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MensajePublicado: Mié Ene 10, 2018 2:51 am 
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Kedama
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Esta es una versión editada del fanfic con el que participé en el Segundo Concurso de one-shots organizado por Reitou Flame, allá por finales de agosto - principios de septiembre, de 2012 (ha pasado el tiempo). En aquél concurso participamos 6 personas, quedando Loki en primero, BlueStar en segundo, Johan en tercero, yo en cuarto, Masterspipe en quinto y KagamineTwins en sexto. Recuerdo que fue un grato concurso (el primero al que entraba), divertido, y Reitou dio un memorable discurso al entregar los resultados. No me fue muy bien y a Reitou le pareció estresante e incosistente mi historia, aunque otros dieron opiniones positivas.

El tema del concurso fue escribir una historia corta en la que algún personaje de la era de PC-98 regresaba a Gensokyo. Yo elegí a Meira. Para quienes batallen en recordarla, ella es la samurai que aparece en el segundo stage de Touhou Fuumaroku ~ The Story of Eastern Wonderland (Touhou 2), en los terrenos del santuario Hakurei, buscando apoderarse de los poderes de la yin-yang orb de Reimu. Al ser derrotada, queda aparentemente noqueada, pero de inmediato se repone para salir huyendo y no volver a aparecer jamás hasta el momento.

Me parece una chica única dentro de Touhou, ya que hasta ahora es la única samurai en toda la saga (Youmu me parece más bien una aprendiz, si no me equivoco). En el fanfic, trato de imaginar cómo sería si ella volviese a Gensokyo. Es un fanfic cómico, quizás slice of life (?). Espero que les guste. Si ya lo habían leído en el foro anterior y les gustó, pueden releerlo y comentarlo.

CAE LA NOCHE Imagen “Parece que finalmente lo he encontrado… Al fin he regresado… A Gensokyo… Y el poder del Hakurei que tanto he ambicionado será mío…”

Una figura femenina, de larga cabellera violeta y envuelta en ropaje de colores blanco y rojo, se desplaza cautelosamente a través del bosque, en una mañana fresca de finales de verano. Lleva una katana con ella, pero de momento no parece serle útil. Los árboles y arbustos se suceden una y otra vez, sin fin, mientras las sandalias de la guerrera hacen crujir las ramitas.

“¿Que no había pasado por aquí antes? Parece que... Tal vez me he desorientado… Necesito descansar un poco.”

La extraña aprovecha una pequeña roca para tomar asiento. Deja su katana recargada sobre un árbol, extrae un pañuelo de su ropa y con él se limpia el sudor que ya le empieza a recorrer el rostro. Alza la frente y se pasa el brazo por ella, resoplando. Ha marchado incontables días y noches, a través de las montañas, cruzando traicioneros senderos ocultos, siguiendo las estrellas, siguiendo una mera ilusión y un sueño. Conseguir el poder secreto del santuario Hakurei, es el sueño de Meira.

Bajo el bosque, repentinamente pesa un silencio insólito. El chillido de las cigarras y el murmuro del arroyo han enmudecido. Ni siquiera de los resoplidos agobiados de aquella vagabunda se emite resonancia alguna. Una callada libélula cruza volando frente a sus ojos.

Lo había olvidado… Lo aterrador que puede llegar a ser Gensokyo.”

Meira se pone alerta, intentando agudizar sus sentidos, especialmente la vista, ya que siente que algo no marcha bien con los sonidos. Alza la vista, creyendo que algo podría venir de la copa de los árboles. De pronto, alcanza a detectar un rápido movimiento detrás de un pequeño arbusto a un lado de ella, que se agita sin emitir el menor ruido. Alcanza su katana y lleva la mano a la empuñadura, pero por más que tira de ella, el arma no sale de su funda.

“Sigue negándose... Maldición...”

No puede escucharlas, pero Meira puede percibir las risas que flotan en el aire. Risas de niñas malvadas que se burlan de ella, se mofan de sus calamidades. Decide ponerse pie para encarar a sus contrincantes.

—Quienesquiera que sean… ¡Estoy armada y lista para luchar!

Sin embargo no hay nadie a la vista. Meira da un paso, sólo para tropezar con una botella de sake que por los Budas y los ocho millones de kami podría jurar que hace un segundo no estaba ahí, y se da contra el suelo en pleno rostro.

—Aitatatata…

La chica se incorpora frotándose la nariz, recoge la botella de sake y le da un trago.

—¡Está llena de agua!

De la nada y desde todas direcciones se desata un ataque de manzanas. Golpean a Meira y ella se cubre con el brazo, resistiendo con fuerza. La mayoría de las frutas están echadas a perder.

—¡Qué asco! ¡Estas manzanas son malas!

Una manzana lanzada con gran presteza le da un buen golpe detrás de la nuca, y Meira se tambalea un poco hacia adelante.

—¡Maldición! ¡Cobardes!

Ante la inusual embestida de frutas, opta por huir de aquél maldito lugar, se enreda en una bandera de los Estados Unidos de América, y vuelve a quedar en el suelo. Se levanta y con esfuerzo consigue liberarse y escapar.

—¡Gensokyo se ha vuelto un lugar muy raro…! ¡Más raro de lo que solía ser, es decir!

Pero finalmente consigue salir de aquél ominoso bosque. Prosigue su viaje hacia el este, siguiendo al viento, siguiendo las esperanzas, siguiendo los sueños, hasta que finalmente consigue divisar una estructura roja que se eleva por encima de los árboles más pequeños: El torii del santuario Hakurei.

A Meira se le llena el corazón de emoción. No puede esperar más y corre hacia el antiguo santuario sintoísta. Se detiene al encontrarse con una chica que barre las hojas, vestida con el atuendo tradicional de sacerdotisa, aunque ni tan tradicional porque esta sacerdotisa utiliza un gran moño rojo en la cabeza y lleva los hombros al descubierto, dándole un aspecto algo muy libertino.

—¿En dónde se encuentra Reimu Hakurei? Dímelo —le interpela Meira, sin perder más tiempo.

—¿Hmm? —la sacerdotisa se voltea a verla, su rostro es la viva imagen de la desgana—. ¿Y tú quien eres?

—Mi nombre es Meira y he regresado… —la recién llegada lanza una sonrisa triunfal—. ¡He regresado de los infiernos para hacerme del poder de Hakurei! ¡Dime ahora mismo en dónde se encuentra la sacerdotisa del santuario, Hakurei Reimu!

—Ni idea —la sacerdotisa vuelve a su actividad y señala hacia atrás con el pulgar—. Pero la caja de donaciones está justo por ahí.

—Insolente… —la desfachatez de aquella joven afecta a Meira, que no ha viajado cientos de millas y pasado por tantas penurias para tener que soportar a una simple subalterna del santuario—. ¿Quién te has creído que eres para tomarme a la ligera? ¿¡Eh!?

—¡Reimu Hakurei! —de pronto entre ellas arriba otra chica, vestida con traje de bruja y sobre una escoba—. ¡Hey, Reimu Hakurei!

—Aún no está listo el desayuno, Marisa —le dice Reimu (pues es ella la sacerdotisa) con un suspiro—. ¿Y desde cuando me llamas por mi nombre completo?

Meira se queda perpleja. ¿Aquella chica acaba de dirigirse a la otra como Reimu? Pero no puede ser, la Reimu que conoce tiene cabello morado, no café, es más pequeña y no anda mostrando las axilas al aire. ¿Realmente es Reimu Hakurei?

—¿E... Eres tú Reimu? —Meira señala dubitativamente a la sacerdotisa. Marisa se lleva las manos a la cintura y se muestra extrañada. Se dirige a su amiga:

—Oye Reimu, ¿conoces a esta chica?

—Ni idea de quién sea—responde Reimu, a la que parece agobiarle la sola idea de tener que hacer memoria—. Ha llegado hace unos minutos y quiere raptarme o algo así.

Meira enarca las cejas.

“Es ella… Su apariencia ha cambiado pero su actitud sigue siendo la de siempre”.

—¿Acaso no lo recuerdas, Reimu? —Meira alza la voz para hacerse escuchar—. ¿Has olvidado ya aquella noche, aquél duelo que sostuvimos después de la lluvia? Centenares de espíritus habían invadido tu santuario, y yo deseaba tomar el poder del Hakurei para mis propios fines. ¿Cómo podrías olvidarlo? Ibas montada sobre una vieja tortuga voladora, atacando con talismanes y hablando tonterías. Nos encontramos y comenzamos a luchar. Y estuve a punto de vencerte pero… Mis habilidades no fueron suficientes… Hum, eso quedó en el pasado. De cualquier forma, he regresado por mi revancha.

—La verdad he tenido tantas peleas tan poco interesantes, que me es imposible recordarlas todas —es la respuesta de Reimu—. Prefiero ahorrar mi memoria para los patrones de danmaku más complicados.

—Todo quedó en el pasado, tú lo has dicho —agrega Marisa dirigiéndose a la guerrera. Meira empieza a observar con interés a la maga. No puede recordar las ropas negras ni el cabello rubio o la trenza, pero esas facciones le parecen familiares. ¿Acaso será…?

—¿Acaso eres aquella bruja? ¿La que esa misma noche asaltó al santuario? Pero si mi memoria no me falla, entonces tu cabello era rojo y tus ropas moradas, e ibas acompañando a una…

—No usamos la misma ropa todos los días, ¿sabes? —Reimu la interrumpe con un dejo de impaciencia, y dirige la mirada a la bruja—. ¿Habías visto antes a esta chica, Marisa?

—¡Por supuesto que sí!

—¿Qué? ¿Entonces tú sí me recuerdas? —exclama Meira—. ¡Lo sabía, eres aquella bruja a la que llamaban la Bruja de los Sueños Rojos! Marisa Kirisame, ¿no es así? ¡Finalmente alguien consigue recordarme! ¡Ya no soy una sombra del pasado!

—La vi errando por el bosque hace unos momentos —Marisa prosigue hablando con su amiga—. Parecía estar en apuros así que le grité si necesitaba de mi ayuda, pero creo que no me escuchó porque salió huyendo, de una forma bastante cómica por cierto.

—Ah, ya veo… —dice Reimu, retomando su actividad de pasar la escoba.

—No finjan no conocerme —reclama la samurái frunciendo el ceño—. He estado fuera durante mucho tiempo, pero he vuelto a Gensokyo y sigo siendo parte de esta tierra.

—Te digo que jamás te he visto en este lugar —contesta Reimu, y después levanta la mirada hacia Meira y agrega seria—. Tal vez te equivocaste de Gensokyo.

Meira vuelve a quedar consternada. Cierra los ojos, envolviéndose en un pensamiento.

“Entonces de esto se trata todo… Para Reimu no soy más que otra de las muchas oponentes ordinarias que ha derrotado, y para Marisa soy la idiota que salió huyendo… Bien… En ese caso…”

La samurái abre los ojos decidida y lleva la mano a la katana.

—¡En ese caso, voy a refrescarles la memoria!

Marisa observa sin comprender lo que sucede, y Reimu, sin soltar la escoba, se prepara para lo que viene. Pero por más que Meira tira de su katana, está sigue embotada dentro de su funda. Lo intenta una y otra vez, aplicando gran fuerza. Se echa al suelo luchando por desenvainarla, pero sus intentos resultan del todo inútiles.

—¡Gyaaaaaahhh!

—Mmm, ¿ocurre algo con tu katana? —le pregunta Marisa inclinándose con las manos sobre las rodillas—. Si la compraste en la tienda del viejo Kourin, entonces no me sorprende que no sirva, je, je.

—¡No necesito de la espada! —Meira se incorpora y apunta a Reimu con el índice derecho—. ¡He venido por los poderes del Hakurei, así que prepárate a luchar!

—¡Oye, oye! ¡No es necesario pelear! —Marisa interviene interponiéndose entre las dos. Quiere evitar problemas y cualquier otra cosa que retrase a Reimu en la preparación del almuerzo.

—Me parece que no hay de otra —contesta Reimu tranquilamente, dejando la escoba a un lado y sacando su gohei—. Entre más rápido concluyamos con esto, mejor.

—¡Prepárate! —Meira clava la vista en la sacerdotisa, juntando los pulgares e índices, y al acto invoca múltiples esferas de poder que comienzan a volar por el área. Reimu evade ágilmente alzando el vuelo, y contraataca con una spellcard de talismanes y disparos:

—Kamiwaza ¡“Happou Kibakujin"! (Divine Arts ¡"Omnidirectional Demon Binding Circle"!)

—¿S-Spellcard? —una impresionada Meira se queda inmovilizada ante la gran de cantidad de disparos.

—¿No sabes lo que es una batalla de spellcards? —le pregunta Marisa—. ¡Tienes que esquivar los disparos de tu oponente!

—¡Guh! —Meira rueda por el suelo, en un intento por evadir los talismanes.

—Cielos… No sabe grazear balas —Marisa se lleva la mano derecha al rostro. Reimu aterriza frente a Meira.

—¿Estás segura que quieres seguir con esto?

—¡Calla! —la samurái se levanta e intenta golpear a la sacerdotisa con la funda de la katana. Reimu esquiva los ataques e invoca esferas de yin yang que se estrellan en el cuerpo de Meira arrojándola hacia atrás.

—¡Musou Tensei! (¡Fantasy Nature!) —Reimu invoca otra spellcard de múltiples amuletos mágicos, y acaba con la pobre Meira.

—Ah, mira que me parece que te excediste un poco —Marisa mueve la cabeza reprobatoriamente.

—Oye, ¿estás muerta? —Reimu se acerca a Meira que yace tirada en el suelo sin aparentes signos vitales, pero en eso la samurái se levanta de pronto, toma la katana y sale huyendo.

—¡Con permiso!

—Y toma, ahí lo tienes —dice Marisa—. Un encuentro sin sentido con una persona sin sentido.

—Y tan temprano —suspira Reimu.

—Por cierto, he encontrado unas setas bastante jugosas en el bosque —Marisa extrae una bolsa y se la muestra sonriente a Reimu. El almuerzo pronto estará listo.

Mientras, Meira se aleja corriendo del santuario Hakurei hasta internarse nuevamente en el Bosque de la Magia. Ahí camina sin rumbo durante un rato, cabizbaja. Se detiene bajo un pino, cierra el puño derecho y golpea el tronco.

“¡Maldición! Lo he vuelto a hacer… He vuelto a huir como una cobarde.”

La pelea contra Reimu ha sido breve, pero le ha dejado exhausta, y se echa en el suelo, sobre las hojas.

“Mi entrenamiento allá afuera no fue suficiente, y aquí han desarrollado sus poderes a un nivel que ahora está fuera de mi alcance. Fui derrotada incluso más fácilmente que antes. Si tan sólo hubiese conseguido…”

Meira hace un nuevo intento por desenfundar la espada, sin éxito.

“Sencillamente no puedo. Desde que huí de la batalla no puedo volverla a desenfundar. Incluso mi propia espada reconoce que no soy digna de ella. He perdido el honor. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué será de mí? Debí haber cometido suicidio como lo hacían los samurái de antaño…”

Bastante triste, Meira se lleva las manos a la cara, y empieza a sollozar. Una lágrima surca su mejilla. Repentinamente alza el rostro.

“Bueeenoooo, el suicidio es algo demasiado drástico.”

Y se pone de pie para seguir andando.

Tras un buen rato, entre marcha y descanso, consigue llegar a las orillas de un lago. La superficie mansa y cristalina refleja los rayos del Sol. El paisaje es apacible, y a lo lejos se alcanza a divisar una construcción entre las colinas, una especie de mansión, en la que no se percibe movimiento alguno, como si todos estuviesen durmiendo. Escucha unas risas, y observa a unas niñas risueñas que juegan a atraparse unas a otras sobre el lago. Son hadas.

“Que tranquilo se debe estar ahí”, piensa la chica, con algo de nostalgia, la vista fija en la silenciosa mansión. Gensokyo es también un lugar muy bello. Aquí todo es tan puro, no como afuera. Aquí, en efecto, todo parece una perpetua fantasía.

—¡Oye! ¡Qué buena espada!

Meira sale de su ensimismamiento. Una de las hadas se le ha acercado a un par de metros: Lleva vestido azul con blanco, y sus cabellos y ojos son azules también. Le llama la atención las alas de la niña, las cuales parecen estar hechas de hielo.

—¡Pero no pareces ser tan fuerte! —prosigue el hada acercándose—. ¡Vamos a pelear para ver quién es más fuerte!

Pero Meira no tiene deseos de iniciar una nueva pelea. Su autoconfianza quedó enterrada en los terrenos del Santuario Hakurei, y quién sabe cuántos años vayan a pasar para que salga de ahí. Se da la media vuelta.

—¡A dónde vas! ¡Espera!

Desoyendo los reclamos del hada, la samurái huye ágilmente entre los árboles. El hada de hielo le persigue, pero Meira sabe eludirse muy bien, y detrás de un árbol se sonríe de sus habilidades. Pero casi de inmediato la sonrisa se le esfuma del rostro. Se hace un reproche.

“Huir de un hada no es algo de lo que deba enorgullecerme.”

Con vergüenza y amargura, logra salir nuevamente del bosque. Intenta recordar la ubicación de algún sitio, pero el agobiante Sol de verano, el chillido sin descanso de las cigarras y los apáticos graznidos de los cuervos no le ayudan a poner en orden sus ideas. Ahora camina entre una plantación de arroz. Allí se topa con un anciano que trabaja en el campo.

—Disculpe… ¿Sabe si hay una aldea por aquí?

—Sí, por supuesto. No queda muy lejos —le responde el anciano, indicándole el camino a seguir.

—Muchas gracias.

Meira le hace una reverencia. El anciano se le queda mirando, extrañado. La samurái se turba un poco.

—¿De casualidad usted vivía por estos rumbos, jovencita?

—No… Creo que me está confundiendo usted. Con su permiso.

Con una nueva reverencia, Meira se despide del anciano campesino, y tras marchar un par de kilómetros, llega a la aldea de los humanos de Gensokyo. Hay mucha gente en la calle, todos realizando sus tareas cotidianas. Los hombres hacen reparaciones en los hogares, las mujeres extienden la ropa al aire y los niños y niñas corren divirtiéndose con pelotas, trompos y reiletes. Meira camina abriéndose paso entre ellos. Ni siquiera entre sus semejantes se siente cómoda, y como puede logra hacerse de un sombrero de paja, el cual utiliza para ensombrecerse el rostro.

Llega a un puesto y con voz grave, masculina, pide que le den de comer. Le sirven surimi, arroz y sake. Ella da las gracias y comienza a devorar gustosamente con los palillos. Tiene tanta hambre y le parece que la comida se ha evaporado frente a sus ojos. Desafortunadamente ya no le sobran muchos yenes, así que paga y se retira de ahí. Vuelve a deambular por la aldea, buscando una buena posada donde sus fatigadas extremidades puedan descansar como se debe. Pero la funda de su katana atrae muchas miradas curiosas, y Meira siente que todas se clavan sobre ella. Le parece escuchar a la gente murmurar cosas, y también ver que le señalan. ¿Acaso alguien le reconoce? ¿Se acordará alguien de sus fracasos? ¿Se estarán burlando de ella? ¿Por portar indebidamente una katana y autodenominarse guerrera, sin serlo? ¿O será que habrá ganado algunos kilos y ellos lo notan?

Meira sale dignamente de la aldea. Sus bellas y cansadas extremidades deberán reposar al aire libre.

Errando de un lugar a otro, de aquél desconocido y misterioso Gensokyo, más desconocido y más misterioso que nunca, termina otra vez internándose en el Bosque de la Magia. ¿Por qué siempre termina en ese lugar? Poco importa. No hay youkai, ni hadas, ni seres humanos a la vista, y eso está muy bien. Se recarga sobre un olmo.

“¿Pero realmente, qué será de mí? No tengo amigos ni nada que hacer aquí”.

Angustiada, deja caer el sombrero y su espada al suelo. Mira al arma que yace tirada, y juega con la idea de venderla para hacerse de yenes. La espada le es inútil a ella, y ella le es inútil a la espada, pero al menos con el dinero podrá, durante un tiempo, llenar su estómago con más surimi, más arroz y más sake. Sin embargo, un samurái no es nada sin su katana, y entregarla es equivalente a renunciar por completo. Tal vez eso es lo que tenga que hacer: darse por vencida. Las ideas y los sentimientos se le agolpan en la cabeza, y le cuesta tomar una decisión. Finalmente concluye que por lo pronto no tiene caso pensar más; todo lo decidirá por la mañana. Pasan los ratos y siente mucha pesadez en los ojos. Ha sido un día agitado después de todo. Cabecea un poco, y finalmente se queda dormida. La luz del día empieza a menguar.

Cae la noche en Gensokyo y la segunda luna de agosto está en el cielo. Las estrellas brillan, innumerables. Debajo de ellas una chica se inquieta. En los sueños de Meira, aparece el hada de hielo que, riendo, le persigue.

“¡No pareces ser tan fuerte! ¡Ja ja ja ja ja ja! ¡No huyas! ¡Ja ja ja ja ja! ¡No huyas, no puedes huir! ¿Cuánto tiempo más vas a huir? ¡Idiota, idiota!”

Ella escapa del hada, y se refugia en la aldea. La oscura calle está llena de los murmuros de personas a las que no les distingue los rostros.

"Es ella, la que se hace llamar guerrera y no puede blandir su espada".
"¿Es la que había huído de Gensokyo tras ser derrotada, no?"
"Así es, y ahora ha vuelto, huyendo temerosa del mundo exterior".
"Por eso no puede desenfundar la espada, porque sigue huyendo".
"Esa chica... ¿Acaso no le da vergüenza aparecerse por aquí?"


Meira no lo puede soportar, se lleva las manos a los oídos y corre de aquél espantoso lugar. Llega a un santuario oscuro. El torii se levanta negro y acusador. Ahí se le aparecen Reimu y Marisa, atacándole con los poderes mágicos llamados spellcards.

“¡Spellcard! ¡Spellcard! ¿Por qué tú no tienes ninguna spellcard?”
“No sabe grazear danmaku.”
"¿Acaso nunca entrenaste?"
"No te recuerdo. No merece la pena recordarte".
“Un encuentro sin sentido con una persona sin sentido.”
“Tal vez te equivocaste de Gensokyo. Tal vez que equivocaste de Gensokyo. Te equivocaste de Gensokyo. De Gensokyo. De Gensokyo. Gensokyo... GENSOKYO.”


La mirada que le dirige Marisa es de burla, la de Reimu está cargada de absoluto desprecio. Meira no puede hacerles frente, es demasiado pequeña y ellas cada vez más grandes. Sus enemigas ahora son un solo monstruo deforme, que pretende devorarla…

—¡Grruuaaarrjjjj!

La samurái despierta abruptamente y ante ella tiene un horrible youkai cíclope, poco más alto que ella, con un kimono negro gastado y una larga lengua para saborear a sus víctimas.

—¡Qué rayos!

Meira se asusta y trata de escapar como sea posible. Ya ha conseguido correr un buen tramo, pero se detiene, agitada. Se lleva las manos a las rodillas. No puede hacerlo. No puede seguir huyendo. Superar al miedo es el único camino para recuperar el honor. Y la única manera de permanecer en Gensokyo es formando parte de la fantasía. Una vez entendiendo esto, no puede dar marcha atrás. Sus piernas desean proseguir la carrera, pero debe controlarlas.

Gira la cabeza y observa al youkai, que gruñe y se agita convulsivamente. A los pies de la horrorosa aparición se encuentra tirada su katana.

—¡Es ahora o nunca, Meira!

Se incorpora y corre hacia la bestia. Se lanza rodando y recupera su arma, evadiendo las zarpas del youkai. Coloca la mano en la empuñadora, estira con fuerza… y el pulso se le acelera: ¡Finalmente la ha desenvainado!

—¡Siiiiii! —grita emocionada Meira, al ver la hoja brillar hermosamente a la luz de la Luna llena. La espada finalmente es suya de nuevo y para siempre.

—¡Lo logré! ¡Y ahora…! ¡¡¡JIIIIAAAAA!!! —de un rápido movimiento, corta en dos a su adversario.

—¡Ay! —del kimono del youkai emergen tres pequeñas hadas, pues no era un youkai verdadero sino tan sólo una botarga—. ¡Luna, Star! ¡Quítense de encima!

—¡Lo logré! ¡¡De verdad lo logré!! —Meira no cabe en sí de felicidad. Contempla tiernamente su arma, que es una parte más de ella, igual que sus brazos, sus piernas y su corazón. Ahora está completa. Pero sabe también que esta victoria implica nuevos retos, que están por venir. Sin duda tendrá que cruzar su espada con la de alguien más, en el futuro. Pero ella ya no escapará más a su destino. La guerrera se ha reconciliado con su espada, y sobre todo, consigo misma.

Las hadas se revuelven en el suelo. Meira se acerca a ellas, apuntándoles con la katana. Las tres pequeñas se abrazan y lloran.

—¡Por favor, perdónanos! —chilla la de cabellos rubios y rizos de princesa— ¡Fue culpa de Sunny, yo le dije que era una mala idea!

—¡No... no creas que intentábamos robarte la espada! —exclama la de cabello largo y oscuro— ¡Solamente íbamos a jugar con ella!

—¡Tampoco teníamos intensiones de lastimarte hace rato con las manzanas! —responde temerosa la que parece ser la líder del grupo— ¡Por los dioses, era una simple broma! ¡Perdónanos la vida por favor!

—Así que ustedes estaban tras lo de las manzanas —Meira sonríe, visiblemente satisfecha. Hacía ya largo rato que alguien le rogaba por la vida.

—¡Sí, pero después de ti llegó la sacerdotisa del santuario Moriya! —implora desesperadamente el hada rubia— ¡Con ella fallamos y ya nos castigó bastante! ¡No nos mates!

—¿Santuario Moriya? ¿Acaso hay otro santuario en Gensokyo? —inquiere Meira.

—Sí, se encuentra en la Montaña Youkai —responde la tal chica Sunny—. Por favor, no nos lastimes.

—No lo haré… —el rostro de la samurái se ilumina—. Si me muestran el camino a ese santuario.

Cae la noche, y una vieja conocida vuelve a la Tierra de la Fantasía.

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Última edición por Akai Arashi el Mié Ene 10, 2018 3:24 am, editado 1 vez en total.

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MensajePublicado: Mié Ene 10, 2018 3:22 am 
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No logro recordar si ya lei este fan-fic, me trae recuerdos de tu serie cómica de cirno. :neet:

No conozco demasiado al personaje la verdad, pero me divierte bastante sus actitudes, el comportamiento magnánimo por ser una samurai en contraposición a su inutilidad y cobardia. La historia en sí me confunde un poco, parece querer ser cómica pero a la vez seria, algo que me parece complicado de llevar la verdad.

La aparicion de una bandera estadunidence era acaso una premonicion de LoLK? :chen:

Me decepciona un poco el que no bromearas con el querer cometer harakiri pero no poder sacar la katana. :neet:

Fuera de eso me gusta la historia, puedo entender porque puede parecerle a alguien inconsistente, pero por a mi me entretuvo bastante y no me quejaria por eso, espero poder leer algo más reciente tuyo Akai. :wink:

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I'm twenty!


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MensajePublicado: Mié Ene 10, 2018 3:34 am 
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No logro recordar si ya lei este fan-fic, me trae recuerdos de tu serie cómica de cirno. :neet:

No conozco demasiado al personaje la verdad, pero me divierte bastante sus actitudes, el comportamiento magnánimo por ser una samurai en contraposición a su inutilidad y cobardia. La historia en sí me confunde un poco, parece querer ser cómica pero a la vez seria, algo que me parece complicado de llevar la verdad.

La aparicion de una bandera estadunidence era acaso una premonicion de LoLK? :chen:

Me decepciona un poco el que no bromearas con el querer cometer harakiri pero no poder sacar la katana. :neet:

Fuera de eso me gusta la historia, puedo entender porque puede parecerle a alguien inconsistente, pero por a mi me entretuvo bastante y no me quejaria por eso, espero poder leer algo más reciente tuyo Akai. :wink:
¡Un comentario, OMG! Los comentarios son como las donaciones, oh sí.

Sí, era una premonición de Clownpiece (?). De hecho en el fanfic de Cirno también la incluí. Siempre me había llamado la atención esa bandera que tenían las hadas.

Respecto a Meira, incluso si juegas SoEW tampoco la conocerías mucho, pues la mayoría de los personajes de PC-98 carecen de perfil... A lo mejor debería dejar aquí su página de la Wiki:
https://en.touhouwiki.net/wiki/Meira

Y pues que bueno que te entretuvo, me alegro que te haya gustado. ¡Gracias por pasarte a comentar!
:yay:

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MensajePublicado: Mié Ene 10, 2018 4:39 am 
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Creo que esta historia ya la había leído, pero dejando de lado eso me gustó mucho.

Tiene más humor que acción y las travesuras de las hadas me gustaron como siempre.

Pues la verdad no sé quien es meira ya que jamás toqué los de PC 98. PAreciera que estar fuera de Gensokyo fue perjudicial para Meira ya que jamás se enteró del sistema de spellcards ni del cambio de apariencia de Reimu o Marisa. Zun si le jugó una broma muy pesada. GRacias por la historia drugo.


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MensajePublicado: Vie Ene 12, 2018 1:58 am 
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Kedama
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Creo que esta historia ya la había leído, pero dejando de lado eso me gustó mucho.

Tiene más humor que acción y las travesuras de las hadas me gustaron como siempre.

Pues la verdad no sé quien es meira ya que jamás toqué los de PC 98. PAreciera que estar fuera de Gensokyo fue perjudicial para Meira ya que jamás se enteró del sistema de spellcards ni del cambio de apariencia de Reimu o Marisa. Zun si le jugó una broma muy pesada. GRacias por la historia drugo.
Estás igual que Reimu y que Marisa si no sabes quién es Meira, je je. Y sí, fue bastante perjudicial... Algo parecido le podría ocurrir a Mima cuando vuelva.

Gracias por leer drugo.
:yay:

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