado de asomar cuando de alguna manera el hombre ya sabía de su presencia.

- Ah… Es que… pues…

- ¿A qué viniste? –Marcus ni la miraba, no porque la despreciase o estuviese de mal humor, es que literalmente estaba tratando con cuatro hornos más los preparativos de cada plato.

- S-solo vine a ayudar, es todo.

- ¿Ah?


Destina, más movida por el nerviosismo que por otra cosa, realizó el mismo cántico llenando de vitalidad a Marcus quien por un momento frenó sus actividades para mirar asombrado a la joven rubia.

- ¿Qué hiciste?

- Soy maga, mi especialidad es llenar de vida –explicó.

- Vida eh…

Marcus la observó por un momento con rostro imperturbable, lo que la hizo sentir incómoda por un momento.

- Dices que vienes a ayudar.

- Así es señor…

- Entonces…


Tomó dos de los platos sobre la larga mesa frente a la cocina y se los dio a Destina, quien le miró extrañado.

- Llévalas al mostrador y di esto “pedidos de la mesa ocho y doce listos” –ordenó.

- ¿Eh? Pero yo…

- Menos charla y más movimiento –dijo al tiempo de que le daba la vuelta y le daba pequeños empujes para que se moviera.


Y así durante casi una hora, Destina estuvo transportando los platos de comida desde la cocina hasta el mostrador logrando que Marcus tuviera más tiempo para atender la cocina, y cuando finalmente se permitieron el lujo de descansar un momento, Marcus llamó a la joven para hablar con más calma.

No es que la intentara intimidar, pero su semblante rígido daba la impresión de estar enojado, cosa que Destina creía en su mente por lo que se negaba a mirarle directamente.

- Debo decir que nos has ayudado a aliviar el trabajo de hoy, jovencita –le agradeció.

- Ah… gracias…

- Me llamo Marcus Roger y soy el dueño de este local, y tu nombre es…

- Ah… ¡Istiore D-Destina!

Marcus notaba el claro nerviosismo de la muchacha, por lo que la tomó de los hombros y con un tono más suave, prosiguió.

- Bien Destina, no tienes que estar tan tensa, no estoy enojado ni nada, a decir verdad tengo una cara de cemento que ni yo mismo me tolero –su comentario la hizo reír un poco, pese a que esta intentó aguantarse.

- Perdone, es solo que sería lógico si usted se enojara porque un desconocido irrumpió en su cocina sin siquiera decir nada.

- No te falta razón, pero al menos no es mi caso.


Se alejó de ella ahora que se encontraba más calmada.

- Bueno, ahora puedes decirme la verdadera razón por la que decidiste hacer todo esto.

- ¿Eh? –la rubia le miró extrañada.

- Aunque tu intención fue noble, dudo que solo hayas decidido venir aquí para hacer únicamente eso, ¿hay algo que me quieras contar al respecto?


Istiore sintió su cara enrojecerse al notarse descubierta.

- Bueno… En realidad sí hay algo…

- ¿Y eso es?

- Me gustaría saber si… aún tiene un… un, ¿vacante para nuevo empleado?



El hombre enarcó una ceja, observando a la joven que había inclinado su cuerpo hacia adelante en una petición silenciosa. Era verdad que había solicitado un ayudante pero eso fue hace casi dos meses, quizás seguía pensando que todavía estaba disponible o algo así. Sin embargo la idea de un nuevo ayudante no le vendría tan mal, especialmente de alguien que se tomó todas estas molestias para ser tomada en cuenta.

- No recuerdo haber colocado una notificación solicitando un nuevo empleado últimamente –Destina se tensó, imaginando que sería rechazada– Pero me gustó tu desempeño, supongo que podría ponerte a prueba.

- ¿Eso es un sí? –dijo levantando su rostro con mirada soñadora.

- Hay trabajo que hacer –dijo al ver un whisperer acercarse e informarle sobre nuevos pedidos– Hoy estaremos hasta la noche, espero que tengas buen aguante.

- ¡Claro jefe!

Marcus no pudo evitar soltar una leve risa por ser llamado de tal forma, al pasar el día y mientras los clientes y pedidos volaban miraba a la joven entusiasta realizando su temporal labor de transporte, no estaba seguro de si su petición era a causa de la necesidad de un ingreso extra o algo más, pero ya le preguntaría en otro momento.

Imaginó, además, que Evan no se iba a mostrar indiferente cuando conociera a su tan linda “nueva compañera de trabajo”.



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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 1)

Mensaje por Gilgamesh » Mar Nov 14, 2017 4:26 am

Y después de ... 11 días? nuevo cap...


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Capítulo 2 – Carta
Finalmente tras un día agitado Marcus declaró el cierre del restaurante a las diez en punto tal y como había establecido, pese a las quejas de las personas que aún no habían sido atendidas estas no tuvieron más remedio que irse ante la férrea postura del dueño.

- Creo que ya podemos tomarnos un descanso…

- Por favor… lo necesito…

Inari y Marcus se encontraban sentados y estirados en las sillas del restaurante mientras se abanicaban con las manos, Destina al ser la menos afectada los socorría con un poco de magia de frío para relajarles, denegó de seguir usando magia de restauración en ellos dado que no era en absoluto recomendable sobrecargar el cuerpo por tanto tiempo.

- ¿Esto sucede siempre que hay días festivos? –preguntó la rubia moviendo sus manos para generar una suave ventisca en sus superiores.

- No, usualmente es peor –respondió Marcus con desgana.

Curiosamente la puerta del local se abrió provocando un suspiro de enojo en Marcus quien estaba listo para ponerle las cosas claras al cliente que estuviese en la entrada, pero para su sorpresa (y agrado) acabó topándose con una cara conocida.

Evan Stain lucía un traje de gala de colores predominantemente negro sobre una camisa blanca, corbata bien ajustada y cabello perfectamente peinado, sin embargo en su rostro lo único que había era enfado y frustración.

- Te ves encantador Evan –le elogió Inari.

- Gracias –dijo seco mientras se alborotaba el pelo casi con desesperación.

- Sé que hay que vestirse bien pero, es un festival, no hay que ser tan formal, digo yo –comentó Marcus.

- ¡Díselo a mis viejos! –gritó enojado sentándose en la primera silla disponible que vio, aún sin percatarse de la presencia de Destina al no estar mirando nada en particular.

- ¿Cena familiar?

- Con todo Cristo cubriendo cada rincón de la casa, no me molestaría de no ser porque a último momento se les ocurrió que debía llevar estas… cosas… –miró con repulsión su propia vestimenta.

- En mi opinión, luces bastante bien, no creo que sea tan malo si solo es por un día, ¿no lo crees? –comentó Destina.

Evan buscó con la mirada la dueña de aquella voz, encontrándose con los ojos esmeraldas de la rubia observándole.

El color rojo invadió la cara de Evan quien rezaba que la tierra se lo comiera.

- ¿Sucede algo? –le preguntó curiosa.

- …N-nada en especial, ¿por qué?

- Te pusiste rojo de repente.

Marcus ya se había imaginado una escena así, sintiendo que debía poner las cosas claras desde el inicio, se levantó e hizo además a la joven rubia de que le siguiera, quedando frente a Evan quien parecía querer matar al cocinero con la mirada.

- Permíteme presentarla, ella será desde ahora tu nueva compañera en el trabajo –informó, para deleite/horror/fascinación del muchacho.

- Me llamo Istiore Destina, encantada de conocerte –extendió su mano en señal de saludo.

Evan por un momento fue incapaz de reaccionar y solo podía quedar embobado por la belleza de aquella jovencita que le extendía la mano, pero no fue hasta que sintió la patada no tan discreta de Marcus en su rodilla que reaccionó y correspondió el saludo de la rubia.

- Evan Stain, es un gusto –dijo de forma acelerada aguantando soltar una mueca de dolor. Ella soltó una leve risa.

- Demos lo mejor, ¿está bien?

- Claro.


Inari quien también se había acercado notó que Evan no soltaba la mano de la joven, por lo que decidió aprovechar para molestarlo.

- Pequeño Evan, ¿tanto te gusta la sensación de su mano que no la sueltas?

Como un click, el pelinegro deshizo el agarre y mantuvo un aspecto impasible.

- No te lo pondré fácil –le dijo de forma retadora.

- Ohh, que temerario, me pregunto si podrás –le sonrió maliciosa, pensando en lo que disfrutaría de molestarlo.

- No quiero tonterías en el restaurante –interrumpió Marcus con voz tajante–. Destina, el horario es desde las ocho de la mañana a tres de la tarde, nosotros trabajamos desde las ocho hasta las doce, por lo que si asistes a estas horas se te dará una paga adicional, deberás saber que estas horas son algo totalmente opcional y está a tu criterio si quieres aplicarlas o no.

- Comprendo, no tengo inconvenientes con el horario –aclaró la joven.

- Bien –Marcus se estiró para relajar tensiones– Supongo que ahora podemos darnos un tiempo para nosotros.

- Ciertamente, ya quiero ver los eventos –secundó Inari– Supongo que ya tienen planes ¿Cierto? –preguntó mirando a Evan y Destina.

- Yo tengo que volver con la familia, si digo que les ayudé tal vez no me crucifiquen.

- Que exagerado –comentó Destina con gracia.



Dicho eso, Marcus e Inari cerraron el local y salieron rumbo al centro de la ciudad donde a pesar de ser de noche cada rincón posible estaba lleno de vida, puestos de comida, recuerdos, ropas, inclusive réplicas de los Pulsars, todo entre una gran algarabía que a veces no permitía a alguien escuchar su propia voz.

Por otro lado, ambos jóvenes caminaron rumbo a sus respectivos hogares para celebrar junto a sus familias, en el caso de Evan al encontrarse a tan solo cinco manzanas de distancias en línea recta de su lugar de trabajo no tenía tanto problemas en “escaparse” en situaciones de emergencia.

- ¿Vives por aquí, Destina?

- De hecho –levantó su brazo derecho y señaló hacia adelante– Vivo más o menos a medio kilómetro de distancia desde aquí.

- Vaya, entonces tienes suerte de tener el trabajo tan cerca –en cierto modo, lamentó no haber iniciado la conversación anteriormente.

- Fue pura suerte, el dinero nos vendría bien mientras nos terminamos de asentar.

- Comprendo.


Evan finalmente llegó a su hogar despidiéndose de Destina y deseando que la pase bien con su familia, el joven ingresó a su hogar ya preparado para cualquier reprimenda, en ese momento cayó en cuenta de que había un detalle.

- … Olvidé el traje en el restaurante…

Sí, definitivamente iba a morir ese día.
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Entre tanto, Inari y Marcus habían llegado a la gran plaza central, ubicada justamente en el centro de Stonegold, donde pese a haber puestos de todo tipo e incluso magos enseñando trucos simples a niños, el evento principal residía en una representación teatral del día en que los héroes derrotaron al Emperador demoníaco y salvaron al mundo de una era de oscuridad y desolación.

Su gran fuerte era la utilización de la magia para dar una mayor espectacularidad a la obra y la hacía especialmente popular, dirigida además por Dan Montaine, un hombre con más de treinta años de experiencia en el mundo teatral.

- Parece que la obre va a empezar en breve –comentó Inari.

- Iré por algo de beber mientras tanto –dijo Marcus quien se retiró a un puesto cercano a cumplir su demanda.

- Te esperaré aquí.


Inari notó a un curioso personaje entre el grupo de actores que representarían la obra sobre la gran tarima en la que se encontraban, no podía distinguir si era hombre o mujer al estar cubierto por una capa negra y capucha, incluso su rostro estaba cubierto por una máscara blanca con tres orificios que simulaban los ojos y la boca.

Sin saber el porqué, sintió una extraña incertidumbre por su presencia, no era incómoda precisamente, pero ahí estaba.

Las luces se apagaron de repente, señalando el inicio del evento principal, en la gran tarima estaban cuatro personas con armaduras pesadas y los Pulsars que llevaban los héroes de aquella época; El “Ojo Negro”, un colgante que confería al usuario control de los elementos. La “Lanza de Albion”, una lanza totalmente blanca con una hoja desproporcionadamente grande que según dicen “tiene la fuerza del Sol”. La espada “Hurricane” con el poder de cortar montañas. Y finalmente el collar “Ironheart”, capaz de invocar una armadura impenetrable.

Aunque debía admitir, los “actores” que representaban a los “héroes” no le parecían precisamente fieles, el equipo estereotipado del chico bonachón portando Hurricane, un gigantón puro músculos con la Ironheart, la princesa buenamoza y su lanza de Albion, y un idiota narcisista que no paraba de mirarse a un espejo portátil que traía mostrando el Ojo Negro.

Por otro lado, los demonios eran representados monstruos clásicos de alas y cuernos y gran musculatura, variando en el color de piel, armas, tamaño y poco más, mientras que el emperador era algún tipo de Gigante carnoso y además, poseía cuatro brazos con cuatro espadas…

Definitivamente los demonios declararían una nueva guerra si viesen eso…

- Inari, cuando tu alma ande en el limbo no dejes el cuerpo tirado por ahí .la voz de Marcus la sacó de sus pensamientos.

- ¿Hace cuánto llegaste?

- No mucho, pero por más que te llamaba no respondías –dijo ofreciéndole una bebida que había traído extra, cosa que la mujer agradeció– Y bien, ¿Qué te hizo viajar por las nubes, acaso fue el distinguido panel de estrellas de la obra?


Inari no pudo evitar soltar una carcajada.

- Si, su espectacularidad me dejó anonadada –y hasta cierto punto, era técnicamente cierto.

- Pese a lo ridículo del elenco de los héroes, debes admitir que su vestimenta y las réplicas de los Pulsars son bastante decentes.

- Sí, al menos compensan un poco eso. Por otro lado…

Observaba a aquellos que representaban a los demonios, la mujer de blanca cabellera no podía entender cómo es que esos seres podían estar ahí, a no ser que se tratara de una sofisticada magia nueva.

- No están vivos, pero tienen magia –comentó.

- ¿Serán obra de algún titiritero? –cuestionó Marcus.

- Pues debe ser uno excepcional tomando en cuenta la carencia de hilos o de alguna resonancia mágica que los conecte –hasta donde sabía, el arte de manipulación de muñecos no estaba muy desarrollada, principalmente por lo poco práctica que era a veces si no se tenía un gran conocimiento y poder nato.

Fueron en esos momentos en los que divagaban sobre tal asunto que cierta persona se les acercó acompañada de alguien más.
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- Hola se nuevo señor Marcus, señorita Inari –saludo Destina luciendo un vestido verde de bordes blancos que combinaba con sus ojos y llegaba poco más arriba de la altura de sus rodillas, venía acompañada de otra joven más alta que ella, de cabello rubio más claro y facciones similares. Vestía una camisa blanca y una falda negra larga

- Oh, hola querida, es bueno verte por aquí –correspondió Inari.

- Andaba contemplando las tiendas y les vi de reojo, por cierto, ella es mi hermana –dijo refiriéndose a la persona que le acompañaba.

- Un placer, me llamo Rebeca Istiore –saludo con tono cortés.

- Marcus Roger, un gusto.

- Inari Bloodlust, igualmente.

Aunque el ambiente daba para una conversación más amena, el sonido de trompetas y bombos provenientes de los alrededores de la tarima así como un oscurecimiento de los alrededores indicaron el inicio del mayor evento de esa noche.

- ¡Damas y caballeros! –habló con fuerza Dan Montaine– Ahora me complace en anunciar el inicio de la recreación de la legendaria batalla en que los héroes, quienes en nombre de los druidas, los dragones y la humanidad dieron sus vidas para derrotar a los demonios que buscaban llevar al mundo a una era de eterna oscuridad, devastando nuestras tierras y corrompiendo a todos los seres vivos, inclusive nuestros hermanos contra quienes nos vimos forzados a luchar para lograr la paz que hoy día podemos disfrutar y en donde seguiremos trabajando para que las futuras generaciones no tengan que sufrir por las mismas calamidades que pasaron nuestros padres y abuelos durante aquellos oscuros años. Sin más que agregar tras esta breve presentación, dejo vía libre a la inicialización de este acto conmemorativo.



Tras eso, el cuarteto contempló con asombro a los cuatro héroes manifestar las habilidades de los Pulsars, el portador del ojo negro formó cinco esferas a su alrededor, cada una representando los elementos fuego, rayo, tierra, agua y viento. el segundo miembro levantó su lanza y esta emitió un gran resplandor que sin embargo no resultaba cegador ni molestaba en absoluto, la gran espada del tercero se imbuyó con un aura rojiza y el cuarto cubrió su cuerpo con una gran y pesada armadura que además podía conferir al usuario una fuerza inmensa.

Así mismo, una barrera invisible se levantó a lo largo de la tarima para evitar dañar al público.

- ¿Pero qué es eso, no se supone que son réplicas? –dijo Inari asombrada.

- De serlo, no son un simple adorno –agregó Marcus entrecerrando su mirada– Aun así, no creo que sean las originales, en su sano juicio nadie dejaría usarlas para una simple obra teatral.

- Entonces, ¿serán los de nueva serie? –se preguntó Rebeca.

- ¿Nueva serie? –cuestionó Inari.

- Dicen que en el reino de Ambrose estaban fabricando réplicas de los Pulsars para formar guerrero especiales que servirían para combatir alguna futura guerra si esta se llegar a presentar, aunque nada de esto está del todo confirmado, solo rumores –explicó Destina.

- Pues aparentemente no parece ser una simple sarta de rumores –razonó Marcus.


Los cuatro héroes combatieron primero contra los seis reyes demonios quienes armados con hachas, tridentes y enormes martillos lucharon con lo “mejor” que tenían, sin embargo fueron rápidamente despachados cuatro de ellos por los héroes y sus objetos.

Uno acabó partido a la midad.
Otro fue incinerado desde dentro.
El tercero acabó con la cabeza aplastada.
Y el cuarto acabó hecho cenizas por un gran despliegue de poder elemental.

La gente estaba anonadada y gritando de júbilo por semejante espectáculo, les resultaba increíble los movimientos y el realismo con el que los demonios caían uno tras otro, recalcando además los breves gritos de agonía que estos lanzaban antes de caer inmóviles al suelo.

- Esto era algo que… no me esperaba… –dijo Marcus con su atención totalmente fijada en el evento.

- Sí… –fue todo lo que Inari alcanzó a decir


Los dos reyes restantes no tardaron en caer al igual que el resto, quedando únicamente el emperador como barrera final para alcanzar la paz, los cuatro se lanzaron sobre el monstruo el cual valiéndose de sus armas se las arregló para bloquear a cada uno de ellos e incluso logró dañar la armadura Ironheart.

La mujer del grupo de acercó para intentar socorrerlo, pero inesperadamente el emperador la atravesó desde la espalda con una de sus espadas y arrojándola a un lado, cayendo inerte al piso.

No solo Marcus y el grupo estaban anonadados, la gente también soltaba gritos de asombro y pánico, algunos incluso pidiendo que ayudasen a la mujer, pero nada de esto detuvo la obra que se llevaba a cabo.

Seguidamente el usuario del ojo negro lanzó llamaradas de fuego contra el gigante quien apenas y parecía recibir daño, pero logró distraerlo para que el héroe del Hurricane le cortara un brazo, cayendo este pesadamente al suelo provocando un grito en el monstruo.

Los héroes del Ojo Negro y Hurricane aprovecharon el momento para atacar a la bestia, pero esta reaccionó a tiempo y bloqueó el ataque de ambos forzándolos a alejarse y evitando varios tajos en el proceso.


- Son muy buenos, lástima que sean tan callados –opinó Marcus.

- Ciertamente… –siguió Inari.


El emperador, exhalando un extraño gruñido, aumentó su masa muscular así como tamaño, tomando por sorpresa al héroe del Ojo Negro que acabó partido en dos de un corte limpio. La heroína de la lanza ya recuperada mostró una cara de miedo cuando presenció la escena al igual que sus compañeros pero estos no tuvieron tiempo de lamentarse pues la criatura cargó contra ellos viéndose forzados a esquivar.

El héroe del Ironheart ahora fungía como el escudo humano mientras los dos héroes restantes se abalanzaban con sus mejores ataques contra el emperador quien a pesar de su aumento de fuerza se vio obligado a retroceder al sentirse abrumado, pero en un descuido por parte de la heroína, el gigante abrió un boca de su pechó y expulsó una gran esfera negruzca que impactó de lleno en ella, cayendo su cuerpo en el suelo y consumiéndose en cuestión de segundos, quedando únicamente la Lanza de Albion.

- Maldito… ¡Maldito Seas! –gritó el héroe de la Hurricane, curiosamente el único diálogo dicho por nadie más allá de alaridos y gritos.

Con marcada furia cargó contra la bestia quien volvió a lanzar más esferas negras pero todas eran evadidas/cortadas, el gigante perdió el equilibrio cuando el héroe del Ironheart tomó una de sus piernas y la levantó, haciendo al gran demonio caer de rodillas. Momento aprovechado para que el héroe de la Hurricane cortara su segundo brazo.

- Es… fantástico –comentaba Destina, absorta tanto como su hermana.

La gran bestia enfurecida empezó a dar embates de manera descontrolada, logrando golpear al héroe de la Hurricane quien fue salvado por el héroe de la Ironheart, aunque este último acabó atravesado a la altura del pecho por una de las espadas del gran demonio.

- Acaba con esto –fue lo que dijo antes de ser lanzado a un lado, inerte como sus compañeros.


Quedando únicamente “él” en pie, se levantó, y con una mirada llena de determinación cargó contra el demonio para acabar de una vez con la carnicería, bloqueando y esquivando, retrocediendo y avanzando, se movió tan rápido como pudo y usando las propias manos de su enemigo como apoyo llegó hasta su cabeza y la rebanó con su Hurricane.

El gran monstruo finalmente cayó derrotado, anunciando el fin de la guerra y el inicio de la paz, una paz que ninguno de los héroes podrían disfrutar, pues el único que quedaba de pie cayó víctima de las heridas de la pelea.

El silencio se mantuvo por casi treinta segundos hasta que las luces volvieron a la normalidad y la barrera se levantó, cuando eso sucedió se escucharon gritos por todas partes, el cuarteto de Marcus y compañía acabó tapándose los oídos producto de tan repentina algarabía.

- Arg… Debo admitir que es algo que no voy a olvidar fácilmente –dijo el cocinero intentando recomponerse.

- Ni mis tímpanos tampoco –se quejó Destina.

- Debo decir que no me esperaba algo tan realista, pese a la poca habla de los participantes –siguió Inari.


En eso, Rebeca notó a un muchacho joven aproximarse hacia ellos, portando una carta en su mano, y curiosamente tenía zonas rojas en la cara.

- ¡Jefes! –gritó, llamando la atención de los tres.

- Oh, Evan que… ¿Qué te pasó en la cara? –habló Inari quien se acercó para inspeccionarlo, estaba algo hinchada.

- Digamos que fue una… pelea de gatos…

- Una en la que perdiste –soltó Marcus con cierta gracia.

- Ya, no te rías de su desgracia –la mujer peli-blanca iluminó sus manos tenuemente de una luz verdosa, la cual ayudó a reducir la hinchazón de la cara del joven– Esto debería bastar.

- Gracias –fue su sencilla pero honesta respuesta.

- Vaya, no sabía que supieses usar magia de curación –preguntó Destina quien tenía planeado hacer exactamente lo mismo.

- Solo este y un par más, pero no es la gran cosa.


En eso, Evan le muestra la carta a Inari quien algo confundido la toma, y nota que va dirigida hacia ella.

- Oh –miró a Evan– ¿Una carta de amor?

- Escucha, ya sé por dónde van los tiros, puedes ahorrarte el resto.

- Ay Pero que rudo…

Entre que Inari abría y leía la carta, Destina se encargó de presentarla su hermana a Evan, mientras Marcus se acercaba a Inari con cierto interés.

- Parece que tienes un admirador secreto.

- ………

- ¿Inari?


La pregunta de su compañero quedó en el aire, la mujer observaba totalmente centrada y con rostro serio las palabras de aquella misteriosa carta, lo cual despertó cierta alarma en Marcus.

- Marcus –le dijo en voz baja.

- ¿Qué sucede?

- Necesito salir un momento –se levantó con lentitud y le encaró con rostro neutro– ¿Podrías…? –miró de reojo a los tres jóvenes un par de metros más allá quienes no parecían haber notado su situación.

- Yo me encargo.
Dicho eso, Inari guardó la carta y se encaminó rumbo a un lugar desconocido, el cual solo sabía ella y que estaba plasmada en las letras dentro de aquella carta.

Aunque no lo pareciera en principio, uno de los tres jóvenes sí que se había percatado de su actitud, pero por uno u otro motivo, se mantuvo ignorante en ese momento.

Listo, hasta dentro de 11 días más? Creo...

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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 2)

Mensaje por Gilgamesh » Lun Dic 04, 2017 5:46 am

Trayendo tercer cap...


[+] spoiler

Capítulo 3 – Blanca.

Marcus regresó con los tres jóvenes que parecían estar discutiendo lo que vieron hace unos momentos sin prestarle mucha atención a su alrededor, hasta que Evan, al notar la llegada de Marcus pero no de Inari, comenzó a tener la duda.

- ¿A dónde se fue Inari?

Ante la pregunta, Destina empezó a mirar a todos lados, comprobando que la mencionada efectivamente no se encontraba, su hermana también la buscó con la mirada, sin éxito.

- Supongo que a atender a ese “admirador secreto” –le respondió con tono relajado.

- ¿No será peligroso para ella ir sola? –preguntó Destina algo preocupada.

- Ella será muchas cosas, pero no es para nada una mujer indefensa –respondió indiferente, aunque casi parecía sentir orgullo.

- La jefa en realidad ha tenido que lidiar muchas veces con que los clientes se quieran propasar con ella, así que de cierta manera “entrenó” en el restaurante –comentó Evan con cierta gracia.

- Oh, eso no parece agradable –dijo Rebeca, Destina opinó igual.

- Bueno, gracias a eso se ha ganada el respeto (y miedo) de los clientes de manos resbalosas –comentó Marcus para la gracia de los jóvenes.


Con esa pequeña charla, volvieron a su pequeña charla anterior, aunque ninguno notó que el rostro de Marcus demarcaba cierta preocupación, era verdad que Inari se podía defender muy bien ella solita, pero la cara que mostró no era la que mostraría ante un pervertido idiota.

Inari había llegado a la entrada de lo que parecía un local de antigüedades, su ubicación no era la mejor pues se encontraba en una zona cerrada y poco transitada, además de que los grandes edificios de frente al local creaban un aire poco atractivo. El letrero de la entrada decía “antigüedades e historias”, algo ambiguo.

Suspirando cansada entró, era un lugar no muy grande, pero surtido de objetos y libros así como lo suficientemente bien colocado todo para no dar sensación de atiborramiento, caminando al frente llegó a l mostrador, donde estaba un hombre ya en sus años limpiando un libro.

Inari viendo al viejo hombre distraído en su trabajo, intentó llamar su atención, pero ni siquiera llegó a abrir la boca del todo cuando fue interrumpida por él.

- Bienvenida, señorita Inari –le dijo centrando su atención en ella.

- … –la mencionada le mostró la carta que recibió, no causando una reacción aparente– ¿Fue usted quien me envió esto? –preguntó con un tono serio, casi frío, no acorde a su personalidad habitual.

- Veo que mi mensajero fue eficiente –comentó tomando la carta y guardándola tras el mostrador.

- ¿Acaso era un tipo totalmente cubierto y una máscara?

- Lo dices como si no lo hubieras recibido personalmente de él…

- Exactamente.

El hombre suspiró con cierta decepción, pero le daba igual, el mensaje había sido entregado.

- Supongo que no necesito explicar el por qué le cité aquí, ¿verdad?

- “Se avecinan tiempos de guerra, si deseas conocer más detalles, ven a esta dirección” –repitió Inari parte del mensaje escrito– Si no tuviera ese nombre al final, lo habría ignorado por completo…

- Me alegra saber que mi nombre, Yarn Necross, sigue siendo importante –comentó de forma un tanto sarcástica.

Inari se sentía impaciente, pero también algo nerviosa, por un lado, la idea de una nueva guerra era un tema serio y delicado, por otro, ¿quién en su sano juicio se atrevería a eso?

- Por favor deme los detalles de lo que ha sucedido –pidió, aunque con tono calmado, se notaba cierta incertidumbre en su temple.

- Se han visto movimientos no autorizados de personal deambulando no solo por los poblados humanos, sino que incluso han realizado movimientos dentro de la zona prohibida.

- La zona prohibida…


La zona prohibida, fiel a su nombre, era un lugar del centro del continente en el cual nadie podía acceder, principalmente porque era una zona donde por algún motivo las leyes naturales no parecían aplicar, zonas con temperaturas extremadamente altas al lado de gélidas, gravedad aumentada varias veces la normal y hasta zonas casi carentes de oxígeno, eran solo unos cuantos fenómenos extraños que allí ocurrían.

- ¿Por qué querrían adentrarse allí en primer lugar?

- No estoy seguro y nadie parece saberlo con certeza, pero varios grupos de avanzada se han movilizado para intentar dar con estos insurgentes. A pesar de que soy consciente de la prontitud al notificarle de esto, consideré igualmente oportuno que alguien de la más alta estirpe conozca estos detalles, y siendo que vive en esta ciudad de humanos, puede que incluso acabe notando a nuestros evasivos “compañeros”.

- ¿Y desde cuándo comenzó todo esto?

- Aproximadamente hace un mes, del cual se han visto seis avistamientos confirmados y otros doce en “posiblemente”.



Inari lo meditó, ciertamente no era nada lo suficientemente concreto como para dictaminar nada, pero ella no veía algo tan grave como para que una guerra surgiera nuevamente.

- Pero al menos algo importante debería haber ocurrido de estos “avistamientos”, de otra forma no estarías diciendo que un conflicto tan grave amenazara con formarse –explicó con bastante razonamiento.

- El primer caso que nos permitió percatarnos de este “grupo”, es a causa del hijo de Belial –la mujer arqueó una ceja, intrigada.

- ¿Y qué hay con él?

- Fue asesinado –aquella noticia cayó en Inari como un balde de agua helada, a pesar de ello mantuvo su semblante imperturbable–. Su muerte no fue más que una mera advertencia, o amenaza si prefiere llamarlo, del mismo modo varios libros y armas encantadas desaparecieron tras esto, escuché de varias muertes de personas importantes en reinos humanos, pero de ellos no puedo dar confirmación real.

- Definitivamente esto no puede quedar impune –espetó con rabia–. Yo misma iré y…

- No tiene que molestarse, Lady Inari –dijo Yarn deteniéndola– Yo soy uno de los que está a cargo de las investigaciones, y aunque suene arrogante puedo asegurarle que no hay mejor persona que yo para este tipo de trabajo.

- Hmph, viniendo de alguien tan distinguido como usted, es algo que no puedo negar.

- Bueno, como un ex-rey Demonio, puedo decir que así es –soltó con cierta gracia– Solo estaré en esta ciudad por hoy, pero mi informante le mantendrá al tanto, de todas formas usted tiene otros asuntos que atender, ¿cierto?


Inari mostró una mueca, esa forma de hablar le daba a entender que sabía exactamente lo que hacía desde hace tiempo, no era lo mejor ni lo que le hubiese gustado en un principio, pero disfrutaba mucho de su trabajo y le tiene cierto cariño tras tanto tiempo invertido. Y el que pueda verse amenazado la inquietaba, especialmente…

- Entonces creo que esto es todo, supongo que será hasta otra ocasión que nos veamos –dijo tras un corto silencio. La mujer de cabellera blanca se dirigió a la salida, pero se detuvo al escuchar las palabras del hombre del mostrador

- mi subordinado, Ram, contactará con usted cuando tenga algo importante que notificar. Que tenga un buen día, Gran zorra blanca –Inari giró su vista hacia él y se le quedó mirando por un tiempo más largo de lo que se consideraría “cómodo”.

- Sabe, los humanos suelen acuñar el término “zorra” de forma despectiva a las mujeres, ¿estará dirigiéndose a mí bajo esa estirpe? –Yarn sonrió.

- Me pregunto, siendo criado bajo una cultura ajena a la humana, poder expresarme de esa manera a usted. E incluso de ser así, debo ser un loco suicida para provocarla de una manera tan obscena.


Inari no dijo nada, solo se limitó a dar la vuelta y salir del establecimiento cerrando la puerta tras de sí, Yarn quedó solo y suspiró cansado, preguntándose por el porvenir del mundo.
.
[+] spoiler


Marcus se encontraba llegando al restaurante luego de una noche un tanto agitada, los tres jóvenes se quedaron en el festival a disfrutar un rato más con sus familias, sin embargo él no era tan adepto a esos eventos por lo que decidió irse temprano pese a las quejas de los chicos, para cuando abrió la puerta del restaurante, notó a Inari llegando con paso calmado.

- Tenías preocupados a nuestros compañeros, ¿puedo preguntar lo sucedido? –le dijo ya con la puerta abierta.

- Bueno, supongo que podríamos hablarlo después, me siento algo cansada –dijo pasando de largo, pero Marcus puso una mano en su hombro impidiendo su avance, haciendo que esta le mirara confundida.

- Procura recordar que no estás sola, yo siempre estaré a tu lado para apoyarte sin importar las circunstancias –Inari sonrió con dulzura ante sus palabras.

- ¿Qué es esto? Te has vuelto más sensible de repente.

- Cuando no hay nadie cerca, tampoco soy una roca, Inari –soltó irónico

Inari, movida por un impulso, rápidamente se acercó y depositó un beso en su mejilla dejándole sorprendido, susurrando un “gracias” y retirándose al interior del establecimiento. Marcus le miró alejarse hasta perderse por un pasillo al final, antes de ingresar y cerrar la puerta con llave.
.
.
.
La salida del Sol desde el horizonte anunciaba un nuevo y flagrante día, en las calles ya más calmadas se podían apreciar restos de la gran celebración que finalizó hace unas pocas horas, Marcus se preparó para recibir a abrir el restaurante y recibir a los clientes, siendo ligeramente sorprendido por la llegada de Destina, pero especialmente, de Evan.

- Buen día, vaya puntualidad Destina, sí que eres dedicada –le alabó, ganando una sonrisa de parte de la mencionada, e indignación de su compañero de trabajo.

- ¿Y yo qué? –le reclamó.

- Es la primera vez que vienes tan temprano sorete, lo cual me resulta muy… interesante –Evan le miró deseándole una muerte lenta y dolorosa.

- Por cierto, ¿cómo está la señorita Inari? –preguntó Destina algo preocupada.

- Estoy bien y lista para empezar –respondió la mencionada acercándose desde el mostrador, luciendo una camisa de manga larga y falda, todo de un color café claro.

- Ese atuendo le queda bien –le alabó con sinceridad.

- Y a ti también te queda el tuyo.


Aunque no existía como tal un uniforme en Culinarius Shock, ambos muchachos llevaban prendas similares en diseño aunque adaptados a su sexo correspondiente obviamente, con los colores predominantes blanco y rojo, mientras Evan usaba una camisa con chaqueta encima y pantalones, Destina llevaba camisa sin chaqueta y una falta hasta las rodillas.


- Incluso sus ropas hacen juegos entre sí –comentó la mujer mirando a ambos.

- Fue idea de Destina, pensó que sería más cómodo trabajar usando algo prefijado en vez de variar a cada momento.


La co-dueña del restaurante miró los diseños por un momento, con algún que otro detalle, pensó que podrían ser un buen agregado para el local y daría una mejor presentación a sus miembros.


- Oye Marcus –le llamó Inari.

- Dime.

- ¿No te gustaría usar estos diseños como un uniforme oficial?

- Hmmm –Marcus examinó de arriba abajo a ambos jóvenes quienes miraban expectantes, hasta que finalmente habló– ¿Por qué la pregunta? Si te gustó, los vas a poner igual –dijo con aire de derrota.

- Muy bien chicos, Marcus está de acuerdo con la idea –expresó felizmente.

- ¿Ven?


Tras aquella pequeña charla y unas cuantas risas trabajaron en un ambiente animado y cálido, los días pasaron sin que ocurriera nada extraordinario, alguna que otra pelea de parejas y patadas dadas a los mirones que se acercaban demasiado a Inari, nada fuera de lo común. Hasta que un día…

- Marcus…

- ¿Sí?

- ¿No crees que deberíamos… hacer algo con…? Ya sabes… –dijo con cierta irritación.

- Ah…


Ese día particularmente, Inari notó a una persona encapuchada escondida en unos arbustos cerca del restaurante y los había estado observando desde la mañana hasta ese mismo momento siendo casi las ocho de la noche. Sin embargo habían varios problemas con este sucedo, primeramente no hay arbustos, ese loco directamente llegó con todo y arbusto encima, tenía unos binoculares en una mano y un pequeño arbusto en la otra. Obviamente llamaba la atención de la gente al estar literalmente en medio de la acera, provocando risas al principio, pero luego miedo y repelús cuando el mismo sujeto seguía ahí durante horas simplemente observando el local.

- Muy bien, vamos a ver qué demonios pasa –dijo Marcus, quien internamente admitía sentirse inquieto.

Cuando salieron y decidieron confrontarlo, el sujeto saltó de golpe del arbusto en dirección a Inari, la cual casi por instinto reaccionó pateándole a la altura del estómago con tal fuerza que salió despedido varias calles de distancias, detenido únicamente por un muro que terminó agrietando.

- Te excediste –le reclamó Marcus suspirando.

- ¿¡Y que esperabas si me salta encima de esa manera!? –contraatacó con tono indignado.


No pasaron ni diez segundos cuando aquella persona se reincorporó y corrió a una velocidad humanamente imposible hacia ellos, parándose justo a un metro de distancia de estos.

- Este tipo…

- ¿Le conoces?

Inari le recordó como el mismo tipo enmascarado del festival, portaba la misma máscara y el mismo atuendo de aquel entonces, la mujer sufriendo ya de un tic quería acabar con esta tontería de una vez.

- Escucha, si quieres algo solo dilo, pero te suplico no hagas la anormalidad que hiciste hoy –dijo casi a modo de orden.

El encapuchado torció su cabeza hacia un lado para luego levantar su brazo derecho y mostrar su pulgar en señal de aprobación. Luego metió su mano dentro de su túnica y de ella sacó, de un modo inexplicable, un letrero con un mensaje escrito que rezaba “¡Hola! Mucho gusto, me llamo Ram y soy el mensajero, vine para entregar una carta a la zorra blanca”

Marcus arqueó una ceja e Inari sentía unas fuertes ganas de reventarle la cabeza de un puñetazo al susodicho “Ram” por la inevitable sensación de que se burlaba de ellos.

- Esto no se ve todos los días… –comentó Marcus con algo de gracia.

- Al menos podrías mostrarte indignado –le reclamó la peli-blanca.

Para cuando dirigió su atención al “mensajero”, se dio cuenta de que este le estaba ofreciendo una carta, exactamente igual a la primera que recibió hace ya varios días la cual tomó con algo de sospechas, tras tomarla en sus manos Ram sacó una trompeta bajo su capucha (nuevamente, Dios sabe dónde), la sopló aún con su máscara puesta y luego salió corriendo hasta perderse entre las calles de la ciudad.

Inari y Marcus vieron por unos segundos con rostros estupefactos el lugar por donde Ram había huido, sin poder e vitar preguntarse qué diablos tenía ese tipo en la cabeza.

- ……… –Inari leyó en silencio la carta, mostrando una expresión seria, neutra, y finalmente melancólica.

- ¿Te irás? –preguntó Marcus.

- Desafortunadamente sí –respondió sin ganas–. Y desafortunadamente, no puedo decir cuánto tiempo me tomará regresar.

- Supongo que no aceptaras la compañía de un flagrante y apuesto caballero que te auxilie si algo sale mal.

- No Marcus, recuerda que aún no hemos encontrado a ese hombre.


A pesar de ser una situación tensa, incluso así ellos podían seguir bromeando, buscando alivianar el ambiente en un momento en que otros no lo considerarían correcto, por supuesto, esto solo aplica para ellos dos.

- ¿A qué lugar de la ciudad irás esta vez?

- A ninguna, voy para “allá” –miró hacia el cielo, apuntando aparentemente hacia la nada, pero Marcus sabía exactamente lo que se encontraba y a lo que se refería con ese “allá”.

- No entiendo por qué si la situación es tan grave no me permitas participar –se quejó.

- Porque para el mundo, tú has dejado de existir.


La mirada del cocinero se volvió gélida ante esas palabras por un instante, instante que fue apaciguado por la mujer de cabellos blancos abrazándole.

- Por eso, deja que me encargue de todo esta vez, tú ya hiciste mucho y mereces un descanso –el hombre suspiró, acariciando la cabeza de su compañera.

- Simplemente no te excedas, es todo lo que te pido.

Ella asintió con la cabeza enterrada en su pecho, para seguidamente separarse e ingresar lentamente al restaurante. En ese momento hubo algo que nadie más había visto, un secreto que solo ella y él conocían, y se manifestó cuando pequeñas protuberancias salieron de la cabeza de Inari, mientras que de su espalda, grandes bolas de pelo se abrían paso hasta desenvolverse en forma de esponjosas colas blancas con puntas grisáceas.

Giró para contemplar a Marcus una última vez, siendo este testigo de la forma que aquella bella mujer le regaló.

- Hace mucho que la mujer zorro no se presentaba ante mí –bromeó una última vez–. Cuídate.


Inari, agitando sus colas suavemente y moviendo sus orejas animales asintió levemente, seguidamente un círculo brillante se forma alrededor suya con escritos en su superficie inentendibles para el lenguaje humano, para seguidamente desaparecer como si nada estuviese allí en primer lugar.

Marcus cerró el local más temprano de lo usual, una porque no había clientes, y otra porque de haberlos, no se sentía con ganas de hacer nada por esa noche, sintiendo el lugar tan grande y vacío como pocas veces lo ha sentido.




... Y retirándome lentamente...
Última edición por Gilgamesh el Jue Dic 14, 2017 4:55 am, editado 1 vez en total.

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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 3)

Mensaje por Jaritu » Jue Dic 14, 2017 4:25 am

Bien, ya termine de leer, en general es una historia de fantasia agradable. :neet:

Me creería que esto pudiera salir como un shonen, una historia de monstruos y humanos está bastante bien, por como van las cosas parece que va por buen camino y puede llegar a ser interesante. :proud:

Por otra parte, tengo que decir que entre el prólogo que habla de una guerra entre monstruos y los cuatro héroes legendarios, todo muy a lo final Fantasy, y el primer capítulo atendiendo el restaurante de macus, supongo que fue una forma de presentar a los personajes, pero no se, no me termina de convencer, cosas mías. :no:

El segundo y tercer capítulo son más interesantes, prefiero a Inari y Marcus que los otros dos, veamos como va desarrollandose todo, de momento lo que mas me gusto fue la obra de teatro. :yatasmile:
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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 3)

Mensaje por Gilgamesh » Jue Dic 21, 2017 5:00 am

Bueno, esa era la idea, hacer algo clásico, aunque cualquier parecido con la saga final fantasy es pura coincidencia :abanico:

No, en serio, no eh jugado ninguno... Y admito que la "introducción" de los pj fue metida medio con calzador, nunca se me ocurrió una buena manera de hacerlo, y espero que no se me ocurra nunca o gritaré por no haberlo puesto antes :dead:

Capítulo 4 ready.
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Capítulo 4 - Quiebre

Muchos kilómetros al norte de Stonegold se hallaba una cadena de montañas que creaban un gigantesco cerro natural que dividía una cuarta parte del continente aislándola del resto del mundo, en el centro de dicho lugar se hallaba lo que parecía un castillo, pero referirse a esa estructura como castillo era no hacerle justicia a aquella edificación cuyo tamaño dejaba en ridículo aquella cadena de montañas que se encontraban delate suyo, una auténtica monstruosidad arquitectónica de casi dos kilómetros de alto desde la base hasta la más alta de sus torres y con más de 900 metros cuadrados de extensión.


Aquella gran estructura de colores predominantemente negros y brillos de rojo y violeta con apariencia metálica era la famosa “Necrópolis”. El hogar del alguna vez Emperador demonio y base principal de las fuerzas enemigas de la humanidad así como lugar de reunión ocasional de los reyes demonios que servían a su señor, incluso con la guerra acabada, su imponencia no disminuyó ni un poco con el paso de los años.


Dentro de esta gigantesca estructura, en una habitación grande y espaciosa, un grupo de cuatro figuras altas cubiertas en armaduras negras y armadas con espadones fungían de guardias y carceleros de un par de individuos aparentemente humanos, delante de estos se encontraba un hombre ya entrado en años sentado en un cómodo sillón tomando una taza de té caliente y a su lado derecho, la figura de una mujer alta, de cabello rojizo como el fuego y cuyas extremidades se asemejaban más a un reptil que a un humano, en su espalda claramente se distinguía un par de alas y cola, finalizando en unos ojos rasgados de color amarillo.


Ram, a la derecha del hombre conocido como Yarn, se encontraba mirando imperturbable al par de sujetos capturados y custodiados por aquellos guardias, cuando repentinamente un círculo mágico apreció a un lado vacío de la habitación, Yarn y sus acompañantes así como los capturados miraron en aquella dirección, viendo la figura de una bella mujer de cabellera blanca con orejas y nueva colas de zorro manifestarse.


- Bienvenida, señorita Inari –le saludó Yarn, la mujer dragón y Ram hicieron una reverencia a su dirección.

- Gracias por el recibimiento –miró de reojo a los dos sujetos capturados, provocando un sentimiento gélido que recorrió sus espaldas– ¿Son ellos?

- Sí.


En ese momento, Ram dio un par de pasos y su sombra se expandió a su alrededor, de ella salieron dos seres humanoides completamente negros salvo por máscaras que cubrían sus rostros, cada uno de ellos emergió con un objeto en sus manos, concretamente un bastón y un arco en apariencia simples, pero con extraños grabados en su superficie.


Dichos seres ofrecieron esas armas que Inari tomó, al hacerlo estos fueron “tragados” por la “sombra” de donde salieron. Inari inspeccionó detalladamente ambas armas, lanzando el bastón a Ram, pero destruyendo el arco.


- Lady Inari, ¿Por qué destruyó el arco del cielo? –cuestionó la mujer dragón con semblante tranquilo.

- Simple, querida Kana, era un Pulsar falso –respondió sin mucha motivación.

- Siempre has tenido buen ojo para estas cosas... –le alabó Yarn.

- Lo que me hace pensar que yo sería buena para colaborar en esto…

- Oh vamos, estoy seguro de que eres buena para muchas cosas, y una de ellas estaba involucrada con los prisioneros de guerra, ¿no es así? –comentó el hombre mayor con malicia en su voz.


Inari, en un tiempo más corto que el que le tomaría a una persona normal parpadear, ya se encontraba en cuclillas frente a los dos hombres capturados quienes temblaban de miedo ante la presión que la mujer ejercía, querían gritar, pero por alguna razón no salía ningún sonido de sus gargantas, y sentían que el ambiente estaba comenzando a enfriarse, haciéndoles tiritar.


- “Obtener información” –dijo ella sin muchos ánimos, mirando de forma fría a los pobres diablos delante suya.

- ¿Desea que le demos privacidad? –preguntó Yarn, recibiendo en respuesta un gesto de la mano de Inari que le instaba a restarle importancia.

- No, de hecho, gracias por tener a dos en vez de uno, ahora sé que si uno de me muere por accidente, todavía puedo hacer hablar al otro –sonrió de una forma dulce, pero dicha sonrisa solo aumentó el miedo de los dos hombres cuyos destinos estarían marcados por una muy, pero que muy extraordinariamente larga y dolora sesión de “preguntas”.


Incluso si hubiesen podido gritar, nadie les escucharía e incluso de haberlo, no había nadie lo suficientemente loco como para siquiera pensar en acercarse a la necrópolis.


.

.

Dos Días después…

.

.


Destina trabajaba como de costumbre sirviendo y atendiendo las órdenes de los clientes al igual que Evan, se acercaba la hora del almuerzo por lo que podría tomarse un pequeño descanso mientras Evan la cubría durante ese tiempo. Ella fue con su almuerzo a la parte trasera del local para comer tranquila, pero se sorprendió ligeramente al toparse con Marcus en el camino.


- Oh, ¿Puedo ayudarle? –preguntó la joven.

- Sí, de hecho, pero puedo hacerlo una vez termines de comer.

- No tengo problemas en responderle ahora, no me molesta –insistió la joven


Marcus caminó seguido de Destina al pasillo que iba dese la cocina y que conectaba al comedor personal que solían utilizar a menudo para tener privacidad, ambos se sentaron cada quien frente al otro, el cocinero se acomodó un poco antes de hablar.


- Bien, usualmente no me importaría mucho este tipo de cosas, pero en tu caso, es algo especial… por decirlo así.

- ¿A qué se refiere?

- La razón real por la que decidiste trabajar aquí –Destina le miró de manera un tanto extraña por unos instantes–. Me refiero, valerte de ayudar a Inari en su momento para luego “solicitar” trabajo cuando no habían puesto ninguna solicitud de personal, incluso en el tiempo en el que había, ese puesto había sido ocupado por Evan seis meses antes de eso.


Destina miró a un lado incómoda, Marcus no creía que ella estuviera en malos pasos, pero no le gustaba mucho la idea de que fuese tan reservada y no podía evitar sentir esa “mosca tras la oreja”, Evan solo quiere ganar dinero a fin de ser “independiente” de su familia, pero ella…


- Bueno, es un poco… complicado –comenzó a relatar.

- Si es tan complicado, puedes hacer como que esta conversación no existió –ofreció el dueño, recibiendo una negación por parte de la rubia.

- Verá, desde que llegué aquí la situación no ha sido especialmente… fácil –comenzó a explicar.

- Te escucho…

- Mi familia es originaria del pueblo Tancera, hasta hace no mucho vivíamos de una forma tranquila, yo me desempeñaba como una curandera local por mis habilidades mágicas, hasta que un día, sin saber por qué realmente, deudas comenzaron a acumularse lenta pero indeteniblemente hasta que nos vimos forzados a abandonar nuestro hogar y vender nuestras pertenencias, no sé si mis padres estuvieron en algún tipo de trabajo turbio pero yo jamás fui capaz de descubrir nada y solo me mantuve con sospechas sobre lo que pudo haber sucedido, hasta que un día ellos comentaron que debíamos mudarnos urgentemente y así fue como, básicamente, terminamos aquí.

- … –Marcus escuchaba atentamente, prestando atención a cada detalle de su historia.

- Cuando llegamos, nuestra prioridad era conseguir dinero para lograr asentarnos tan rápida y sólidamente como fuese posible y todos nos pusimos a buscar un trabajo sobre cualquier cosa, mis padres acabaron trabajando en una tienda de ropa como despachadores, mi hermana en una herrería y yo, pues… aquí –comentó esto último con algo de vergüenza– A-Admito que mi intención provocar una buena impresión y tratar de ayudar cuando estaban en aprietos, no era premeditado, simplemente la oportunidad se me presentó a mis ojos y yo pues… –Marcus se levantó, caminó hasta el otro lado de la mesa, y con una ternura poco habitual en él acarició su cabeza, dedicándole una leve sonrisa para la consternación de la muchacha.

- Está bien, creo que ya entendí tus motivos –se alejó y se dirigió rumbo a la cocina para preparar más platos para los clientes y claro, el suyo propio–. En un rato me tocará comer a mí, así que date prisa –dijo hasta finalmente irse. Destina le miró marcharse y suspiró antes de degustar finalmente su almuerzo con una sonrisa de tranquilidad.


Ya pasadas dos horas y luego de que cada quien terminase de comer, los tres siguieron trabajando normalmente hasta las tres de la tarde, horario en que tanto Evan como Destina se retiraban. A diferencia de los días anteriores, Destina se marchó sola, ya que Evan había decidido quedarse y pasar horas extras en el restaurante, no por paga extra realmente, sino por un par de dudas que quería aclarar con Marcus.


- Ya van a ser las siete, ¿está bien para ti quedarte a estas horas? –preguntó Marcus desde la cocina a Evan quien estaba detrás del mostrador.

- Bueno, sin Inari, pensé que necesitarías una mano –comentó sin darle demasiada importancia, pero Marcus no se sintió convencido.

- Bueno, no siempre va a estar aquí, a veces surgen cosas que requieren una atención en mayor o menor medida.

- Sí, pero ya sabes, hay algo que me inquieta –ante sus palabras Marcus arqueó una ceja, podrá no ser el más listo, pero tampoco un idiota.

- ¿Y de qué se trata?

- Sé que puedo ser tachado de entrometido y todo eso, pero desde el festival Inari no parecía actuar como siempre, quiero decir, aunque la mayoría del tiempo estaba bien, a veces notaba como inquietud, como si algo le molestara y siento que algo tuvo que ver esa carta, no digo que sea nada grave pero… ehm…


De cierta forma encontraba aprecio en que Evan se preocupara por Inari, tampoco es que pudiese culparle del todo, él se ha encargado de no detallar nada respecto al tema por asuntos más allá de su control, pero sentía que, al menos, debía tranquilizarlo hasta que Inari vuelva. Hablaría con ella e intentarían aliviar la situación.


- Bueno, la verdad es que sí pasa algo, no es algo grave de por sí, pero es un asunto que involucra a algunos familiares cercanos. Verás, ¿conoces la antigua ciudad de Corsair? –respondió el cocinero.

- Sí, la conozco –según tenía entendido Evan, fue la última gran ciudad que asediaron los demonios justo antes de que estos se replegaran, su difunto abuelo paterno era de esa ciudad, y fue milagro que su padre estuviese en Ambrose para ese momento.

- Bueno, ella recibió la carta de uno de sus familiares quienes se salvaron del asedio de los demonios sobre esa ciudad y ahora viven en la fortaleza Montier...

- ¿Entonces trabajan para la realeza? –cuestionó intrigado, Marcus suspiró


Marcus inventó una historia sobre una deuda extrema y usar a su familia como moneda de cambio para otra familia, cuando concluyó, Evan parecía incómodo, en su interior hasta llegó a sentirse algo culpable por ser tan entrometido, pero Marcus, viendo la reacción que su falsa historia había causado, puso sus manos en los hombros del muchacho para calmarle.


- Inari es fuerte, ella podrá salir adelante junto a su familia, y si necesita ayuda, para eso estamos nosotros –le comentó, sintiéndose algo incómodo por dentro por decir algo tan… cursi.

- Supongo que tienes razón, jefe –Evan dio un largo suspiro para calmarse, mostrando seguidamente una mirada más determinada.

- Bien, entonces con esto hecho, ve a atender a los clientes antes de que te apuñalen con los tenedores –Evan miró hacia atrás, y si bien habían clientes quejándose, la gran mayoría eran niños o pre-adolescentes.

- Gracioso, gracioso…


Evan regresó a su trabajo, marchándose una hora después de su charla con Marcus, el cocinero cerró a la hora establecida y se dirigió a dormir, pero a mitad de la noche fue despertado por un gran estruendo, se levantó confundido y alterado corriendo afuera del local para ver qué diablos pasaba, en su camino hubieron más estruendos y gritos de personas muy en la lejanía.
[+] spoiler


Cuando salió, se encontró con varios seres humanoides amorfos de colores rojo y gris causando destrozos por todas partes, destruyendo edificaciones y atacando a toda persona que se encontrasen por el camino, estelas de humo y fuego se podían ver en el cielo y el sonido de espadas y gritos eran la música de ambiente de esa noche, alarmado fue corriendo en busca de Evan y Destina para verificar que estuviesen bien, pero un par de estos seres amorfos se interpusieron en su camino dispuestos a acabar con su vida en ese momento. Tenían una forma que recordaría a un monstruo rocoso, robusto e intimidante de dos metros de altura.


- ¿Por qué están ustedes aquí? –preguntó, pero no recibió respuesta.


En su lugar uno le embistió, Marcus a duras penas evitó su ataque, solo para recibir un golpe del segundo que lo hizo retroceder varios metros, había logrado cubrirse con los brazos, pero el dolor en estos por el golpe no era precisamente leve.



- Inari, ¿dónde estás cuando se te necesita? –se cuestionó molesto antes de realizar un conjuro cuando la primera criatura intentó atacarlo de nuevo–. “Reversed”.


Una pared cristalina rectangular se formó entre él y el atacante, cuando este intentó destruir el obstáculo, no solo no lo consiguió, sino que una fuerza salida del cristal lo golpeó y lanzó varios metros, cayendo en el suelo emitiendo un chillido.


Su compañero intentó atacar, pero Marcus realizó el mismo hechizo de nuevo, consiguiendo el mismo resultado, sin embargo ninguno de los dos estaba herido de gravedad, solo estaban más furiosos por el daño.


- Qué molestos –se quejó, preparándose para acabar con ellos, pero entonces…

- Entonces me encargaré de ellos si tanto te molestan…

- ¿Hmmm?


Esa voz tan conocida para él se manifestó, cuando se dio cuenta ambos seres ardieron en llamas, chillando hasta convertirse en nada más que cenizas. Inari había aparecido a su lado, apuntando con sus dedos índices los lugares donde yacían las cenizas de los atacantes.


- Llegas tarde –le dijo mirándola, aunque no en reproche.

- Lo siento, vine tan rápido como pude –le observó con una cierta culpabilidad.

- ¿Tienes alguna idea de lo que pasa?

- Sí, pero por el momento tenemos que encargarnos de resolver esta situación primero, Voy a ir a buscar a Destina, ¿podrías encargarte de Evan? –preguntó algo incómoda, se sentía rara dándole órdenes a su “jefe”.

- ¿No deberías hacer algo con tu apariencia primero?


Inari aún conservaba su apariencia bestial, dando un bufido, su cuerpo emitió un ligero brillo y sus orejas y colas animales desaparecieron, adquiriendo su forma humana normal.


- A veces me emociono de más y lo olvido.

- Pues ahora tendrás muchos amigos con los que entretenerte.


Apenas Marcus dijo esas palabras, varios monstruos aparecieron alrededor del dúo, suspirando, un círculo mágico rodeó a la pareja y seguidamente y a pesar de los ataques conjunto de los monstruos agresores, todos fueron incinerados casi al instante, afortunadamente dada la hora no habían personas que presenciasen eso, pero eso era lo de menos en ese momento, cada uno tomó rumbo a sus destinos con el fin de proteger a sus queridos empleados.

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Destina miraba escandalizada a su alrededor, criaturas hostiles por todos lados atacando y destruyendo aquello con lo que se encontrasen, personas huyendo de una muerte segura, otras intentando luchar con lo que tenían. A pesar de su enorme extensión y gran cantidad de población, Stonegold no contaba con una gran armada para proteger los casi 45 kilómetros cuadrados de extensión, y de sus 1.2 millones de habitantes, pocos eran hábiles en las artes mágicas.


“¡Ayuda!”

“¡Por favor no me mates!”

“¡Mamá, corre mamá!”



Simplemente no entendía por qué sucedió algo tan grave de forma tan repentina, pero no tuvo tiempo de formular, varios de esos monstruos cuyos aspectos recordaban a ogros captaron su presencia y se dirigían directo hacia ella.


- ¡Hermana! –Gritó Rebeca saliendo de su casa y colocándose al lado de Destina– ¿Qué está pasando? –demandó en tono agitado y con la respiración acelerada.

- No tengo idea, pero si algo sé es que debemos encargarnos de acabar con estos engendros –dijo con un tono casi frío, a la par que hacía poses con sus manos en posiciones específicas– “Draining Root”.


Del suelo emergieron raíces gigantes que aprisionaron a los invasores quienes en vano trataron de resistirse y seguidamente ambas hermanas vieron los cuerpos de estos reducirse hasta poco más que sus propios huesos, cayendo pesadamente al suelo. Destina suspiró, hacer ese tipo de hechizo tan de la nada y con tantos enemigos a la vez le resultaba agotador.


- Oh, había venido con la intención de ser la heroína de la situación, pero aquí está más que controlado –Dijo una voz conocida para el dúo.


A unos metros de distancia de ellas se encontraba Inari, observando el panorama antes de centrar su atención en las hermanas.


- Señorita Inari, ¿cuándo…?

- Ahg, ¿hasta cuándo lo de señorita? –se quejó la mujer de cabellera blanca con expresión de enojo.

- Ah, bueno pero es que…

- Al menos podrías intentar dejar ese hábito –le recomendó.

- ¿Y el señor Marcus? –preguntó Esta vez Rebeca.

- Fue a buscar a Evan, él también podría estar en peligro –le informó, a lo que Destina se levantó con mirada decidida.

- Entonces iré a ayudarles. Rebeca, busca refugio dentro de la casa en lo que llego.

- Oye hermana, yo también se pelear.

- Vengan las dos conmigo, nos reuniremos con ellos –sugirió la camarera mayor.

- Pero nuestros padres… –Rebeca fue interrumpida por su hermana.

- Ellos no volverán hasta dentro de dos días de su viaje, solo podemos confiar en que esto solo esté ocurriendo en la ciudad –comentó la rubia con expresión firme.


Inari miró curiosa las palabras de la muchacha, bastante confianza tenía para dejar a sus padres por ahí a su suerte, a menos claro que sean tan buenos manteniendo alejadas a las alimañas como ella, algo que consideraba lo más probable. Para cuando se dio cuenta, Destina ya estaba corriendo hacia el hogar de su joven compañero de trabajo, la mujer suspiró y junto con Rebeca le siguieron el paso.


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- ¡Mierda, mierda, mierda! –mascullaba Evan molesto haciendo fuerza sobre la barricada improvisada de la puerta de entrada que había creado.


El joven y su familia estaban atrapados dentro de su casa, su padre, madre y dos hermanos habían sido despertados con los constantes estruendos. Alterado, el padre fue a ver afuera para ver qué había pasado, pero lo único que recibió fue el zarpazo de un extraño ser rojo con varias alas de metro y medio de alto, el hombre cayó al suelo adolorido. Alarmado, Evan tomó una maceta como lo primero que estuvo a su alcance y se lo tiró a la criatura golpeando su cabeza y consiguiendo alejarla, seguidamente sus dos hermanos menores y madre auxiliaron a su progenitor mientras Evan cerraba la puerta, le colocaba seguro y empezaba a obstruirla con todo lo que pudiese para mayor seguridad.


La mujer atendía llevando a su marido al sofá de la sala de su casa con ayuda de sus hijos mientras Evan hacía de guardia, pero sin quitar el ojo de su padre, notando la sangre salpicando su ropa. Su hermano y hermana menor lloraban de tristeza y miedo, incapaces de reaccionar correctamente ante lo que sucedía


- ¿Cómo te sientes, Dereck? –preguntó su esposa con una muy marcada preocupación en su rostro.

- Bien Carla… duele mucho… pero estoy bien siempre que no me mueva… demasiado –le respondió respirando con pesadez–. Por otro lado… creo que hay que calmar a los niños primero –sugirió mirando a estos de reojo, estaban tiritando y no decían nada, pero era claro que su situación, al menos psicológicamente, era incluso peor que su estado físico.

- Marilith, Jin –les llamó su madre a la vez que esta se acercaba–. Escúchenme, vayan al piso de arriba y resguárdense allí hasta que esto pase.

- Pero mamá, ¿qué hay de ustedes? –replicó tercer hermano, Jin.

- Nosotros iremos después de atender las heridas de su padre, ahora váyanse –ordenó sin sonar severa.


Los niños, confiando en las palabras de su madre, obedecieron y fueron al piso de arriba. Golpeteos se sentían desde la entrada sellada, y los gruñidos solo provocaban escalofríos en Evan y sus padres.


- Muy bien, Evan, tú también debes ir…

- Mamá, puedes golpearme después si quieres, pero no me voy a mover de aquí hasta que ustedes suban y no lo voy a discutir –le dijo desafiante, en otras circunstancias su madre le habría dado su buen sermón con golpiza incluida, pero en esta situación volverse violenta no era algo que se debía hacer.

- Pero hijo, entiende que…

- Cariño –llamó su marido–. No le pidas que abandone a un ser querido a su suerte sabiendo de primera mano el peligro que corre, deja que al menos esta vez nos apoye, ¿te parece bien? –expresó razonando con su esposa–. Además, recuerda que heredó mi terquedad.

- …No quiero decir nada, pero esto no sé cuánto va a aguantar si...




Nuevos estruendos se sintieron y Carla casi se cae por la sorpresa, Evan usó su propio cuerpo para fortalecer la barricada improvisada, el joven sin embargo escuchó extraños chillidos por el otro lado de la puerta, pensando que quizás los seres estaban intentando entrar a la fuerza se preparó para lo peor, pero en su lugar hubo un largo silencio y, seguidamente, una voz muy familiar.


- ¿Estás ahí Evan? ¡Responde! –habló Marcus desde el otro lado, tocando la puerta varias veces.

- ¿Jefe? –el mencionado se mostró sorprendido así como los padres.

- ¿El señor Marcus? ¿Qué hace aquí? –preguntó Carla, conocedora de la persona.

- No lo sé, pero parece que todo se arregló del otro lado, debería ser seguro y…

- Espera –Carla interrumpió a su hijo– ¿Cómo sabemos que no es una trampa de esas criaturas para atraernos?

- No lo sabemos, pero no hay forma de… –de nuevo, fue interrumpido.

- ¡Sal de ahí pedazo de virgen, Destina quiere hablar contigo!


Listo, eso fue todo lo que el joven necesitó saber para determinar que no era ningún engaño. Con vergüenza y deseos homicidas liberó la puerta principal y la abrió, encontrándose a Marcus del otro lado.


Cuando estuvo a punto de decir algo, se percató de que increíblemente Destina estaba con él, incluso Inari y Rebeca también estaban, todos en perfectas condiciones.


- ¿Qué hacen aquí? –preguntó genuinamente asombrado.

- Para ver como estabas, ¿no es obvio? –respondió Destina con una mezcla de indignación y preocupación–. Esto está ocurriendo en toda la ciudad y podrías estar en pe …


Un quejido detrás de Evan alertó a ambos muchachos, la rubia se percató del hombre herido y casi como un imán fue de inmediato a socorrerlo, Evan la siguió junto a Rebeca para comprobar el estado del hombre mientras al mismo tiempo los padres agradecían la intervención de la muchacha, entre tanto Inari y Marcus miraban desde su lugar al particular cuarteto.


- Creo que todo está controlado por aquí –dijo el hombre mayor en tono relajado.

- Al menos no hay heridos fatales, esta vez…


En su trayecto, tuvieron que detenerse varias veces para socorrer a personas que eran atacadas por los monstruos invasores, pero miraran por donde miraran era el mismo panorama y a pesar de sus intentos, no todos pudieron ser salvados no dejándoles otra opción que seguir, recordando que estaban yendo a contrarreloj.


- Marcus… Estos seres de aquí… –le dijo Inari mirando los cuerpos de los seres de piel roja calcinados–. Son imps…

- Hmmm, demonios de bajo rango. Y monstruos aparentemente mutantes –el cocinero le dedicó una mirada seria a su compañera– ¿Qué demonios está sucediendo? ¿Acaso los demonios quieren…?

- No –le interrumpió, sabiendo lo que quería decir–. Los demonios no tienen nada que ver en esto, sé que esto puede sonar difícil de creer pero…



En ese momento el sonido de fuertes pisadas empezó a hacer eco en el lugar, ambos miraron en dirección desde donde provenía el sonido, encontrándose con una criatura humanoide de casi cinco metros de alto, peluda, con un gran martillo y aspecto que recuerda vagamente a un toro, poseía un extraño collar en su cuello.


- ¿Un minotauro? –dijo Inari sorprendida.

- No sabía que podían ser tan grandes.

- No lo son, este es el más grande que he visto nunca –Marcus la miró extrañado.

- ¿Qué quieres de…?


El rugido de la bestia le interrumpió, ambos vieron al minotauro levantar su arma para bajarla violentamente sobre ellos, Inari tomó a Marcus y saltó un par de metros hacia atrás evitando el ataque que acabó por causar un pequeño cráter en la zona de impacto.


- Ya hablaremos de esto después –dijo la peli-blanca soltando a su compañero y tomando posición de batalla–. Primero debemos librarnos de él.

- Ni me lo tienes que decir –le secundó Marcus siguiendo el ejemplo de la mujer zorro. Preparado para acabar con la amenaza.

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Listo, con esto me despido y nos veremos en "inserte cantidad de teimpo aquí", hasta otra!

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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 4)

Mensaje por Gilgamesh » Mié Ene 17, 2018 6:39 am

Hell-o, vengo con cap doble el día (madrugada) de hoy...
[+] spoiler
Capítulo 5 – Sons of Light. La pareja miraba atentamente a la nueva amenaza, el minotauro emitió un fuerte rugido y les atacó nuevamente con su martillo la cual fue esquivada sin ningún problema por Marcus e Inari quienes ya empezaban a alejarse del hogar de Evan para pelear con más seguridad.

- Esa cosa se aleja, ¡está persiguiéndolos! –declaró Rebeca con clara preocupación saliendo tras ellos.

- ¡Espera Rebeca! –llamó Evan, pero cayó en oídos sordos.

- Déjala –comentó Destina sin apartar la vista de las heridas del padre del joven que estaba tratando.

- ¿En serio vas a dejarla enfrentarse a esa abominación? –comentó con clara exasperación.

- Yo estoy especializada en la curación –miró a Evan y le sonrió–. Y mi hermana, se especializa en la ofensiva, ella estará bien.


En ese punto, Evan no pudo evitar sentirse inútil ante la situación que afrontaba, cada uno de sus compañeros era capaz de lidiar con los problemas que se estaban presentando, Destina trataba las heridas de su padre, Marcus, Inari e incluso Rebeca lidiaban con las amenazas que atentaba contra su vida y la de su familia, mientras que él… tenía que quedarse sentado sin poder hacer nada, limitándose a ser un mero espectador de lo que se desarrollaba a su alrededor.

Al mismo tiempo, la pareja dueña del restaurante se había alejado lo suficiente de la casa de Evan para poder pelear con tranquilidad contra el enorme minotauro, la criatura rugía feroz dispuesta a acabar con la vida de sus presas y empezó a correr de manera inclinada hacia con su brazo al frente en un intento por embestirlos


- ¡Reversed! –gritó Marcus formando el gran cristal reflectante que devolvió el daño al minotauro, para seguidamente Inari lanzar una ofensiva, la peli-blanca levantó su pierna izquierda y golpeó fuertemente el suelo con ella, causando un ligero temblor.

- ¡Earth Crunch! –gritó Inari.


Literalmente la zona donde estaba el minotauro se hundió cubriendo la mitad de su cuerpo, para seguidamente el suelo mismo a su alrededor se contrajera sobre él, aprisionándolo.


- Bien, creo que esto será suficiente –dijo la mujer adquiriendo relajando su postura y empezando a acercarse a la gran bestia que forcejeaba por salir.

- ¿Ya es posible que empieces a explicar? – a pesar de la pregunta, Inari no le escuchó.


La bella mujer inspeccionaba minuciosamente al minotauro, aparentemente estaba buscando algo, debido a la gran cercanía con la bestia, Marcus empezó a preocuparse.


- Inari, ¿qué sucede? –preguntó esta vez más alta, captando la atención de la peli-blanca.

- Este minotauro……

- ¿Eh?

- Si lo que descubrí es cierto, todos estos monstruos, todos estos demonios, han sido forzados a atacar esta ciudad.


Marcus quedó atónito ante la revelación de su compañera, muchas preguntas inundaron su cabeza en ese momento, ¿quién, cómo y por qué alguien haría algo así? ¿Qué quería ganar haciendo semejante barbaridad? ¿Por qué los demonios estaban involucrados en primer lugar?

Inari, mientras tanto, observaba el rostro del minotauro que, de alguna manera, se había logrado calmar momentáneamente, se fijó en el collar que tenía. Curiosa pero cuidadosa, se acercó y lo tocó a la vez que le inyectaba una mínima cantidad de magia, en eso el collar brilló y el minotauro empezó a gritar ferozmente provocando ligeros temblores en la tierra, la mujer tuve que echar un salto hacia atrás por precaución.


- Como imaginaba… –dijo en voz baja.

- ¿Acaso notaste algo? –preguntó Marcus, ya internamente inquieto.

- Esta deber la manera en que controlan… –Inari resopló, mostrando un claro y amargo enojo– Los humanos, o mejor dicho un grupo reducido de ellos está detrás de esto…

- Entonces, eso podría significar que…

- ¡GRAAAAHHHH! –el gigante empezaba a forcejear con muchísima furia, empezando a liberarse de su prisión, sin embargo…

- ¡…!

- ¡…!


Sin poder evitarlo, vieron como el minotauro era atravesado desde la espalda por unas estacas aparentemente hechas de madera, cuando el dúo fue a ver, notaron a Rebeca con sus manos extendidas al frente, delatando que era ella la responsable del ataque anterior.


- Perdón por la intromisión pero, ¿se encuentran bien? –preguntó, al parecer no había notado la situación real.

- ¿Perdón? Claro, gracias por ayudarnos a nada en absolu… –el comentario claramente enojado de Inari fue interrumpido por Marcus quien tomó los hombres de Inari desde la espalda.

- Gracias por preocuparte, pero ya lo teníamos controlado –el cocinero se acercó a su oreja y en tono muy suave, exclamó–. Sé que te molesta, pero por ahora, mantén la calma, ¿de acuerdo?


Inari quería replicar, no le hacía nada de gracia lo que acababa de pasar, pero al menos por esa vez y sabiendo que Rebeca quizás solo reaccionó por la locura de la bestia que empezaba a liberarse en ese momento.


- Disculpen, es que vi que estaba a punto de liberarse y reaccioné de inmediato –se disculpó nuevamente la joven.

- No importa, creo que con esto solucionamos este problema –dijo Marcus suspirando, Inari no decía nada, solo se limitó a acercarse al cuerpo del ahora quieto minotauro y con un cántico dicho a voz baja, destruyó el collar que le controlaba. Seguidamente el tamaño de este empezó a mermar hasta casi la mitad de su tamaño anterior, apenas su cabeza y hombros sobresalían de la grieta del suelo


Rebeca, e incluso Marcus miraron curiosos el accionar de la peli-blanca quien seguidamente se retiró para estar con ellos, observó a Rebeca por un momento, provocando algo de nerviosismo en ella.


- ¿Qué… qué sucede, señorita Inari?

- ¿Tienes magia curativa como tu hermana, de casualidad? –preguntó, tomando a sus dos compañeros por sorpresa.

- ¿Qué? Inari, no piensas…

- Sí, pienso eso –Rebeca miró a la pareja sin saber exactamente lo que debía hacer, fue objeto de la mirada de Inari de nuevo, a lo que ella bajó la cabeza incómoda.

- Yo no poseo habilidades curativas como mi hermana, solo destaco en magias de ataque –confesó.

- Está bien… supongo que yo misma debo…


En eso, un fuerte sonido ahogado se escuchó proveniente del minotauro, este estaba tosiendo sangre y casi de manera inmediata, Inari fue a socorrerlo. Rebeca observaba todo totalmente extrañada, ¿por qué la mujer de cabellera blanca se preocuparía por aquella criatura que hasta hace poco intentó matarla junto con Marcus?

Por otro lado, el hombre miraba incómodo, era consciente del actuar de su compañera, pero no por eso era capaz de reaccionar adecuadamente teniendo un “testigo” justo al lado. Inari estaba usando sus pocos conocimientos en curación para intentar aliviar el dolor de la criatura, aunque sabía que poco podía hacer.


- Raahgg… –jadeo el gran ser, respirando de forma agitada.

- No hables, solo empeorarás –le pidió la peli-blanca de forma severa, ignorando la mirada extrañada de Rebeca.

- Na... reina… –dijo el minotauro.

- ¡Habla! –gritó Rebeca– ¿Cómo es posible que una criatura así pueda hablar nuestro idioma? Es más, ¿por qué… está…?


Marcus desde atrás, le había lanzado un hechizo para adormecer a la joven, sujetándola entre sus brazos antes de que cayera al suelo. Observó a Inari con reproche, pero esta ni siquiera se había molestado en observarle.


- No necesitas decirme nada, por el momento necesitas… –la criatura tosió fuertemente, interrumpiéndola.

- Ya no se puede hacer… nada por mí… –declaró, aceptando su inminente final–. Mi reina… debe saber… los humanos… ellos quieren… usarnos para… una nueva… guerra…


Ante la declaración, Marcus observó con gran asombro al monstruo, Inari solo mostró un rostro de profundo enojo.

- ¿Es cierto, Inari? –le cuestionó el hombre, pero la mencionada no respondió.

- Fuimos controlados… por los hijos… de la luz… –siguió relatando el minotauro a duras penas.

- Ya lo sé, no tienes que decirme eso, y no tengo que decirte que buscara a esos malnacidos y les enseñaré lo que es el infierno en vida –declaró la peli-blanca con voz gélida.

- No son solo… ellos mi reina… el traidor… él también… –intentaba decir, pero se estaba quedando sin fuerzas…

- ¿Traidor? ¿Quién? –intentó indagar siendo que desconocía esa información.

- A… Es…


Fue todo lo que pudo llegar a decir, a pesar de los intentos de Inari de reanimarlo y por mucho que esta le hablara, aquel gigante había dejado de respirar…


- Inari… –le llamó Marcus con tono suave, consciente de que la mujer estaba alterada internamente.


Alrededor de ellos, en las distintas casas comenzaban a salir personas, alteradas por el ruido de la bestia y que ahora había acallado, algunos curiosos empezaban a acercarse, viendo no solo a las tres personas en el medio de la calle, sino ante ellos, un gigantesco ser sin vida semi-enterrado en el suelo.


- Vámonos –pidió, casi en tono suplicante al sentir el barullo de las personas.

- Está bien.


Regresaron a la casa de Evan junto a Rebeca quien había despertado al poco tiempo, al llegar fueron recibidos por la familia que ya se encontraba a salvo, Destina había tratado todas las heridas del padre de Evan mientras que los niños finalmente bajaron para abrazar a sus padres ahogados en llanto por el miedo que habían pasado.


- ¿Cómo les fue? ¿No se lastimaron verdad? –preguntó la rubia con tono preocupado.

- Todo salió bien, sin problemas –aclaró Marcus rascando la parte posterior de su cabeza.

- Muchas gracias, a todos, por ayudarme a mí y a mi familia en esta situación –habló esta vez Dereck, al mismo tiempo Carla, Marilith y Jin secundaron sus palabras.

- Siempre será un gusto ser de ayuda para mí –comentó Destina alegre.

- Aunque, nuestro trabajo no ha terminado todavía –dijo con cierta melancolía la peli-blanca.


Observando a los alrededores, si bien la zona se había tranquilizado y estaba libre de invasores, en la lejanía todavía se podía escuchar el bullicio producido por las personas que aún seguían bajo ataque, ciertamente la invasión era pobre en cuanto a número de atacantes, pero la pobre cantidad de guardias era, de cierta forma, una compensación.


- No me digan que van a intentar limpiar toda la ciudad –dijo Carla alarmada.

- Esa es la idea –respondió Marcus.

- ¡Es una locura! Sé que son hábiles, pero incluso ustedes tardarían hasta días en lograr hacer algo…

- Somos conscientes de ello –acotó Inari, observando a la madre de familia de forma comprensiva–. Pero, no es algo que podamos evitar, estoy segura que la fuerza militar de Stonegold aumentará tras este incidente, pero por el momento debemos tratar con lo que tenemos a disposición.

- Usted y su familia deben mantenerse a salvo, el que esta zona sea segura no quiere decir que vuelven a haber atacantes por aquí –advirtió Marcus con tono serio.

- Jefe –llamó Evan– ¿De verdad piensa ir contra todos ellos?

- Desde luego.

- Entonces…

- Sé lo que dirás, pero no, sabes que hay cosas imposibles en este momento, y “eso” es una de ellas.


Evan miró a otro lado y mantuvo una expresión llena de rabia y frustración, Marcus lo entendía, quería ayudar a resolver este incidente, pero lamentablemente era un humano normal que ni siquiera tenía experiencia en combate, el cocinero procuró no ser directo con sus palabras para no dañar su orgullo. Por su lado, Destina se dirigió con paso firme hacia sus “superiores”.


- Iré con ustedes –declaró.

- Quizás lo mejor para ti sea quedarte aquí y…

- No tiene que preocuparse, señor Marcus –habló Rebeca luego de estar un buen tiempo en silencio–. Yo cuidaré esta zona hasta que regresen o todo se haya solucionado, pueden contar conmigo –su mirada decidida no daba cabida para discusiones, el cocinero suspiró, admitiendo su derrota.

- Bien –habló Inari– Nosotros iremos limpiando esta ciudad de la escoria que la azota, más te vale seguirme el ritmo Destina –advirtió sonriente.

- ¡Desde luego!


El trío partió dejando a Rebeca al cuidado de la familia de Evan, mientras el joven solo podía mirar impotente a esas tres personas marcharse, destruido por dentro por no ser más que un mero espectador de todo lo que había sucedido, incapaz de ser realmente útil en nada.

.
.
.


- Inari, ¿tienes alguna idea de cómo solucionar esto? –preguntó Marcus mientras corría detrás de su compañera, que no daba espacio para aflojar el ritmo.

- Al centro de la ciudad, ahí debe estar el causante de todo –respondió sin mirarle, centrada en su objetivo.

- ¿Q-q-quién podría ser? –La voz de Destina delataba claramente su fatiga, estaba empezando a quedarse atrás– N-no entiendo como… pueden moverse… tan rápido…

- Oye Inari, frena un poco la marcha –pidió Marcus.

- … Bien…


A pesar de estar enojada, sabía lo que podría causar a nivel de explicaciones si se tomaba todo tan apecho, debía al menos calmarse exteriormente para no dar una imagen extraña de sí misma. Obedeciendo, redujo un poco su andar para que así Destina pudiera seguirle el ritmo.


- Entre tanto, podrías explicarme, ¿qué averiguaste respecto a todo esto? –pidió Marcus.

- No tengo una información clara –empezó a detallar–. Pero por lo que sé, hay un grupo de humanos que desean la aniquilación absoluta de los demonios y monstruos, sin importar que estos ya no causen problemas a día de hoy.

- ¿Quiere decir, algo como un… un grupo fanático? –cuestionó Destina.

- Podríamos decir que sí, se hacen llamar los “Hijos de la luz”, lo descubrí hace poco.

- Oh, ¿es por eso que desapareció todo este tiempo? –preguntó intrigada la rubia–. No imagine que tuviese acceso a información como esa.

- Ya sabes –sonrió burlona–. No somos un simple par de dueños de un restaurante popular.

- De eso no tengo dudas –respondió, también sonriente.


Para cuando finalmente llegaron, se dieron cuenta de inmediato de la carencia de movimiento, no había nada en la zona, peleas o personas a simple vista, sin embargo…


- ¡Kyaahh! –gritó Destina.

- ¿Qué pa…? Ah, eres tú…


Inari no se dio cuenta cuándo, pero ese enmascarado, Ram, se las había arreglado para aparecer justo detrás de la rubia con una “cara” sonriente y provocándole un susto de muerte, Destina iba a conjurar un hechizo para inmovilizarlo, pero Inari de inmediato la detuvo.


- Tranquila, aunque sea un completo raro, es un aliado –aclaró a su acompañante.

- E… Está bien… –ni Inari ni Marcus la culpaban de su reacción, cualquiera se asustaría de que un tipo totalmente vestido de negro y una máscara sonriendo siniestramente le apareciera de golpe a su lado.

- Bueno, podrías decirme, ¿qué haces aquí? –preguntó la peli-blanca, a lo que el enmascarado sacó un cartel de sus ropas que decía “limpieza a domicilio”–. Entonces, debo asumir que te encargaste de limpiar esta zona de la ciudad, ¿correcto? –metió el cartel entre sus ropajes y lo sacó de nuevo, esta vez con la frase “solo limpio lo básico, la basura mayor está por allá” y abajo, una mano que apuntaba con su dedo índice hacia el centro del área.

Hasta ese momento, no había reparado en la presencia de una curiosa caja negra, era lo suficientemente grande como para ocultar de pie a un hombre adulto.


- Entonces, el responsable de todo esto, se encuentra allí… –ante el comentario de Marcus, Ram sacó otro cartel diciendo “La jaula no durará para siempre, es fuerte”, seguidamente sacó un segundo cartel diciendo “yo me encargo del resto, suerte >v<”.


En eso, la sombra de Ram se expandió, siendo tragado de inmediato por esta. Casi de inmediato después, la “caja” emitía sonidos de golpeas y agrietamientos constantes mientras temblaba ligeramente, el trío observó con seriedad aquel particular objeto, listos para enfrentar a la inminente amenaza.


- Bueno, es hora de la fiesta –habló Marcus, preparado para la acción.

- Lo secundo –Comentó Inari con una sonrisa socarrona.

- Igualmente –finalizó Destina


La “caja” estalló, liberando una fuerte presión de aire a la vez que todo el ambiente se tornaba de un color más denso, en eso, el trío observó a una figura humanoide emerger de los restos de aquella caja, vestido con una túnica blanca con capucha y con su cara cubierta de vendajes salvo su boca y nariz, aquella “persona” dirigió su rostro hacia los presentes, exclamando con voz solemne.


"Es hora de que el mundo despierte, la luz y la verdad deben manifestarse"


.
y
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[+] spoiler

Capítulo 6 – Vacaciones.

La persona se quedó en su lugar “mirando” fijamente al trío que estaba atento para con su persona, no parecía querer hacer nada aparente, pero no por ello Marcus, Inari y Destina bajaban su guardia ante un posible ataque sorpresa.


- ¿Quiénes son? ¿Buscan la guía de la luz? –preguntó, juzgando por el tono de su voz, se trataba de una mujer.

- No, lo que buscamos es acabar con el responsable de que la ciudad esté sumida en el Caos –respondió Inari con tono ácido dispuesta a acabar con la vida de aquella mujer de ser necesario.


En un principio la encapuchada se notaba extrañada, tenía la intención de pedir explicaciones pero fue obligada a reaccionar dando un salto hacia atrás cuando unos pilares de roca emergieron del suelo justo en la posición donde estaba hace un segundo, cuando contempló al grupo, especialmente a Inari, supo de inmediato que no eran simples ciudadanos perdidos y mucho menos, escucharían lo que tuviese que decir.


- ¿Hummm? Esto no me lo esperaba… tan pronto –comentó en tono bajo, pero logró ser escuchado por la peli-blanca.

- Entonces ya estabas preparada para recibirnos…

- ¿A ustedes? No exactamente, sabía que alguien intentaría detenerme, pero no quien ni a una hora tan temprana, debo decir –confesó–. Pensé que ese extraño lo haría, pero…

- ¿Quién eres y por qué haces esto? –habló Destina interrumpiéndola, con mirada desafiante.

- ¿En una situación así alguien ha sido tan tonto de responder esas preguntas? –se cuestionó, causando enojo en la rubia–. A la primera, me llamo Samsara, en cuanto a lo segundo, definitivamente no lo diré.

- Lo harás, si no nos lo dices, la guardia se encargará de hacerte hablar –exclamó desafiante Marcus, empezando a reunir una gran cantidad de magia en su cuerpo, detalle que no pasó desapercibido por la encapuchada.

- No será necesario, mi objetivo ha sido cumplido –sus palabras confundieron momentáneamente al trío, cosa que Samsara notó–. Lo sabrán al amanecer, por el momento me despido, que tengan una linda noche.

- Ni creas que vas a huir –dijo Inari desafiante.


Ella dio un pisotón al suelo y, tal como con el minotauro, el suelo donde estaba Samsara se hundió, tragándola por completo para seguidamente el suelo de alrededor se compactar alrededor formando una prisión improvisada. Sin embargo, para cuando Inari se acercó para inspeccionar, se dio cuenta con asombro que la mujer ya no estaba allí.


- Esto no puede ser posible –expresó incrédula.

- Estaba segura de que fue atrapada, ¿acaso puede moverse debajo de la tierra? –se cuestionó Destina.

- No creo –respondió Inari segura–. De haberlo intentado lo habría notado, ella no manipuló la tierra de ninguna forma –aseguró.

- Entonces, ¿algún hechizo de tele-transportación? –preguntó Marcus a sus acompañantes.

- Si es así, debe ser un mago muy poderoso, incluso más tomando en cuenta que aparentemente no realizó ningún cántico –comentó Destina pensativa.


Inari cerró los ojos y se concentró en intentar rastrear a Samsara, pero no pudo encontrarla.


- No siento su presencia en ningún lado, debió haber preparado todo muy bien de antemano –dijo suspirando de frustración.

- Creo que no podemos hacer nada de momento –acotó Marcus con cierto enfado–. Por ahora, volvamos con Evan y su familia.

- ¿No vamos a limpiar la ciudad? –pregunto Destina curiosa.

- Con Ram a la cabeza, ese problema ya ha sido resuelto –explicó Inari desganada.

- Usted parece conocerlo muy bien…

- Sí, desafortunadamente así es…


No ocurrió nada más aquella noche, los invasores restantes fueron eventualmente repelidos y la gente nuevamente podía respirar tranquila, sin embargo no todo estaba tan bien como le gustarían. Tal y como comprobarían Marcus e Inari al día siguiente cada que atendían a los clientes que llegaban…


“Esos malditos demonios destrozaron mi hogar…”
“Mi primo acabó con el brazo roto y con ambas piernas quebradas…”
“Pude estar a salvo con mi familia, pero uno de mis vecinos amaneció muerto”
“Esos demonios traidores ¡Cómo se atreven a romper el pacto que formamos hace cinco décadas!”
“Lo sabía, esos demonios solo son una plaga que debe ser eliminada, deberíamos actuar ahora que se repliegan”.


Esas y más eran las frases que se podían escuchar continuamente en el establecimiento, Destina y Evan tuvieron recibieron lógicamente el día libre para digerir y tratar con los asuntos recientemente ocurridos.

Ya terminada la jornada laboral, ambos estaban cenando en el comedor privado del restaurante, cada quien inmerso en sus propios pensamientos acerca de lo ocurrido hace varias horas…


- Dime, Marcus –comentó Inari en tono casual, llamando la atención del cocinero– ¿Qué crees que sucederá a partir de ahora? –el hombre la miró por unos segundos, pensando en las no pocas posibilidades las cuales en su mayoría no pitaban un buen panorama.

- La actitud de los clientes de hoy deberían hacerte a la idea –resopló–. Encendieron la chispa del odio contra los demonios de nuevo, no sé la forma en que los gobiernos procederán, pero esto definitivamente no quedará impune por los afectados y exigirán justicia –se lamentó.

- ……… Me gustaría buscar a esos “hijos de la luz”…


Marcus no pudo evitar sentir preocupación por aquella declaración, incluso cuando mostrara un semblante tranquilo, era consciente del enojo de la peli-blanca y temía que ese sentimiento le hiciera actuar de manera precipitada en algún momento.


- Tengo mis dudas…

- ¿Eso es un no? –su enojo empezó a aflorar un poco.

- No quise decir eso –suspiró el cocinero– Suponiendo que vamos a buscarlos, ¿dónde se supone que comenzaremos? Está claro que Stonegold solo fungió de punto para gatillar sea lo que sea que estén tramando.

- En Ambrose, por supuesto.


Marcus arqueó una ceja curioso. Inari ni siquiera dudó en la respuesta que le había proporcionado.


- ¿Alguna razón en particular para ello, Inari?

- ¿Recuerdas que dije haber descubierto información sobre los hijos de la luz?

- Sí.

- Cuando me fui a “ese” lugar, tuve la oportunidad de charlar con dos sujetos que habían sido capturados, ambos portaban pulsars, de los cuales uno era falso –reveló.


El interés del hombre se disparó de inmediato, ya empezaba a tener una idea clara de lo que su compañera pretendía.


- Supongo que recuerdas, Marcus, cuando Rebeca mencionó sobre los “rumores” de fabricación en masa de pulsars en Ambrose y de una posible “preparación”…

- ¿Insinúas que Ambrose sería la responsable directa lo que sucedió anoche? Dudo enormemente que vayan a hacer algo como una declaración de guerra…

- Eso lo sé, sería estúpido que hicieran eso de forma deliberada y violaría el tratado de hace 50 años, pero eso no significa que puedan hacer algo de manera… “extraoficial”…

- Hmmm –Marcus se reclinó hacia atrás, pensativo–. Supongo que puedo imaginarme tu teoría.

- Sorpréndeme –le pidió, a lo que el hombre, tomando necesarias bocanadas de aire, comenzó a explicar.

- Alguien de alto rango en Ambrose se las arregló para convencer al consejo de allí que debían iniciar, mediante un método desconocido, la fabricación de pulsars masivamente para aumentar las defensas tanto de su territorio como el de las naciones vecinas, al mismo tiempo y de forma confidencial, los hijos de la luz estarían recibiendo armamento de esta índole así como otros posibles recursos para realizar sus operaciones de una forma relativamente sencilla bajo la sombra del anonimato. La idea con el ataque en Stonegold era hacer ver a los demonios como una amenaza, y podrían incluso culparlos de aprovecharse de una ciudad casi carente de defensas como parte del pacto realizado hace cinco décadas, así la idea de exterminar a los demonios y demás criaturas sobrenaturales sería algo muy recurrente en la mente de los habitantes. Y los responsables podrían actuar bajo la premisa de “es por el bien de nuestra gente” o algo similar.

- Podríamos decir que tienes la idea –rió al comentar cierta parte de sus pensamientos– Y lo más importante… Las acciones que hacen, especialmente con las dos últimas…

- ¿Hay algo más además de la invasión de anoche? –preguntó al ver que se refería a no una, sino “dos” acciones.


Inari ensombreció su expresión.


- Un traidor entre las filas demoníacas…

- Lo dices por…

- Ese minotauro lo mencionó –dijo de forma reflexiva–. Si eso es así, empezaría a comprender el cómo unos “simples humanos” se las arreglarían para haber matado al hijo de Belial.

- ¿¡Belial!? –Marcus abrió sus ojos a más no poder, eso era algo que implicaba demasiado, frotó sus sienes sintiendo de forma inmediata como si un bloque le hubiese golpeado– En serio, no me puedo creer que hayan logrado tener un poder tan grande como para hacer tal cosa.

- Y quizás ese “poder” viene dentro de las propias filas de sus “enemigos”. Marcus, si de verdad todo esto acaba siendo parte de una confabulación para incitar ambas partes a una guerra, es indispensable parar esto tan pronto como sea posible.


Marcus observó un largo rato a la peliblanca, conforme más información se revelaba más le quedaba en claro que esto no era algo para pasar por alto, con esas ideas en su mente llegó a una conclusión clara, había que actuar inmediatamente y detener toda esta locura que se estaba formando.


- Supongo que esto me limita a una pregunta.

- ¿Cuál?

- ¿Cuándo partiremos?


Inari sonrió complacida, entendiendo que Marcus también deseaba participar en esta tarea.


- Bueno, primero habrá que tratar con el asunto de nuestros queridos trabajadores…

- De eso podemos empezar a ocuparnos mañana –dijo sin tomarle demasiada importancia– Aunque, estoy seguro de que en Ambrose no nos van a decir tan amablemente sobre la razón de la creación de los pulsars ni sobre los hijos de la luz sin que nos quieran cortar las cabezas –dijo en tono bromista.

- Cierto, pero creo que hay alguien que podría ayudarnos –el hombre arqueó una ceja, curioso.

- Y esa persona es…

- El sujeto que organizó la obra del festival.

- ¿Eh?

- Ya sabes, Dan Montaine.

- Ah, comprendo, pero a estas alturas dudo que esté en la ciudad, e incluso si lo llegara a estar la invasión debió haberlo espantado –comentó con cierto desgano, aunque Inari no se veía nada desanimada.

- Tal vez nosotros no, pero sé de alguien que sí –le guiñó un ojo.

- ……… ¿Ram?

- Hahahaha, tardaste –respiró hondo para calmar su risa no compartida por el rostro de circunstancias del cocinero–. Pero sí, él estaba allí ayudándolo de alguna forma, estoy segura de que debe saber su ubicación, o por lo menos las rutas que tomaría después, o puede que si tenemos suerte sea el mismo Ram quien nos proporcione lo que necesitamos.

- Es un buen punto, pero no seré yo quien trate con él –advirtió.

- Sí, sí.


A pesar de que no habían tratado completamente el tema y que aún conservaban muchas preguntas sin respuesta, decidieron que lo mejor sería digerir lo que tenían en ese momento y continuar con más tranquilidad en el futuro próximo.

.
.
.

A la mañana siguiente iniciaron su rutina laboral como de costumbre, Destina y Evan entraron por la puerta principal del restaurante que aún no tenía clientes, sin embargo en sus rostros solo se denotaba incredulidad y asombro.


- Oye, Inari –llamó Evan a la peliblanca que se encontraba al otro lado del mostrador– ¿Cómo es eso de que cierran por tiempo indefinido el restaurante a partir de mañana? –preguntó, en referencia al aviso que se encontraba colgando de la entrada, detallando exactamente lo que el joven había dicho.

- Eso mismo, querido Evan –habló con calma, saliendo del mostrador y colocándose al lado de los jóvenes–. Nos iremos a unas vacaciones a Ambrose para mañana –las quejas del joven no se hicieron esperar.

- ¿Pero por qué hacerlo así de repente? ¿Acaso tiene que ver con lo que pasó hace un par de días? Por lo menos podrían haber…!


Inari, sonriente, tomó a Evan y le dio un cálido abrazo acurrucando su cabeza en su pecho callando de golpe cualquier sonido proveniente de su boca, el muchacho, aturdido, confundido y sumamente avergonzado se quedó congelado en su lugar mientras Inari acariciaba suavemente su cabeza con una sonrisa materna.


- Tranquilo mi Evan, sé que será duro afrontar mi ausencia pero te aseguro estaremos aquí tan pronto como nos sea posible, ¿de acuerdo?

Incluso con la dulzura de su voz, la burla estaba implícita en cada palabra que salía de su boca, tanto ella como Evan eran conscientes de eso, pero eso no evito el fuerte sonrojo del joven empleado y sus intentos de quitarse de encima a la bella mujer que le abrazaba. Destina solo estaba allí mirando con cierta gracia la reacción de su compañero de trabajo.


- Bien, bien, lo que sea, solo váyanse ya –dijo en tono molesto, sin perder la vergüenza.

- Pero qué cruel, después de que te trato tan mimosamente –se “lamentó” la mujer.

- Sabes, si la gente perdiera un pelo por cada mentira y frase irónica que dice, ya estarías calva.

- Tú también –le sonrió y se le acercó a su rostro, peligrosamente cerca–. Y tanto sería así que no solo tu cabeza se quedaría calva.


Evan se tragó lo que iba a decir, sabía que esto solo llevaría a un efecto domino en donde acabaría mal parado de todas formas, solo se limitó a ignorarle y a trabajar, a pesar de la ausencia de clientes al menos en ese momento.

Destina por su parte, también tenía sus dudas, por lo que no dudo en intentar aplacarlas con Inari, al menos sabía que no le montaría un teatro como con Evan.


- Pero Inari, ¿acaso ocurrió algo para que tomen una decisión tan de la nada? –ella no creía eso de “vacaciones” dadas las situaciones ocurridas recientemente, pero tampoco quería ser tan directa.

- Podría decirse, aunque dije vacaciones, probablemente estemos tan o más ocupados que aquí –suspiró con pesadez.

- ¿Y qué haremos nosotros hasta entonces?

- Marcus les pagará el mes por adelantado, así no tendrá que preocuparse por su fuente de ingresos sin mencionar que un mes será el tiempo máximo que nos comprometimos a estar fuera siempre y cuando no suceda nada a último minuto que retrase nuestro regreso –la rubia miró curiosa a la peli-blanca.

- Ya lo tenían pensado todo…

- Sí, por cierto, también me gustaría decir algo…

- ¿Sobre? –observó a Inari acercarse a ella, lo que la extrañó, tal vez sería un tema serio a tratar.

- ¿Cómo percibes a Evan?

- ¿Eh?


Esa pregunta no se la esperaba. Y era visible pro la expresión de su cara.


- Me refiero, ¿amigo, conocido, insoportable? –ese último término hizo reír a la rubia.

- Bueno, un amigo algo inocente, pero agradable –respondió sin tapujos– ¿Por qué la pregunta?

- Bueno, no sé si lo notas, pero Evan está algo afectado por el incidente que sufrió la ciudad. Ya sabes, no le agradó la idea de no poder ser de ayuda –Destina pareció comprender a lo que se refería.

- Oh, creo que entiendo, ¿y qué quiere que haga por él?

- Como nosotros estaremos fuera un tiempo, me preguntaba si podrías… animarlo un poco –lo observó de reojo, limpiando con frenesí una de las mesas–. Esto claro, solo si estás de acuerdo –ante las palabras de Inari, Destina sonrió.

- No tengo problemas, aunque primero debo pensar en qué hacer –comentó riendo por lo bajo.

- De acuerdo, creo que con esto ya está todo zanjado –dijo para regresar al trabajo, los clientes empezaban a llegar y las ordenes empezaban a escucharse, sin embargo a medio camino también recordó algo importante, por lo que dio media vuelta para encarar a Destina–. Y por favor, procura evitar a cualquier fuerza militar o política que llegue a Stonegold, no sabemos si “ella” se dedicó a dar información sobre nosotros.


Su tono serio recalcaba lo que quería dar a entender, aún no podían afirmar que el gobierno de ambrose estaría vinculado con el incidente, pero tampoco era imposible y por ende, era prioritario mantener un perfil lo más bajo posible hasta haber obtenido mayor información. Destina lo comprendió y asintió antes de proseguir con la rutina.

El día continuó con normalidad hasta la mañana siguiente, donde Marcus e Inari cargando con equipaje ligero cerraban el local a las siete de la mañana, dejando el cartel de cerrado hasta nuevo aviso, una vez hecho eso se dirigieron dos calles al sur donde una carreta tirada por dos caballos los esperaba. Ingresaron sin complicaciones y pidieron al hombre que controlaba los equinos que diera marcha, este obedeció y agitó las cuerdas dando la orden a los caballos de marchar, durante el trayecto ambos pasajeros mantenían rostros de notable tranquilidad.


- Ram nos esperará al llegar a Ambrose –comentó Inari.

- Comprendo, pero todavía hay algo que me gustaría saber.

- ¿Qué cosa?

- ¿Por qué no simplemente nos tele-portaste allá en lugar de tener que ir en carroza?


Inari se tapó sutilmente los labios con su mano derecha, mirando con gracia y sorna a su acompañante sentado al frente de ella.


- Querido Marcus, si no fueras tan alérgico a las vacaciones y a los viajes por el mundo, seguramente podría haber hecho eso, recuerda que mi tele-transporte no funciona si no he estado en ese lugar previamente –era algo que Inari siempre le había reclamado, y ahora por fin pudo desquitarse con su tacaño compañero amante del trabajo.

Esas fueron las palabras que compartieron durante todo el viaje…



con esto termino por ahora ¿? (debo dejar de estar despierto a estas horas, en serio...) Bye :D

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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 6)

Mensaje por Jaritu » Mié Ene 17, 2018 6:35 pm

Trasnochar no es bueno para la salud. :worrykuren:

La historia es entretenida, tal vez algún detallito por ahí y por allá, pero bastante bien. :proud:

Pensé que el ataque seria algun sueño de Marcus, en plan, flashback de la guerra, no esperaba un ataque tan así de la nada.

Evans es algo más agradable pero es un inutil, pobre. Pero si tuviera que apostar conseguira en algun momento un pulsar. :abanico:

Bueno, veamos que pasa con estos hijos de la luz, los misterios me gustan. :yay:
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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 6)

Mensaje por Gilgamesh » Mar Feb 27, 2018 5:10 pm

Bueno, esta vez no me he trasnochado, eso es un avance :D

Ahora sí, el cap
[+] spoiler
Capítulo 7 – La Tierra de Hierro.​



Ambrose era el lugar más próspero, poderoso e influyente económica y tecnológicamente de la región de Tarsia, la principal zona de producción de armas así como el lugar donde se encuentra el consulado que funge de conexión política con los gobiernos humanos repartidos por el continente, juntando a los líderes de la región y que además, conecta con el gran baluarte en el continente de Ibondia. El Bastión final de la humanidad.

Gran parte de la región de Tarsia estaba limitada por una gran muralla de metal y piedra acompañada por centenares de torres repartidas en toda su extensión, y el único acceso por tierra es a través de enormes portones de hierro vigilados por guardias y golems levantados con magia, eso simplemente para entrar a la región, Ambrose todavía estaba a un buen puñado de horas desde allí.

La carreta atravesó el control sin ningún inconveniente, pasadas las horas llegaron finalmente a una ciudad con muros ni remotamente tan exagerados como los anteriores, nuevamente pasaron los controles sin problemas, arribaron a una zona más bien tranquila frente a un edificio, se bajaron y cargaron con su equipaje, agradecieron al hombre de la carreta quien recibió su pago, deseándoles un buen día antes de marcharse.

Sin embargo y tan pronto como aquel hombre giró y se perdió de vista por una calle, una sombra redonda se formó justo en el suelo frente a la pareja, de la cual Ram salió casi instantáneamente con una cara “feliz” Llevando una carta sobre un paquete pequeño en su mano derecha, la cual extendió hacia Inari.


- ¿Y esto? –tomó lo que Ram le ofreció y este, haciendo un gesto como si levantara cortésmente un inexistente sombrero sobre su cabeza, fue tragado por la sombra de donde vino.


Inari entregó el paquete a Marcus y se centró en la carta, al abrirla, había un par de papeles que comenzó a leer pausadamente.

“Un cordial saludo señora Inari Bloodlust, me dirijo a usted por la presente carta por la petición de mi antiguo socio quien responde al nombre de -RAM- que usted solicitaba información sobre los pulsars que se utilizaron en el festival de conmemoración realizado en Stonegold, lamento decirle que no puedo comentarlo directamente debido a ciertas restricciones de contrato, pero como compensación anexo una dirección que le llevará a un distribuidor, sé por parte de -RAM- que usted estará en Ambrose, por lo que no le debería ser ningún problema llegar, el paquete que vendrá junto a esta carta debe ser entregada al proveedor quien responde al nombre de –Sergei Lawrence-. Cuando lo haga, el proveedor entenderá la situación y podrá hacerle las interrogantes que desee.

Atte: Dan Montaine. ”



- Ohh, parece que Ram hizo los deberes –comentó feliz guardando la carta para ojear el segundo papel, el cual resultó ser un mapa con la dirección del punto de encuentro marcada en rojo. Haciendo lo mismo que la carta la guardó, y observó curiosa el paquete que conservaba en sus manos.

- Por si acaso, no creo que sea buena idea abrirlo –advirtió Marcus.

- No iba a hacer ¿Por quién me tomas?

- Por una mujer muy difícil de predecir.

- Hmph, desconozco como debería tomarme eso –espetó con una mirada cautelosa dirigida a su acompañante.

- Solo vamos a una posada o algo y luego ya podremos empezar con lo que vinimos –sugirió empezando a caminar, siendo seguido por Inari.

- Espero que tengan un trato decente. Y por cierto, no iremos hoy mismo, tenemos todo un mes y quiero aprovecharlo –sus palabras y su expresión severa eran un claro indicativo de que Inari se aseguraría de pasear por cada rincón de Ambrose y posiblemente sus alrededores mientras permaneciesen allí, y por supuesto, arrastraría a Marcus con ella, para “suerte” del cocinero quien solo suspiró en señal de derrota.

- No estoy seguro de si me entretendré en la famosa “Tierra de hierro” –comentó con aire exageradamente melancólico.


Curiosamente Ambrose, a pesar de llevar el epíteto de “La Tierra de Hierro” por muchos, al menos en las zonas exteriores no era muy distinta a lo que sería Stonegold u otra ciudad similar, y si bien es cierto que contaba con una mayor cantidad de edificios y de mayor tamaño, no producía esa sensación de estar en un gran complejo industrial que cualquiera habría podido pensar de haber escuchado las historias que salían fuera de sus muros.

No les tomó mucho tiempo para encontrar una buena posada, registrarse y sopesar la mirada bastante extrañada de la recepcionista al ver que solicitaban un mes al completo cuando lo normal por allí con suerte llegaba a la semana. Al salir y por decisión dictatorial de Inari, su primera parada “vacacional” sería un museo de arte de corte oriental.


- Debo decir, que esperaba algo más de vida en este sitio –comentó Inari mirando a los lados, apenas y había gente caminando por los alrededores.


- Opino lo mismo, tal vez solo estamos en una zona apagada de la ciudad y…


Marcus frenó y detuvo a la peli-blanca al sujetarla del hombro, cuando esta iba a preguntar el motivo de su acción, Marcus centró su vista en un lugar específico calle adelante, al seguir Inari su mirada, notó a un par de personas vestidas de blanco hablando con varias personas.


- Esa vestimenta…

- Los hijos de la luz, seguramente…

- ¿Qué hacemos Marcus? –preguntó mirándolos fijamente.

- Actuar con normalidad –dijo simplemente, haciendo que Inari le mirase con cierta extrañeza.

- ¿Seguro? Tal vez se nos puedan poner las cosas complicadas si nos identifican por culpa de aquella mujer...

- Tal vez, pero no quiero pasar mi estadía en un estado de constante paranoia, si algo sale mal, siempre podemos contar con el “viaje rápido” para ir a casa–le recordó.


Si bien Marcus no le quitaba razón, tampoco veía apropiado el intentar pasar siempre desapercibidos podría causar justamente lo opuesto y llamar la atención, especialmente por lo explosiva que a veces puede llegar a ser Inari.


- Honestamente no sé si alegrarme por tu falta de preocupación ante las cosas, Marcus –comentó desganada, el mencionado se encogió de hombros.

- Mejor sigamos y despejemos la mente un momento, ya luego veremos si hace falta o no ponernos alerta –dijo mientras reanudaba su paso, seguido de Inari quien no objetó más.



.

.

.


Paralelamente, en el centro de Ambrose se encontraba una gran estructura en forma de medio óvalo, lugar conocido como “El Atrium”, en donde se realizaban importantes reuniones que podían afectar no solo a Ambrose, sino a las distintas naciones del continente. Delante de estas, dos grandes líneas de edificaciones que formaban casi un muro a cada lado, constituidas totalmente de fábricas y fundiciones llamadas “líneas rojas”. De donde cientos de trabajadores iban y venían y cuyas actividades no cesaban independientemente de la hora del día

En El Atrium, se estaba realizando los preparativos para una reunión muy particular, en la que solo asistían un grupo reducido para los 88 asientos disponibles de forma circular ante una gran mesa redonda, donde solo siete de estas estaban ocupadas por seis hombres y una mujer, cada quien vistiendo de forma elegante y pulcra, esperando la llegada de alguien muy particular.

Por la entrada principal custodiada por guardias, ingresaron dos figuras con paso lento, llamando la atención de los presentes no por ellos en sí, sino por un curioso ruido constante de cadenas siendo agitadas. La primera figura se revelaba como un hombre de edad madura vistiendo una túnica negra sin muchos detalles, ojos negros y cabello marrón oscuro alborotado, y a su lado, una chica aparentemente joven de cabello largo y negro con puntas ligeramente onduladas, ojos de un intenso amarillo sin pupila y piel blanca, quien tenía un atuendo mucho más curioso.

Vistiendo solamente unos pantalones anchos blancos y vendajes blancos en su pecho fungiendo como un top improvisado, su vestimenta no era nada acorde a lo que se vería en una reunión de “política”, pero por lejos lo que más destacaba era que llevaba brazaletes, grilletes en los tobillos y un collar con una gema roja preciosa incrustada en su centro, todos de un color dorado tenue, unidos por una serie de pequeñas cadenas que se conectaban desde el propio collar y terminaban en su respectivo brazalete y grillete, fue fácil dilucidar para los presentes que ella era la causa del constante sonido de las cadenas, pero no podían evitar preguntarse la razón por la que llevaba esos accesorios consigo, cualquiera fácilmente podría malinterpretar pensando que sería algún tipo de sirviente o esclava. A pesar de todo nadie objetaba al respecto, los guardias hicieron caso omiso y solo continuaron con su labor.


- Disculpen la tardanza, se presentaron contratiempos de última hora y no pudimos llegar en el tiempo establecido –se disculpó el hombre haciendo una reverencia leve, la joven a su lado le secundó.

- No debe preocuparse –habló el que a simple vista era el más viejo de todos, no muy alto y con un cabelló negro decolorado en ciertos puntos, y ojos de un color avellana opaco– Sin embargo y lamentando mi imprudencia, debo preguntar, ¿quién es usted?

- Ciertamente no me conocen, Soy consciente de que el señor Yarn debía presentarse, sin embargo y como dije hace un momento, se presentaron inconvenientes de última hora y tuvo que verse forzado a traer alguien que lo reemplazase en su lugar, mi nombres es Rugal Azgiaro, y ella es mi acompañante y guardaespaldas, Naisha.

- Un placer –respondió la mencionada, en un tono cortés, pero manteniendo una expresión neutra.

- Si ese es el caso, no debería haber problema –habló esta vez la única mujer, joven a comparación del resto, de ojos zafiro y con una cabellera rojiza– Pero no tienen que permanecer ahí de pie, tomen asiento por favor.


Ante el ofrecimiento, ambos asintieron agradecidos y tomaron asiento en el lado opuesto a donde el grupo se encontraba para encararles, mientras Rugal se mostraba sereno, Naisha parecía incómoda, aunque no podían determinar si era por estar allí o las propias cadenas le provocaban dicha reacción.


- Bueno –tomó la palabra el anciano mayor– Debido a esta decisión de última hora, supongo que lo mejor por el momento es que nosotros nos presentemos adecuadamente también –comentó sin que nadie objetara su decisión– Soy el consejero de Ambrose, Ion Straw.

- Representante de Marastain de la región de Lumen, Katherine Rogolios –se presentó la mujer.

- Valdish Rumern, Primer ministro del Gran Baluarte –dijo un hombre de cabellera grisácea y con anteojos vistiendo un atuendo predominantemente blanco.

- Martin Burtold, representante de Imaya y toda la isla Marauder –dijo otro más, el más joven a simple vista de todos con cabello negro y ropajes marrones.

- Carius Dortex, consejero real de Betomia, en Sandstorm –siguió otro, de cabellera café, barba, bigote y atuendo gris.

- Roger Marshall, Concejal de la catedral de Eliseo, en Solorius –siguió el penúltimo, con cabello blanco y traje del mismo color.

- Rigel Visconde, gobernador de Sontegold, en Rosgaria –dijo el último de ellos, con un atuendo entre blanco y negro.

- Bueno, supongo que con esto, ya podemos dar por iniciada la sesión –tomó la palabra Long, siendo apoyado por los presentes.


Ya habiendo hecho las presentaciones correspondientes, iniciarían a puertas cerradas los debates sobre los acontecimientos ocurridos y las acciones que se tomarían a futuro y el cómo afectaría tanto a los humanos como a los demonios y otras especies del continente.


.

.

.

.

.


Evan terminaba de lavar los platos sucios en la cocina después de un surtido almuerzo, había decidido que por el momento mantendría el asunto de las “vacaciones” de sus jefes en secreto, principalmente porque así evitaría que estos lo intentaran meter en alguna otra cosa para ocupar su tiempo libre, y era algo que no le apetecía realmente limitándose a decir que cambiaría su turno por la tarde de forma temporal, sin dar mucha explicaciones.


- Me voy al trabajo –anunció mientras abría la puerta de su casa que conducía al exterior.

- ¡Que te vaya bien! –dijo su madre desde algún lado de la casa.



No tenía mucho que hacer realmente, aunque tenía amigos y todo eso que un joven de su edad tenía, su idea de independizarse desde tan temprano provocó un distanciamiento involuntario con sus amigos, y nuevamente, limitaba sus opciones de entretenimiento.

Empezó a ojear con la mirada de aquí para allá intentando encontrar algo que fuera de su interés, aunque al principio no notó nada llamativo, al pasar el tiempo se dio cuenta de que estaba cerca del centro de la ciudad, y que un gran cúmulo de gente de había reunido allí. Motivado por la curiosidad se dirigió y se aventuró entre la multitud cual espesa maleza para tener una vista clara de lo que estaba sucediendo.

En el medio se encontraba un grupo de no menos de doscientos soldados cubiertos de metal, con algunos emblemas azules distinguibles y portando el clásico arsenal de espada y escudo. Todos firmes frente a lo que parecía una tarima en donde se encontraban cinco individuos, cuatro de ellos vistiendo túnicas blancas y el último, una túnica negra con capucha que evitaba ver bien su rostro.


- "Aquellos deben ser los hijos de la luz ¿Pero qué hacen frente a esos soldados, los dirigirán?" –pensó manteniendo su mirada fija en el personaje de vestimentas negras, quien “aparentemente” era quien dirigía.


El sujeto de negro habló a voz fuerte e hizo un llamado de atención dirigido a los soldados, hasta ahora, Evan no había reparado en la gran guadaña que portaba, dándole un aire más de verdugo que de alguien dirigiendo palabras a cualquier tropa.


- ¡Deee acueeeerdoooo señooores y señoriiitas!, si es que hay una mujer ahí, ¡porque con tanta lata que llevan encima ni sé que son la verdad! –dijo para luego soltar una risa exagerada.


Y su voz y forma de hablar tampoco eran acordes… El silencio reinó casi tanto como en un cementerio desolado, solo roto por la brisa y las palabras de aquel hombre tan... extravagante…


- Debido a los desafortunaaados acontecimientos vividos hace ya varios días, concretamente… vhmvhmvhm –empezó a contar con los dedos mientras murmuraba– Una semana, creo… más o menos…


No eran solo él, casi todos los presentes se preguntaba cómo diablos podía ser tan despreocupado.


- Estos asuntos se trataron de manera concienzuda y decidieron enviar un destacamento para garantizar la protección de Stonegold ante posibles amenazas, por supuesto este solo es el primer grupo, los demás llegarán eventualmente entre hoy y mañana. Antes que nada hay que ser claros. ¡Esto NO es para iniciar una guerra!, solo se establecerán perímetros de defensa donde cualquier demonio o monstruo que cruce los límites se considerará hostil más un posible toque de queda, ya que ese ha sido el comunicado oficial, ¡así que ya lo oyeron audiencia chismosa!, ¡estén tranquilos que guerra no hay, y si la hay, ya les aviso cuando correr despavoridos gritando “ES EL FIN DEL MUNDO” y lo que se les ocurra!

Muchos de los espectadores se habían quedado fríos con lo que acababan de presenciar, algunos murmuraban extrañados, otros se sentían indignados, y otros simplemente pensaban que era un payaso montando un teatro barato y pronto sería sacado, pero no, todo era muy “en serio”, si es que así podrían considerarse tal escenario frente a sus ojos.

Al mismo tiempo, el rostro de Evan era todo un poema, no dijo ni miró nada en particular, simplemente dio media vuelta y, moviéndose entre la aún aturdida audiencia, se marchó del lugar sin poder evitar cuestionarse como a un idiota como ese le permitían dirigir nada.

Al final terminó en una banca en un pequeño parque alejado del ajetreo, con la tranquilidad del ambiente finalmente pudo ordenar mejor su mente tras ver aquella escena de locos, se relajó y se quedó allí sentado durante un largo rato pensando en sus cosas, hasta que una voz conocida le llamo.


- ¿Evan?


El tono le era inconfundible, al centrar su vista a la dirección de la voz, observó a su compañera de trabajo Destina, la rubia le miró sonriente y le saludó con la mano mientras se acercaba a su posición, aumentando los nervios del joven quien devolvió el saludo, pero logrando mantener la calma lo suficiente para no ser evidente.


- ¿Puedo sentarme? –preguntó con cortesía.

- No tienes razón para pedir permiso –respondió apartándose un poco, permitiéndola sentarse a su lado y así lo hizo.

- ¿Te pasa algo? Te mirabas muy pensativo.

- ¿Sí? Bueno, si hubieses visto lo que yo, seguramente estarías igual –suspiró.


Pasaron unos minutos sin que ninguno dijera nada, Destina no aparentaba molestia, caso contrario en Evan quien sufría una guerra interna por intentar iniciar alguna conversación sin parecer un completo idiota.


- ¿Y qué has estado haciendo estos días “libres”, Destina? –preguntó rompiendo finalmente el silencio llamando la atención de la rubia.

- No mucho, aparte de pasear por Stonegold para conocerla mejor y ayudar en casa, por no imaginarme que tendría “vacaciones” tan pronto, no tengo nada importante que hacer –estiró su cuerpo con poco desdén–. ¿Y qué hay de ti?

- Lo mismo –nuevamente reinó el silencio en ambos por un momento– Oye Destina…

- Dime.

- ¿Qué se necesita para aprender magia?

- ¿Cómo? –la oji-verde parpadeó repetidas veces como si no captara lo que el joven acabase de decir.

- Verás, desde esa vez, no he podido dejar de pensar en lo inútil que fui, y me gustaría poder hacer algo más que quedarme relegado a segundo plano.


Destina recordó las palabras que Inari le había dicho poco antes de marcharse, era tal y como ella lo había descrito, ese sentimiento de impotencia en Evan por no haber podido hacer nada lo seguía atormentando y probablemente lo atormentaría durante mucho tiempo más. Aunque sabía que eventualmente el tema saldría a colación, seguía sin tener una idea clara de que hacer.


- Bueno, no es algo que todos puedan hacer porque sí hay que cumplir una serie de requisitos –dijo intentando empezar por lo básico.

- ¿Cómo cuáles?

- Tener afinidad a la magia para empezar, después ser capaz de cultivarla y dominarla sin que termines destruyendo todo a tu alrededor.

- ¿Y cómo puedo saber si soy afín o no?

- Pues tendrías que ir a realizar una prueba por un mago certificado, usan una especie de talismanes alrededor de ti, cuanta mayor cantidad brille, más afin serás, a partir de ahí empezarían los preparativos para saber en qué campo te desenvuelves –se detuvo un momento– ¿Pero estás seguro de que quieres ser un mago?

- ¿Es algo malo?

- No, es solo que no es tan fácil como decir “bola de fuego” y aparecerá sin más.

- Hehe, lo sé, si no fuera así, todo estaría atiborrado de gente con bastones y sombreros de bruja –bromeó.

- Y está la segunda opción –comentó de repente, llamando la atención del joven, aunque esta se notaba algo nerviosa.

- ¿Y esa es?

- Beber del agua divina del manantial del bosque de los druidas.


Evan sopesaba ambas posibilidades, mientras a la distancia se acercaba alguien quien ya había fijado su atención en aquel par de jóvenes.

O también obtener un Pulsar.
Bien, listo, con esto doy por terminado la sesión de hoy bye&bye.

:neet:

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Re: (no touhou) El Legado de un Emperador (Capítulo 7)

Mensaje por Gilgamesh » Jue Abr 19, 2018 6:29 am

Bueno, tras una eternidad decidí traer otro cap más...
[+] spoiler

Capítulo 8 - Opciones.​



- De ningún modo.

- No hay forma de que sea así.

- Debe ser un error sin duda.

- Hasta no haber pruebas contundentes no hay razón para dar una conclusión así.


Eran algunas de las frases que se escuchaban dentro del Atrium, lugar donde una reunión muy importante se llevaba a cabo, la razón por la que los ancianos allí reunidos expresaran ese tipo de respuestas, se debía a la resolución del Rugal Azgiaro de que el principal motor de ejecución tras el “atentado” en Stonegold podría provenir de las filas humanas a pesar de que los agresores fueron identificados justamente del “bando” opuesto.


- Considero que algo así debe tomarse con precaución, señor Rugal. –expresó con solemnidad Ion Straw.

- Puede ser, de hecho, si solo dijera esto en base a lo que “creo” es, entonces podría ser hasta tonto de mi parte sacar una conclusión sabiendo que podría comprometer tanto mi reputación como la de mi gente.

- ¿Entonces por qué expresar tal cosa? ¿Acaso tiene realmente pruebas de que en efecto es en Ambrose donde se está orquestando estos ataques? Porque tengo entendido que también hay demonios involucrados –cuestionó esta vez Carius Dortex mostrándose bastante escéptico.

- Eso es verdad, de hecho no dudo de que entre nuestras filas hayan quienes apoyen una nueva guerra, después de todo la gran mayoría de monstruos y demonios estamos de acuerdo en mantener la paz que finalmente se ha logrado forjar, sin embargo es eso, la gran mayoría más no todos. Y en cuanto a las pruebas…


Rugal miró a Naisha quien le devolvió la mirada y asintió, ella se levantó y juntó sus palmas rápidamente dando un aplauso, y en el centro de la mesa una luz apareció tomando desprevenidos a los representantes de los reinos humanos, para cuando la luz se disipó, se hallaba en ese lugar un bastón con grabados extraños.


- Eso es…

- Igneus, el bastón de fuego y uno de los once Pulsar que se encuentran bajo el dominio humano, y este tengo entendido, se encontraba en Ibondia pero fue trasladado a Ambrose hace aproximadamente un año –detalló con un semblante sombrío.


Los representantes se mantuvieron en silencio, incapaces de dar una explicación razonable para lo que estaban presenciando.


- ¿Cómo llegó esto a sus manos? –preguntó Roger Marshall.

- Un par de humanos se las habían arreglado para adentrarse en nuestros dominios, su intención por lo que nos contaron, era hacerse con nuestros Pulsars y anexarlos a los suyos, son parte de un grupo que se hacen llamar los “hijos de la luz”.


En un intento por relajar la tensión que se había formado en el ambiente, Ion tomó la palabra.


- ¿Y qué harán con esos “prisioneros”?

- Hooo –afiló su mirada por un momento–. Creo que lo sabe, cuando un humano entra en territorio de demonios y comete actos hostiles, su vida nos pertenece –recordó como parte del pacto firmado hace ya cinco décadas–. Algo por supuesto que también aplica para nosotros en sus dominios. Pero no desviemos el tema, por favor.

- Por nuestra parte, tengo entendido que ha habido varios reportes de criaturas no identificadas cerca de poblaciones humanas en los distintos reinos –comentó Katherine.

- Cierto, hace cuatro días recibí informes de avistamientos, aunque al menos por nuestra parte, no ha habido ningún “contacto” real –siguió Martin Burtold.

- ¿Tiene alguna idea sobre eso, señor Rugal? –preguntó Ion, sintiendo que la presión bajaba de su cuerpo.

- Estoy al tanto de eso, así como también, estoy al tanto de que no solo los humanos, sino que entre nosotros también hay quienes no apoyan la idea de esta “paz” entre nuestras razas. No me extrañaría colaboraciones de parte de alguna rama radical.

- Entonces, y sin la intención de sonar irrespetuoso, ¿por qué mirarnos a nosotros, si ustedes tienen sus propios inconvenientes? –Katherine se expresó genuinamente.

- Simplemente porque nos compete a ambos. Al menos de nuestra parte intentamos cortar con estos actos tan pronto como se presenten, así que esperamos lo mismo de ustedes por el bien de todos –les dedicó una mirada a los ancianos que los puso de los nervios, casi como si estuviera escudriñando en lo más profundo de sus almas.


Tras decir eso se levantó al igual que Naisha, haciendo una leve reverencia a modo de despedida.


- Eso sería todo de mi parte, si se presenta algo nuevo que sea relevante, se les notificará en la medida de lo posible. Ya sin más me despido, todavía debo atender otros asuntos y el día es corto –y con esas palabras, Rugal y su protectora abandonaron el salón, dejando un silencio incómodo entre los ancianos.


Ya en el exterior, Rugal se mostraba calmado y sereno, caso contrario a Naisha, quien mantenía una expresión de complejidad y dudas. A medida que caminaban por las calles, las personas se fijaban en el dúo, especialmente en la muchacha y sus cadenas lo cual levantaba algunos cuchicheos que no podía escuchar, ni tampoco le importaban.


- Veo que llamas mucho la atención –comentó casualmente el hombre.

- Raro sería el caso contrario –espetó sin mucho interés.

- ¿Te incomoda esto?

- Hace mucho que dejó de importarme –aceleró hasta quedar a su mismo nivel–. No entiendo, se supone que querías presionarlos pero no vi nada de eso allí, incluso cuando empezabas a hacerlo te encargabas de aligerarlo.

- Los humanos no son buenos trabajando bajo presión, y si son ancianos, menos –dijo con gracia.

- ¿Y por qué no comentar nada de la fabricación en masa de Pulsars? Eso claramente no puede pasarse por alto.

- Tampoco es que no reclamasen por lo sucedido en su reino fronterizo, pero el señor Yarn alegó que se encargaría de la situación y me pidió no hablar del tema si no era necesario.

- ¿Eh? ¿Cómo así?

- A mí no me lo preguntes, solo me dijo eso –detuvo su andar, provocando la misma acción en Naisha dos pasos después– Supongo que tu trabajo termina aquí, pero me gustaría pedirte un favor.

- ¿De qué se trata? –volteó a verlo con algo de interés en su petición.



.

.

.

.

.


- ¿Eh? ¿¡Tú!?


Cuando Evan giró su vista hacia la persona que había hablado, se topó con la tal vez no grata sorpresa de que se trataba del mismo sujeto que estaba dando ese intento de “discurso” al grupo de soldados reunidos en el centro de la ciudad. Con la diferencia de que ahora su cara estaba al descubierto y podía distinguirse su rostro, pelo negro corto y ojos negros así como facciones propias de un hombre de treinta años o cercano a eso.

Este mismo se encontraba con una expresión relajada y centrado en el par sentado en la banca, con su guadaña apoyada sobre su hombro hasta hacer una serie de movimientos rápidos con esta apuntando con ella a la cara de Evan para sorpresa (y susto) de este.


- ¿Te conozco, crío? –su voz relajada, de alguna forma, le resultaba irritante.

- Lo mismo podría preguntarte, al meterte en una conversación privada de esa manera –le refutó.

- Oh, perdona, es que andaba aburrido de tanta basura militar y decidí dar un paseo. Por favor acepta mis humildes y sinceras disculpas.


- …


Entre la discusión que ambos tenían, Destina no paraba de mirar a cada uno de ellos con un rostro medio patidifuso, encontrando casi cruel la forma en que fue (y sigue siendo) aislada de su curiosa conversación.


- Me parecen tan reales como la manzana cayendo hacia el cielo –aseveró el joven de forma ácida.

- Hi,hi,hi. Graciosete el chavalete mequetrefe con aires de grandete –la rubia tuvo que mirar a otro lado aguantando la risa que quiso escapar de sus labios.

- ¡Solo di que quieres y vete! Estás incomodando –sin mencionar raro.

- Tranquilo, tranquilo, es solo que como dije tu novia mencionó algo que me pareció interesante a su manera.

- Nov… –frunció el ceño y su rostro enrojeció, producto de la ira y sobre todo vergüenza– ¡No es mi novia! –grito exasperado, agitando un poco a la Istiore por lo exagerada de su reacción.

- ¡Pero seguro te gustaría! –dijo con la plena intención de molestarle.

- ¡Lárgate loco descerebrado! -la situación ya le era demasiado absurda y las reacciones del sujeto no le ayudaban.

- ¡Es lo más lindo que me han dicho comparativamente a lo que me dicen siempre! ¡Definitivamente serás un gran amigo!

- ¡No quiero ser tu amigo maldito lunático!

- Disculpa…


En medio de su “pelea”, Destina se sintió en la necesidad de interrumpir cuando escuchó al hombre de ropajes negros, tanto para aplacar la duda que le había generado como detener tan absurda (y divertida) pelea entre ellos.


- ¿Dime, señorita de buenos modales a diferencia de cierto troglodita? –de nuevo, tragó la risa que quería salir de su boca para así evitar molestar a Evan.

- Mencionaste que dije algo interesante, ¿puedo saber a lo que te referías? –ante eso, el hombre arqueó una ceja y sonrió.

- Sobre el agua divina del manantial de los druidas –contestó.

- ¿Eh, entonces eres conocedor de ella? –Destino repentinamente mostró un interés marcado, para irritación de Evan quien lo ocultaba como podía.

- Sí, me pareció realmente curioso que uses eso como opción para hacer más fuerte al muchacho.


Evan, por un lado, estaba curioso de lo que el otrora sujeto extraño estaba comentando, pero por otro se preguntaba cuánto de su conversación habría escuchado para estar al tanto de eso.


- Bueno, lo sugerí como posibilidad, porque eso es lo que es, ya si es complicada o no es otra cosa –comentó empezando a sentirse algo avergonzada.

- ¿Por qué lo dices Destina?

- Chico, aunque los druidas sean generalmente educados y tranquilos, como te acerques a su fuente sagrada, será mejor que te cortes el cuello antes de permitir que te atrapen.


Su tono para con él había cambiado de uno burlón a serio. Lo que sorprendió un poco al joven.


- Perdón, supongo que dije algo que a la final sería una tontería… ehm…

- Grim, Fausto Grim –se presentó poniendo su guadaña al revés en el suelo y usándola como apoyabrazos

- Istiore Destina, y él es Evan Stain –señaló al mencionado quien se limitó a mirar a otro lado con mirada irritada.

- ¿Ya has terminado con tu curiosidad no? –preguntó Evan pidiendo internamente que se marchara de una vez.

- Eso creo, supongo que ya no los molestaré más, entonces –dijo con la intención de marcharse, pero Destina interrumpió ese propósito.

- Espera –le llamó.

- ¿Hmmm, sucede algo?

- Sí Destina, ¿sucede algo? –la mirada acusatoria de Evan no dejaban dudas de su enojo por su resiente acción, pero no pudo hacer otra cosa más que disculparse en silencio con él y proseguir.

- También me llamó la atención tu “método”, el conseguir un Pulsar.

- Ah, eso – se encogió de hombros– Te haces con uno, y si puedes soportar su poder, pues felicidades. Serás un héroe para la nación en uno de los Devas y blablablá –explicó desganado–. Por supuesto, tendrías que ganarte el favor del reino de turno que te pueda proporcionar un Pulsar de los once que tenemos bajo nuestro poder, o encontrar alguno de los perdidos por ahí o participar en algún evento donde se ponga a prueba tu valía para saber si eres o no merecedor, ciertamente no es lo más fácil del mundo, pero es mejor a ser un soldado raso promedio del montón –sonrió con sorna balanceando ligeramente su guadaña.

- ¿Y cómo conseguiste el tuyo? –interrogó.

- Ohhhh, así que lo notaste –dijo con “asombro” en su rostro.

- Es difícil encontrar un arma así en alguien como tú porque sí, sinceramente –lo dijo como si fuera lo evidente, haciendo sentir a Grim un poco idiota.

- Yo también quiero saber cómo un bicho raro como tú pudo obtener semejante reliquia –admitió Evan.

- Oye, que si yo pude, entonces cualquiera puede, ¿no te parece positivo que yo tenga algo como esto?

- No


Suspiró, seguidamente hizo movimientos con su guadaña, provocando un repentino viento en la zona que sorprendió a ambos jóvenes.


- La guadaña que manipula los vientos de la muerte. “Wind Reaper”, un nombre un poco penoso, pero mientras cumpla su propósito, por mí como si se llama tulipán de café –dijo sin darle mucha importancia, como aparentemente a casi todo.


En eso, un soldado, probablemente del mismo grupo que Evan había visto horas atrás, se acercó hacia el lugar donde los tres se encontraban, centrándose precisamente en Grim.


- Señor Grim –le llamó.


Cuando el mencionado volteó, casi de manera automática su cara se volvió una que denotaba completo fastidio.


- ¿Tan pronto me encuentran? –se quejó, viendo que su treta para escabullirse se había derrumbado, eso le pasa por entretenerse demasiado.

- Por favor no vuelva a escaparse, el capitán de división le solicita de inmediato –informó el soldado a lo cual Grim solo hizo ademán de restarle importancia.

- Bien, bien, me reuniré con ese abuelo ahora mismo, cuanto antes salga de eso mejor –se movió rápidamente en dirección a Evan tomando a este por sorpresa. Al estar lo suficientemente cerca habló en un tono bajo que solo ellos podían escuchar– Las malas lenguas dicen que en la frontera hay un Pulsar en la vieja ciudad, si te interesa – y tras decir eso se marchó junto al soldado hasta perderse de vista.


Ambos jóvenes se quedaron en silencio, Evan solo podía en lo surrealista de la situación, un tipo se aparece y directamente se mete en una conversación que no le importa, actúa como un payaso y se burla de él, para finalmente marcharse dejándole ese último detalle sobre el Pulsar, lo que le dejó pensativo durante más tiempo de lo que Destina toleraría.


- ¿Evan? Te notas muy callado, ¿pasa algo? –preguntó la rubia zarandeándolo.

- Dime Destina, ¿qué tan peligroso sería pasar la frontera?


Ante eso, la cara de la rubia de ojos verdes se ensombreció.


- No irás a buscar ese Pulsar –aseveró, adivinando su pensamiento dado que ella sí había logrado escuchar su conversación.

- Es que… –fue interrumpido.

- Si quieres hacer más fuerte por el motivo que sea, no busques la salida fácil, ¿qué sentido tiene hacerte más fuerte si morirás de inmediato? –le reprendió, con un evidente tono de enojo.

- Pero si lo miras bien, no es la salida fácil dado los peligros que…

- ¡EVAN!

- ¡Ya, ya, entiendo! No me tienes que gritar así –se quejó frotando sus oídos.

- No lo hago por ser pesada, es simple lógica, ni sabes dónde está ni mecho menos quienes la protegen o tan siquiera si es verídica, además de que por la situación actual es algo imposible y adem…! –usando sus dos manos, Evan tapó la boca de Destina, silenciándola.

- Solo era una idea estúpida, no hace falta tanto sermón por favor –pidió, haciendo que se calmara, aunque el enojo persistía. Hasta que una idea se formó en su mente

- Escucha –se levantó y sacudió su ropa–. Creo que mi hermana podría ayudarnos con esto.

- ¿Cómo? –ante la interrogante, ella sonrió.

- Aunque es buena en la magia ofensiva, hubo un tiempo en que fue entrenada como guerrero, estoy segura de que ella aún tiene contacto con su viejo maestro. Creo que es un buen inicio de partida antes de inmiscuirnos en algo más avanzado, y además no correrás peligro de morir tontamente por ir a un lugar habitado por demonios –explicó ya totalmente relajada.

- Wow, es increíble –dijo Evan absorto.

- ¿Verdad que sí? ¿A que soy útil? –comentó con aire de superioridad.

- Es increíble que no empezaras por ahí, ¡incluso nos habríamos librado de tener que toparnos con ese chiflado de antes!


El aire de grandeza de Destina se difuminó como una pequeña llama tragada por un torrente furioso de agua.


- ¡Solo vamos! –gritó tomándolo de la mano y llevándolo a rastras– ¡Y por si no sabes un gracias no me va a matar señor gratitud!


Aún tras disculparse varias veces, no pudo apaciguar el enojo de la rubia, y acabó llevándoselo a cuestas todo el camino hasta su casa para hablar con Rebeca y contactar con su antiguo mentor.

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Y listo! Nos vemos en otra eternidad más :D

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