〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art [Votaciones]

Camina por las communitas anti-jerárquicas fuera del borde para enfrentar a otros seres y alcanzar Nirvana. Zona dedicada a eventos de la comunidad.

Moderadores: Paradise mods, Fanart mods, Literature mods, Scoreboard mods, Rol mods

Avatar de Usuario
Sheep
Nue
Nue
Mensajes: 133
Registrado: Mar Oct 17, 2017 2:31 am
Cash on hand: Cerrado
Organizer x 1Participant x 5

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por Sheep » Mié Dic 06, 2017 6:27 pm

Cuenten con mi participación al menos en la categoría de fics.
Quizás....QUIZÁS haga un dibujo random pero eso ya veré.
Imagen

CherrymaruPanPan
Kedama
Kedama
Mensajes: 1
Registrado: Vie Dic 08, 2017 11:46 pm
Cash on hand: Cerrado

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por CherrymaruPanPan » Sab Dic 09, 2017 2:44 am

Recién me uno al foro pero esto se ve interesante!
Me gustaría participar con un fanart.

Avatar de Usuario
Gilgamesh
Kedama
Kedama
Mensajes: 63
Registrado: Lun Oct 23, 2017 10:04 pm
Cash on hand: Cerrado
Ubicación: Zona youkai
Participant x 2

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por Gilgamesh » Jue Dic 14, 2017 4:56 am

Hmmmmmmm, no prometo hacer algo decente al final pero... bah, me apunto a los fanfic, a ver si me destapo un poco este fin de año

Avatar de Usuario
Blanc
Rebirth of Tokoyo
Rebirth of Tokoyo
Mensajes: 304
Registrado: Mié Ago 16, 2017 2:46 am
Cash on hand: Cerrado
Organizer x 2Participant x 7

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por Blanc » Lun Dic 18, 2017 5:39 am

Ya pude terminar mi fic~
Solo quiero hacer algunas revisiones antes de poder enviarlo. Fue divertido escribirlo.

Suerte a todos.
:yay:

nota
Rekindling Fairy
Rekindling Fairy
Mensajes: 127
Registrado: Mar Oct 17, 2017 8:07 pm
Cash on hand: Cerrado
Participant x 3

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por nota » Lun Dic 18, 2017 5:35 pm

Gracias, yo aun escribo el mio, lo más seguro es que pierda pero igual sera interesante ver como me va.

Avatar de Usuario
Niyu
Rekindling Fairy
Rekindling Fairy
Mensajes: 159
Registrado: Mar Oct 17, 2017 2:40 am
Cash on hand: Cerrado
Ubicación: Narnia
Participant x 2Ran away x 1

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por Niyu » Lun Dic 18, 2017 7:38 pm

Ya que ahora ando libre de las clases ~
Me anoto al del fanart(? . . o al menos espero poder tenerlo listo para la fecha, pues se me amontono con otros regalos navidenios. . oh my ~

Also . . double banki emote. .. oh my ! !
:sekihah: :sekihuh:
Anyway . . . suerte a los que ya esten ready ~

:neet:
Imagen

Avatar de Usuario
Sheep
Nue
Nue
Mensajes: 133
Registrado: Mar Oct 17, 2017 2:31 am
Cash on hand: Cerrado
Organizer x 1Participant x 5

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por Sheep » Mar Dic 19, 2017 2:12 pm

Aún no lo termino pero mi one shot esta quedando mejor de lo que esperaba, sin duda de lo mejor que he escrito.
Buena suerte a todos y recuerden que quedan unos cuantos días~
Imagen

Avatar de Usuario
Cranberry₰
La bonté tuerie
La bonté tuerie
Mensajes: 353
Registrado: Mar Oct 17, 2017 6:18 am
Cash on hand: Cerrado
Ubicación: Native Cran
Organizer x 2Participant x 5
Contactar:

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art

Mensaje por Cranberry₰ » Mié Dic 20, 2017 1:13 am

Lmao, se me esta siendo muy difícil pensar en algo en que escribir pero de fanart ya tengo una idea, a ver si la puedo volver realidad, hehe.
Suerte a todos!
Imagen

Avatar de Usuario
Orobas
Rekindling Fairy
Rekindling Fairy
Mensajes: 150
Registrado: Mié Oct 18, 2017 4:28 am
Cash on hand: Cerrado
Organizer x 1Participant x 2

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art [Votaciones]

Mensaje por Orobas » Mar Dic 26, 2017 7:10 pm

Espero que todos hayan pasado una hermosa navidad. :yay:

La fase de enviar sus aportes termino. Ahora es el turno de comenzar con las votaciones de fanarts y fanfics.
Recuerden, la votación en ambas categorías consiste en dar puntos a los que mas le gustaron; +3 puntos para el primer lugar, +2 para el segundo lugar y +1 para el 3er lugar, Pueden votar en las 2 categorías, pero los votos tienen que ser por separado!! (es decir, no pueden dar +3 a un fanart, +2 a un fanfic y +1 a otro fanart)
Sin mas que decir, veamos a los participantes!

Fanarts.

Aki:
[+] spoiler
Imagen

Deflation World:
[+] spoiler
Imagen

Nes:
[+] spoiler
Imagen

Niyu:
[+] spoiler
Imagen

En caso de que no se pueda ver el de Niyu, prueben aqui:
[+] spoiler
Imagen

Fanfics

Debido a la enorme cantidad de esfuerzo.....y palabras que hubo en estos fanfics, tuvimos que dividir este post en 2. Apenas terminen de leer este post lean el siguiente! :drmsmile:

Navidad bajo la luna eterna, por Blanc:
[+] spoiler
- Señorita Kaguya, su té. -

La exiliada Princesa de la Luna se preparaba para iniciar el día como siempre, acompañada de nadie más que la soledad misma. Agradeció sutilmente al conejo lunar, y le pidió que la dejase a solas para poder disfrutar de su bebida en paz.

No sabía ni ella ni nadie más si era de día, o de noche, o si estaba lloviendo. No podían saberlo. Solo sabían que en Eientei aún existía la pureza, y que afuera todo era impuro.

- El mismo sabor de siempre… –

Mirando por la ventana hacia el hermoso cielo congelado por la eternidad, Kaguya trataba como todos los días de encontrar algo diferente a lo usual, algo que al menos pudiera hacerle sentir que sus días no serían lo mismo por el resto de su inmortal vida, pero, sobre todas las cosas, trataba de encontrar algún sentido a su existencia misma.

- Oh, sí. Ya viene siendo momento de que venga Eirin –

Como si pudiese predecir el futuro, las palabras de Kaguya de inmediato se hicieron realidad, y por la puerta de madera pasó la gran sabía de la luna. Ninguna de las dos mostraba alguna sorpresa, ni la más mínima reacción de encontrarse en ese momento.

- Princesa Kaguya, ¿otra vez estás vigilando que no aparezca la luna llena? –
- Sabes bien que eso no pasará. Y aún si llegase a suceder, no hay nada que pueda hacer –
- ¿No crees que es momento de dejar de huir? –
- … -

Eirin dejó escapar una leve sonrisa, algo muy poco usual para los pocos que la conocían bien. Kaguya por su parte prefirió quedarse en silencio ante la pregunta que ella le había hecho, ocasionando que la usual visita terminase casi de inmediato. Con esto, Eirin partió de la habitación de la Princesa, dejándola una vez más en la misma soledad.

Las palabras de Eirin dejaron a Kaguya pensando un poco en el pasado. Cientos de años atrás ella había sido adoptada por una gentil pareja, y cuando parecía que su vida podría tener algún sentido luego del exilio, el mundo entero conspiró en su contra. Siendo tratada más como un objeto de valor que como un ser humano, uno tras otro los hombres se acercaban a ella. Aún siendo una humana más, era percibida más que nada como un ser diferente. Y finalmente la decisión que ella tomó fue encerrarse en un pequeño pedazo de eternidad, huir tanto de la luna que la buscaba a ella y del mundo que la rodeaba.
Esto por supuesto ocasionó que su vida fuese destina a ser la misma por siempre, y así como este día, miles más había vivido en su estancia en Eintei.

- Me pregunto si las cosas habrán cambiado mucho afuera. De ser así, tal vez… -

Luego de tantos años, Kaguya en muchas ocasiones comenzó a darse cuenta del error que había cometido, pero aún no se encontraba del todo segura de la decisión a tomar, solo estaba segura que esta no era la vida que ella quería.

Ella dio el ultimo sorbo al té que le habían entregado momentos atrás y se puso de pie. Con una inusual determinación, marchó hacia la puerta de su habitación y comenzó a caminar por los pasillos de la gran mansión. Mientras lo hacía, algunos de los conejos que tenían de mascota le miraban sorprendidos, ya que no era del todo común verla salir de aquel lugar. Su intención era nuevamente hablar con Eirin sobre el asunto, quería escuchar su opinión una vez más y buscar algún consejo de su amiga que la acompañó luego de todos los problemas que había ocasionado.

- ¡Oh! S-señorita Kaguya, ¿q-qué la trae por aquí? –

Al pasar por la cocina uno de los conejos exclamó ante la presencia de la Princesa, con esto todos los demás dieron un sobresalto por la sorpresa. Y con ello, dejaron de hacer lo que estaban haciendo, por nervios o algo más.

- ¿Uh? tengo que pasar por aquí si quiero ir con Eirin –

La única coneja Lunar del lugar, Udongein como le había nombrado Eirin, salió de entre la multitud de conejos a poner orden.

- Ya habrá tiempo para descansar, aún nos falta mucho, ¡así que sigamos! –

Kaguya se quedó observando a los conejos por un momento mientras estos hacían lo suyo, un poco emocionada por verlos tan felices mientras cocinaban. Ella no estaba segura si esto era algo que pasase todos los días, y las veces que había salido de su habitación los conejos no solían estar así. Entre cantos y bailes improvisados, parecía que de cierto modo ellos la estaban pasando bien, era una sensación que ella no experimentaba en todo un milenio.

- ¿Se puede saber qué están haciendo? –

Casi por inercia, como si hubiese sido atraída por el ambiente que ellos emitían, Kaguya terminó acercándose a los conejos. Observó con curiosidad todo lo que estaban preparando; se trataba de lo usual, los dumplings que tanto amaban.

- Ah, solo estamos preparando la cena. – Le dijo Reisen, sin dar tanto detalle.
- ¡La cena de hoy será muy especial! – Uno de los conejos terrestres exclamó emocionado, y antes de que siguiera hablando, Udongein puso su mano sobre su cabeza, como dándole a entender que no dijera más.
-Ya veo. En esta ocasión, se ven algo diferentes, ¿no?-

Muy diferentes en realidad, ya que ahora la bandeja estaba cubierta de dumplings de color rojo y verde. Reisen trató de eludir a Kaguya y esta entendió, dejándoles seguir sin interrupciones.

Una vez más continuó avanzando por el pasillo, dejando atrás a los conejos y su cocina, pensando nuevamente en el gran dilema que le perseguía, pensando en cosas distantes del pasado y el futuro remoto…

- ¿Oh…? –

La princesa tomó su rostro con una de sus delicadas manos, en medio del pasillo se detuvo y cientos de recuerdos que no había visto desde el hechizo de la eternidad de pronto comenzaron a bombardear su mente. Recordó momentos junto a la pareja que cuidó de ella cuando todo parecía perdido, recordó haber cocinado incontables veces a su lado, y las cenas agradables antes de que todo se fuera en picada. Ahora con algunas lágrimas cayendo de sus ojos, sonrió ante los hermosos recuerdos y al canto de los conejos que hacían exactamente lo mismo que sus memorias reflejaban.

Miró a ver en la dirección opuesta a donde se dirigía y dio la vuelta camino a la cocina donde se vivía ese gran ambiente. Los conejos nuevamente se sorprendieron de verla, pero se sorprendieron más al ver la sonrisa que ella llevaba en su rostro.

-¿N-necesita algo?-
Comentó uno de los conejos. Todos se encontraban más confundidos que nunca.
-Udongein dijo que no tenían mucho tiempo. ¿No creen que ustedes son los que necesitan ayuda? -
-A-ah… P-podemos hacerlo, ¡n-no se preocupe! –
-No se preocupen, sé cocinar. –

Nada de lo que dijeron le haría cambiar de parecer ahora, así que finalmente terminaron accediendo. Comenzaron nuevamente a preparar los dumplings de colores verde y rojo. Era evidente que una vez que comenzaron con Kaguya ayudándoles, el ambiente había cambiado un poco a como estaba antes. Los conejos se veían un poco inseguros, era de lo más normal, ya que nunca pensaron en hacer algo así en compañía de su “ama”.

- Creo que este ya tiene la forma apropiada –

Kaguya mostró uno de los dumplings a los demás, y estos se emocionaron al ver el resultado. Entre comentarios de lo delicioso que se veía, y lo perfectamente redondo que se encontraba, el ambiente poco a poco comenzaba a encenderse una vez más. Y así, cada vez que alguien terminaba una pieza, los demás lo veían y lo trataban de calificar. Se había convertido en una especie de competencia en la que todos se divertían.

Finalmente, luego de un momento que solo se sintió como segundos, habían terminado de preparar la cena mucho antes de lo esperado. La alegría de los conejos se contagiaba a Kaguya, quien se veía que se había quedado incluso con ganas de preparar más.

-Están un poco más alterados de lo usual, ¿está todo bien?... ¿Kaguya, qué haces aquí? –

El sonido que todos desprendían había llegado a Eirin. Estaba tan sorprendida de ver a Kaguya entre todos esos conejos, con algunas manchas de la comida en su ropa incluso, que terminó soltando uno de los libros que llevaba en su mano.

-Eirin, llegas justo a tiempo para la cena-
-Eh… Sí. Realmente ni yo sé qué decir ahora mismo. -

Los conejos emocionados comenzaron a servir todo para el festín, mientras que Kaguya decidió acercarse a Eirin para hablar un poco, no sobre lo que originalmente quería hablarle, sino sobre lo divertido que había sido todo ese momento. Eirin sabía bien lo que pensaba Kaguya y lo aburrida que ella misma decía que es su vida, por lo que escucharla decir todas esas cosas ahora le causaba felicidad.

- Parece entonces que mi regalo no fue necesario para el día de hoy-
-¿Regalo?-
-Sí, esos dumplings de colores. Le pedí a los conejos que los preparasen por las festividades de invierno-

Eirin le explicó a Kaguya todo sobre aquella fiesta del mundo exterior. A esta pareció no importarle mucho, ya que recibir regalos no tenía sentido para ella luego de haber recibido tantos en el pasado.

Para algunas culturas esta época es una época de renovación. De dejar atrás muchas cosas negativas y dar la bienvenida a cosas nuevas. Para la Princesa de la Luna, el día de hoy le había dejado un valioso recuerdo, un momento que formaría la base para finalmente mirar hacia el futuro sin temor.

Caridad de un Girasol, por Gilgamesh:

[+] spoiler
La navidad es un evento que, más allá de los distintos significados religiosos que pueda tener, es una fecha en donde los familiares se reúnen y festejan, compartiendo historias anécdotas, chistes y risas en un ambiente de felicidad y alegría, y en donde los pesares de la vida podían pasar a un necesitado segundo plano.

Gensokyo no era la excepción, si bien los humanos no eran ni mucho menos la especie dominante, no por ello olvidaban esas tradiciones tan maravillosas de antaño, aunque no es posible decir si la navidad en esta tierra aislada ya estaba implícita o vino desde el exterior, lo cierto es que no fue en absoluto mal recibida, donde ese mismo ambiente festivo, en mayor o menor medida, se hacía presente.

Y tanto así que hasta algunos youkais acabaron introduciéndose en dichas festividades compartiendo con humanos y pasándola bien, ya sea por lasos con estos o simplemente para disfrutar de sus fiestas, incluso otros más adoptaban hasta cierto punto estas festividades, bien aplicando los mismos principios de brindar y compartir, a ser simplemente reuniones para hacer jugarretas a otros y pasarla en grande.

Pero por supuesto, no significaba que todos compartieran ese sentimiento, especialmente aquellos seres que voluntariamente o no, tendían a preferir mantenerse en su propio espacio a estar rodeados de otras presencias que más que alegrarles, les causarían molestias, seres que preferían vivir en su propio mundo unidimensional sin prestar atención en lo más mínimo por aquellas conductas que podrían considerar extrañas o ridículas, e incluso hasta deprimentes.

Y ese era el caso de Yuka Kazami, quien viendo la nieve caer día tras día solo podía significar el fin de su tan bello paraíso floral, sin embargo no mostraba enojo, tristeza o pesar, solo una mirada vacía al ver los pétalos de sus hermosas flores caer sin cesar cubriendo el suelo de un amarillo que eventualmente fue cubierto por la nieve. Manteniendo su parasol sobre su cabeza evitando que la nieve le llegara, ignorando el gélido ambiente. Año tras año era lo mismo, y año tras año maldecía la existencia de esa época de frío.

Fue cuando escuchó una serie de pasos en su cercanía que su “trance” se rompió, sus ojos apenas se movieron lo suficiente para abarcar en su ángulo de visión el lugar de donde el ruido provenía, mostrándose finalmente como cierta muñeca maldita que solía pulular por ahí de vez en cuando. Al verla, la muñeca se asustó un poco, sin embargo Yuka estaba centrada en algo muy peculiar en ella, usaba un abrigo que no recordaba habérselo visto puesto nunca.


- ¿De dónde sacaste eso? –preguntó, haciendo referencia a la nueva prenda que llevaba, Medicine Melancholy se dio cuenta, y decidió responder.

- Pues, me lo regalaron unos niños con los que me crucé hace poco.

- ¿Por qué? –la muñeca no entendió la pregunta– ¿Por qué te lo dieron?

- Ahh, pues la verdad no sé, ellos solo respondieron que era para celebrar el “espíritu de la Navidad”, dijeron “Feliz navidad muñeca” y me lo dieron, aunque no entiendo que hacían esos niños fuera de su aldea, para empezar, y creo que ellos tampoco sabían lo que les podía hacer pero…


Yuka hace rato que dejó de prestarle atención, en su mente solo estaba la frase “celebrar el espíritu de la navidad”, no entendía bien ¿Significaba eso regalar algo a alguien… porque sí? Ella definitivamente no entendería las costumbres humanas de hacer cosas tan… extrañas.


- Yuka… ¿Yuka? –la voz de la muñeca la sacó de su nuevo trance.

- Es todo lo que quería saber, gracias –dijo sin mostrar mucha emoción.

- Bueno, si es así creo que debería irme, hace frío –dijo empezando a caminar y alejarse, lo que hizo preguntarse si ella podía sentir tal cosa, sin embargo estando alejada dio media vuelta para decir unas últimas palabras– Viendo la cara larga que tienes, ¿por qué no le regalas algo a alguien? Dicen que eso da felicidad, especialmente si es alguien a quien conoces, así quizás dejes de parecer un zombi –y con eso se fue a paso veloz, quizás para evitar alguna reacción negativa de la peli-verde. Yuka le miró perderse entre el ya marchito campo de flores, repasando lo último que dijo.


Si algo debía agradecer de la aparición de Medicine, es que le hizo espabilar y marcharse a un lugar más cálido, la última vez que se quedó allí parada acabó con los pies insensibilizados por el frío por casi dos días enteros. Y claro, para ella ese lugar no podía ser otro que su viejo hogar, su mansión en Mugenkan.

Al llegar sintió un aire de nostalgia, ¿cuándo fue la última vez que visitó ese lugar?, desde ese incidente con la miko y la bruja no recuerda haber vuelto a ese lugar en mucho tiempo, de hecho se preguntaba por qué no lo hacía regularmente y solo se le había ocurrido ese preciso día hacerlo, a veces debía admitir que ni ella misma se entendía.

Cuando ingresó por los pasillos se sorprendió al notar la pulcritud del lugar, realmente esperaba algo más propio de un lugar abandonado. Polvo, telarañas y demás parafernalias, pero en su lugar todo estaba impecable, brillante y agradable a la vista, una sonrisa casi imperceptible se formó en su rostro de forma inconsciente, siento algo parecido al a sensación de hogar después de mucho tiempo.

Se dio un tour por su propia mansión, recordando viejos momentos, cada pasillo, cada lámpara, cada mesa, cada habitación despertaban recuerdos tanto buenos como malos, a medida que caminaba dichos recuerdos aparecían con más y más fuerza en su mente, hasta que detuvo su andar en una habitación particular, ¿la suya? No, definitivamente se trataba de algo distinto.

La habitación de su fiel guardiana, Elly.


- ¡Un intruso! –gritó una voz– ¡Tú! ¡Da la vuelta y márchate de inmediato si no quieres… que…!

Cuando Yuka “obedeció” y dio vuelta para encarar a la dueña de dicha voz tan familiar para ella, la guardiana miraba con pavor a la persona que acababa de reconocer a quien deseaba tuviera misericordia por haberle hablado de forma tan grosera hace unos instantes. Tragó seco cuando los segundos pasaban y la peli-verde no parecía hacer nada aparentemente salvo mirarla directamente a los ojos.

- ¡L-l-l-l-l-l-lo s-siento muchísimo Yu-Yuka-sama! ¡De verdad j-j-juro que no la r-r-r-econocí y p-p-p-ensé que…! –por más que intentaba explicar sus nervios eran demasiados, sintiéndose avergonzada de sí misma por no ser capaz de disculparse correctamente, bajó la cabeza e hizo una reverencia algo exagerada– ¡D-d-d-disculpe mi falta de respeto Yuka-sama! –dijo casi gritando, dejando el pasillo en un incómodo silencio.


Elly se negaba a asomar la mirada, sentí que de hacerlo se encontraría con la encarnación de la muerte seguido de un muy, muy doloroso castigo por parte de su maestra, a pesar de todo la tentación le pudo y medio alzó su vista para observar a la peli-verde, quedando sorprendida por verla únicamente con un rostro melancólico.


- Elly –le llamó en un tono suave– ¿Tanto tiempo ha pasado… que no pudiste reconocerme? –su tono, suave y apagado, como de alguien derrotado, confundió a la rubia.

- L-lo siento –se disculpó nuevamente– Es solo que… bueno, creo que es mi culpa, por no prestar atención. Ya sabe que no soy la persona más inteligente del mundo hehehe.

- Yo tampoco lo soy.

- ¿Eh?

Elly estaba curiosa (y un poco preocupada) por la actitud de su maestra, no recuerda haberla visto así antes.

- Dime Elly, ¿dónde está tu guadaña?

- Hahhh, eso… –dijo con un suspiro triste– Cuando estaba limpiando los jardines, parece que me topé con una raíz demasiado dura y forcejeando –su rostro se puso decaído, casi parecía al borde del llanto, Yuka lo notó pero no comentó anda al respecto– Fui idiota por no haber pensado en una forma mejor de hacer mi trabajo, tendría que haber pensado.

- Puedes… –interrumpió Yuka– ¿Puedes mostrármela?

- ¿Eh? ¡S-sí!


Ella con cierta prisa entró a su habitación y, tras unos segundos, salió con su preciado objeto, mostrando que faltaba la mitad de la hoja y el bastón estaba roto, sosteniéndose torpemente por unos vendajes. Elly se lo ofreció a su maestra y esta lo tomó, se le quedó mirando un largo rato sin decir nada, lo que puso a la guardiana un poco nerviosa.


- No tiene que preocuparse por esto Yuka-sama, es un error de mi parte y debería asumir las consecuencias de mis actos imprudentes, haahh, quizás es mi castigo por no haber detenido a aquellas intrusas que la molestaron hace un tiempo…

Yuka observó a Elly y luego a la guadaña, en ese momento y por alguna razón que desconocía, las palabras de la muñeca resonaron en su cabeza


¿Por qué no le regalas algo a alguien? Dicen que eso da felicidad, especialmente si es alguien a quien conoces.


- Elly –llamó.

- ¿Sí, Yuka-sama?

- ¿Esto es muy importante para ti, verdad? –ante la pregunta, la guardiana no sabía cómo responder, era cierto que apreciaba su arma y mucho, pero…

- Pues… ha estado conmigo mucho tiempo, es… casi como un amigo, es algo extraño, ¿no cree? Hehehe.

- Ya veo –en ese momento, se preguntaba si podría…– Elly, voy a estar aquí hasta que el invierno se vaya, así que cuento contigo –declaró devolviéndole su preciado objeto.

- ¡Lo que usted ordene!


Y así pasaron los días en los que Yuka fue atendida por una alegre Elly, cierto, su función no era precisamente de una “sirvienta”, pero luego de la ausencia de su maestra por tanto tiempo, no creía mala idea el intervenir un poco para hacer de su estadía algo más llevadera.

Un día, cuando el invierno parecía terminar finalmente, Elly se encontraba muy alterada, su guadaña había desaparecido de su habitación y no podía encontrarla, cuando Yuka preguntó por su conducta, ella le informó de su situación, y comentó que lo buscaría, pese a la insistencia de la guardiana en que no era necesario, fue ignorada y la peli-verde abandonó la mansión afirmando que buscaría en lso alrededores mientras Elly buscaba en el interior.

Sin embargo, ni la guadaña ni la dueña de la mansión volvieron a aparecer en ese día, ni en el siguiente, ni en el siguiente.

Fue así como Elly se quedó sola nuevamente, suspirando cansada y triste. Decidió marcharse a su cuarto a dormir y esperar a que el día siguiente apareciera su maestra diciendo algo de que fue imposible encontrarla y que mejor pasara página, sin embargo esa idea se desvaneció cuando, al abrir la puerta de su habitación, encontró algo en su cama que la dejó sin aliento.

Su adorada guadaña estaba puesta casi ceremonialmente sobre la cama, un perfecto estado y adornada con un listón rojo a la mitad del ondulado bastón. Se había quedado sin voz por un momento, incapaz de creer lo que veía.


- Supongo que esto te alegrará el día, ¿cierto? –la voz de Yuka tras de sí la hizo voltearse– No fue tarea fácil, pero al final me topé con la persona adecuada para poder repa… –su voz murió, al igual que sus ojos se agrandaron de la impresión como pocas veces, cuando Elly sin decir nada la envolvió en un fuerte abrazo– ¿Elly?

- Gracias, Yuka-sama, mil gracias por ayudar a esta torpe guardiana –decía con su cara hundida en su pechó.


En ese momento, la peli-verde experimentaba una sensación como pocas veces había sentido, no, quizás, una sensación que jamás había experimentado. Sonriendo de forma cálida como muy pocas veces lo había hecho en su vida, acarició suavemente la cabeza de su guardiana, moviendo ligeramente sus edras rubias con un movimiento lento pero constante.

.
.
.

El sol brillaba con intensidad, la viene se había disipado casi en su totalidad, quedando pequeños cúmulos en algún que otro lugar condenados a desaparecer en los próximos días, en un campo de flores ya revitalizado, se encontraba una youkai de cabellos verdes portando un parasol parada en medio, sin hacer nada más que sentir el viento que mecía sus cabellos.


- ¿Hmmm? ¿Yuka? –casi siendo ya una costumbre, fue la muñeca Medicine quien apareció tras un rato y la sacó de su trance.

- ¿Se te ofrece algo? –preguntó.

- Nada, es solo que luces… distinta.

- ¿En qué sentido?

- ¿Has notado que no has parado de sonreír desde hace rato?

- ¿Eh?


Era así, una sonrisa leve pero visible estaba formada en sus labios desde hace más tiempo de lo que imaginaba, no habiendo reparado en ello hasta que la muñeca se lo señaló.


- ¿Algún problema con eso? –la pregunta, aunque en una situación normal podría tomarse como una amenaza, en este caso no se sentía aquel “peligro” que podría desprender en otra situación, en ese momento tal amenaza no existía.

- ¡No! ¡Nada! –para bien o para mal, la pequeña muñeca no lo detectó, huyendo del lugar despavorida.


Sin embargo, Yuka no perdió su sonrisa y solo se dedicó a mirar el brillante cielo despejado, pensando que tal vez, ese sentimiento que había experimentado y que aún residía en su corazón no era algo tan malo ni incomprensible después de todo, y tal vez empezaría a entender por qué los humanos valoraban tanto aquel “espíritu”.



Feliz Navidad, Elly…

(Continua en el siguiente post)
Última edición por Orobas el Mar Dic 26, 2017 7:34 pm, editado 1 vez en total.

Avatar de Usuario
Orobas
Rekindling Fairy
Rekindling Fairy
Mensajes: 150
Registrado: Mié Oct 18, 2017 4:28 am
Cash on hand: Cerrado
Organizer x 1Participant x 2

Re: 〔Concurso de fanfiction y fanarts〕Dual Art [Votaciones]

Mensaje por Orobas » Mar Dic 26, 2017 7:11 pm

(Continuacion del post anterior, sigamos con los fanfics!)

Fanfics

Una Leccion Especial, por Green Spell:
[+] spoiler
" El Infierno de las Llamas Ardientes esconde el secreto a la suprema forma de energía que los humanos pueden apegarse.

Tú, cuervo que vive dentro de las llamas…

Deberías de ser capaz de mantener este poder dentro de tu cuervo.

Podemos utilizar esto para cumplir no solo los deseos del subterráneo, sino de la superficie.”

Una voz que recorría cada rincón de mi mente, no sentía la presencia de dicha voz, pero en lo profundo de mi ser sabía que esto era lo correcto. Un deseo insaciable consumía cada parte de mi cuerpo y la satisfacción que causaba no se comparaba ni al pecado de vivir en éxtasis.

- Utsuho, levántate, es hora de ir a trabajar –dijo una voz desconocida que resonaba.

Abriendo mis ojos después de una pesadilla casi interminable, un olor reconocible era percibido por mi olfato, la comodidad que podía sentir en este pequeño espacio habitado por muebles y pertenencias personales era lo que mantenía mi memoria activa, nada más era necesario.

- Buenos días ama Satori, tuve un buen sueño hoy –Dije mientras se me escapa una sonrisa.

- …No seas estúpida, sé lo que estabas viendo.

Mientras aquellos pasos se iban desvaneciendo más y más, también lo hacía mi sonrisa. Tratando de esconder algo que ya había sido confirmado no fue lo más inteligente; solo la gente con cerebro de cuervo haría ese tipo de cosas.

Solo sentía auto-desprecio por los errores del pasado.

- Ahh, ¿qué comeremos hoy? Tengo ganas de probar algo diferente –Decía mientras estiraba mis articulaciones.

Mientras caminaba hacia el comedor para tomar un asiento, memorias de arrepentimiento se presentaban en mi mente, aquél incidente que terminó causándole problemas a la señorita Satori quedarían grabados dentro de mí por un largo tiempo, una inexcusable derrota para un ser de calidad inferior.

Después de haber desayunado, era el momento para ir a trabajar. La atmosfera en aquél lugar era cada día más sofocante, pero el calmante para todo el estrés era la paz interior y que reinaba en todo el subterráneo. La regulación de las llamas y los cuerpos siendo recogidos por mi compañera Orin, era un día pacífico como cualquier otro.

- Oye, Okuu. Tomemos un descanso por ahora, ven aquí –Decía aquella Kasha mientras sus colas revoloteaban.

Kaenbyou Rin, una Kasha de cabello rojo e ojos con el mismo toque de color pero desempeñándose más en el oscuro y orejas de gato negras que van a la par con su hermoso vestido color negro decorado con detalles verduscos.

Fue una de mis acompañantes y la que tomó acción en aquél incidente, si no hubiera sido por ella, nadie sabría qué le hubiera pasado tanto al subterráneo como a la superficie. Aún con la gran cantidad de youkai fuertes que se encuentran en este sitio encerrado, el peligro seguirá acechando en busca de una víctima.
- ¿Trajiste algo para comer, Orin? –Dije pensativa.

- Claro que no, últimamente has trabajado con un estado de ánimo diferente, los espíritus a mi alrededor han notado el cambio desde aquél incidente, pero decidimos no interferir creyendo que mejorarías.
Ciertamente no había estado en mi mejor condición después de ello. Aunque eso no significaba que estaba haciendo mal mi trabajo, si no que la señorita Satori lo había notado desde el comienzo pero no había cambiado nada.

Mientras los días iban comenzando, mis motivos para pelear iban disminuyendo. En un mundo donde existe dicho sistema de equilibrio y los más fuertes aniquilan el aburrimiento demostrando su fuerza, yo estaba perdiendo todo mi ser.

- Siéntate, te contaré una historia que provino de la señorita Satori, trata sobre la navidad, estoy seguro que has escuchado eso de Koishi o de las chicas de la superficie –Explayaba Orin mientras se expresaba corporalmente.

Dejando de lado todos mis pensamientos negativos, después de revisar de forma superficial mis alrededores y acabar todo con un suspiro, decidí tomar recostarme en el piso rocoso; teniendo una posición casi incómoda, Orin siguió mis pasos y se relajó en aquel infierno sofocante.

- Con esta historia, llega a una conclusión y háblalo con la señorita Satori, ese es el trabajo que te toca para el resto del día.

. . .

Encerrada en un oscuro espacio, todo tipo de ideas y conclusiones viajaban tal cual una ciudad beneficiada por la energía nuclear. Orin había terminado de contar su historia y era momento de que yo comenzará a tomar riendas del asunto, sin ningún tipo de ánimo.

- Qué problema, sería más fácil para mi si solo estuviera regulando el fuego del infierno –Pensé mientras dejaba que el viento robara mi suspiro más largo.

Aquella historia que estaba siendo contada y almacenada dentro de mi ser, trataba sobre un pequeño cuervo que se encontraba herido en una calle con mucha población humana. Al parecer este cuento provenía de un supuesto mundo exterior que se encuentra fuera de Gensokyo.

El cuervo era conocido en su manada por haber causado muchas tragedias dentro el mundo de los humanos, haciéndose pasar por una mascota de actitud misteriosa pero amable, algo anormal proviniendo de una animal que se ha creado su fama en el mundo de los humanos con el dicho: “Cría cuervos y te sacarán los ojos.”

Pero aquél día en específico, una pequeña dama había recogido su diminuto cuerpo y confirmaba si estaba vivo o no el cuervo. Por supuesto, todo esto formaba parte del plan de aquél descorazonado animal, sus intenciones seguían siendo las mismas que eventualmente le llevaron una dolorosa muerte a sus padres, algo que no le había afectado para bien a este pequeño ser de tez negra y pico liso.

Mientras la pequeña señorita silbaba al ritmo de una canción de proveniencia desconocida y acariciaba el pelaje del diminuto cuervo, este comenzaba a ponerse de pie e interactuar con aquél pequeño ser, pasando un buen momento juntos, todo se desempeñaba de una manera feliz tanto para las emociones de aquella chica, como para el plan malévolo que desencadenaba el cuervo en tan pocos instantes.

- ¿Sabías, señor cuervo? Mientras estaba en el hospital, me dieron la oportunidad de tomar aire libre y salir. Pero por alguna razón terminé perdida y ahora tendré que devolverme al hospital –Explicaba la pequeña señorita con una expresión melancólica.

Para el cuervo vendría siendo un beneficio que aquella chica volviera al hospital y comenzara a cuidar de él, para después aprovechar un día de descuido y preparación donde el mismo destino horripilante cayera en su vida.

Mientras la niña avanzaba por el camino con unos pasos diminutos equivalentes a su edad, sonreía al ver la maravilla que se despejaba en su alrededor. Una noche urbana iluminada de una manera que solo demostrara felicidad a los pasantes que estaban disfrutando de la navidad, diferentes personajes que representaban esta festividad se encontraban entregando invitaciones de temas desconocidos para la chica. Un nuevo mundo que nunca había sido experimentado tanto para ella como para el vil cuervo, lo suficiente como para calmar el corazón de la persona más estresada.

- ¡Mira señor cuervo! Juguetes que vienen con un vestido incluido. Me pregunto si este año recibiré algo –Se susurraba a si misma.

Eso fue lo último que recordó el señor cuervo antes de dormir en las manos de la pequeña chica; mientras caminaba en aquella urbanización llena de tiendas en cada lugar de la calle, la chica comenzaba a cantar una letra desconocida para todos, quizás especial para ella o sin ningún tipo de significado.

. . .

Pasaron las semanas que fueron inolvidables tanto para el cuervo como para la niña, disfrutaban de momentos que solo quedarían en la infancia de quien supiera como aprovecharla. Encontrándose con desafíos que ayudarían con el crecimiento emocional de cualquier persona, durmiendo sin ningún tipo de preocupación sabiendo que mañana sería otro hermoso día para jugar…

31 de Diciembre 11:45 p.m
Paciente fallecido, falla en la maquinaria que no le proporcionó el sustento suficiente.

Sin haber dicho adiós, sin haber completado otra memoria feliz, aquella linda señorita había abandonado a este mundo, había dejado atrás al señor cuervo. Desconocido era para él la cantidad de emociones que podía sentir en ese momento, pero solo era eso, un cuervo. No tenía la capacidad del ser humano y tampoco su cuerpo como para poder desahogar aquellas emociones consideradas destructivas, solo era un sentimiento indescriptible para nosotros los lectores.

Eventualmente el señor cuervo no podía recordar más aquellas memorias que tanto había disfrutado, su cerebro no detallaba tanta capacidad como para definir qué era lo que nunca iba a olvidar, aquella sonrisa, aquella cara, aquellos juguetes. Todo se había desvanecido en el vacío y sin ninguna esperanza para ser recuperado; pero allí se encontraba el señor cuervo, viendo el atardecer de esa memorable ciudad urbana que por primera vez le había entregado una cálida bienvenida mientras nevaba sin pesar. El arrepentimiento que encontró este pequeño ser había sido devastador pero necesario para seguir viviendo, una lección especial que cambiaría su oscuro corazón.

- Ya veo, así que a esto era lo que se refería Orin –Decía mientras sonreía.

Un nuevo sentimiento de valentía tomaba forma en mi cuerpo, había llegado a una conclusión mientras me asociaba con aquel supuesto señor cuervo, mis ropas y mi alma se sentían con un peso más ligero que nunca me molestaría por el resto de mis días en este antiguo infierno. Era hora de avanzar hacia un nuevo momento.

- Ahora que recuerdo desde esta historia, aquella sacerdotisa y la señorita Koishi me habían hablado sobre una supuesta navidad, supongo que a eso se referían –Pensaba la cuervo del infierno mientras se dirigía al palacio.

Espíritus y distintos youkai viajaban por este subterráneo, una vista tan suave para esta renovada cuervo que lo asimilaba al igual que la historia. Mientras volaba directo al palacio recordaba lo que le habían dicho sobre esta antes desconocida festividad llamada navidad. Un día especial para los humanos donde se intercambiaban regalos para demostrarse el aprecio que sentían los unos a los otros. Utsuho queriendo festejar este famoso día, comenzaba a alterarse debido a que no había preparado ningún regalo para aquella Youkai que leía la mente de todo ser.

- Ahh, bueno, tendré que regalarle mi conclusión a la señorita Satori después de todo –Decía con un tono decaído.

Después de haber llegado, Utsuho procedió a contemplar el palacio como fuera la primera vez que estaba visitándolo, su destino era la habitación de la señorita Satori pero en este momento, lo único que podía hacer era notar detalles que nunca antes había visto, jarras con flores de un color púrpura y que la abrazaban de forma oblicua, los vitrales que demostraba el poder de su dueña y el miedo generado hacia otros youkai y la limpieza indiscutible que no puede ser encontrado en ningún otro lugar del antiguo infierno. Esta era la nueva habilidad que parecía haber desarrollado con deseo este cuervo.

- Oh, Okuu, bienvenida a casa. ¿Ya terminaste con el trabajo que tenías pendiente? –Hablaba Orin mientras recibía a su dicha compañera.

- Sí, por fin he llegado a una conclusión mientras regulaba el fuego. ¿Sabes dónde se encuentra la señorita Satori?

- No lo sé, pensé que estaría aquí pero parece ser que la señorita Koishi le causó unos cuantos problemas en algún lugar –decía la Kasha mientras trataba de recordar los eventos.

- ¡Ah! ¿Recuerdas esa festividad llamada navidad de la que te había hablado la señorita Koishi?

- ¿Navidad? Oh, sí, era eso que celebraban los humanos en fin de año, ¿no?

- Sí, recordé que los humanos también se entregaban regalos así que pensé en proporcionarle uno a la señorita Satori como parte de mi conclusión, ¿me ayudarías a hacerlo? –Insistía Okuu sin contener su emoción.

- ¿Regalo? Está bien, veamos qué harás entonces –Denotaba con confusión

. . .

- Me tomo más tiempo de lo que pensé el encontrar a Koishi, no pensé que llegaría hasta el punto de que se enfrentara con esa sacerdotisa –decía Satori quejándose mientras suspiraba.
Procediendo a entrar en el palacio, la señorita Satori se encontró con un fenómeno que le pareció un tanto sospechoso debido a su día a día.

- ¿Eh? ¿Qué es esto?

Al momento que entró, una gran sorpresa había envuelto toda su vista.

Espíritus girando tal cual fuegos artificiales fueran, cantidades mínimas de energía nuclear desprendiéndose dentro del palacio como si fuera una amenaza y junto a todo esto, las palabras “Feliz Navidad” se desenlazaban en forma de espíritus trayendo más consecuencias que beneficios.

- ¡Utsuho, Orin! ¡Detengan todo esto! –Expresaba Satori mientras se alteraba.

Desafortunadamente, las cantidades ínfimas de energía nuclear terminaron dañando parte del palacio pero sin dejar nada en un estado grave, los espíritus casi terminan escapando y haciendo un desastre tanto en la mansión como en el subterráneo, pero gracias a Orin todo eso se logró estabilizar.

Después de haber resuelto toda esa pequeña sorpresa, las tres protagonistas se encontraban en el comedor y a punto de disfrutar un buen banquete hecho por Utsuho y Orin.

- Vaya, qué desastre. Asegúrense de pensar mejor las cosas la próxima vez, ¿entendido? –Decía Satori con un tono demandante.

- Lo sentimos –Expresaban las dos compañeras con vergüenza.

- Con tal de que lo entiendan, está bien –Expresaba Satori con una sonrisa que denotaba confianza.
- Y bien, ¿por qué hicieron todo esto? Estoy verdaderamente impresionada por todo el trabajo y tiempo que se tomaron para prepararlo.

Sabiendo que este era el momento correcto para responder lo necesario, Utsuho se levantó y con una mirada de decisión enfrentó a su ama.

- Sí, esto era parte de la conclusión que usted pidió de mi. Con la historia que me contó Orin, logré darme cuenta de que a pesar de haber cometido ese error en el subterráneo, no significó ningún mal para mi porque ustedes estarán ahí para mi enfrentando tanto las malas como las buenas situaciones, o algo así –Decía mientras mostraba inseguridad en su sonrisa.

- Ya veo, es bueno que hayas tomado en cuenta todos esos aspectos y hayas llegado a la conclusión. Esto servirá para cambiar tu carácter, tenlo en cuenta de ahora en adelante.

- Sí, ¡gracias por su amabilidad, señorita Satori! –Expresaba Utsuho con alegría.

- Ehh, yo también tengo algo que confesar. En realidad, la señorita Satori no te dio ningún trabajo, así que todo fue mentira. Teehee –Hablaba Orin mientras se hacía la tonta.

- ¡Qué!

Y con ello, un nuevo sentimiento de felicidad había sido sembrado dentro de esta chica cuervo llamada Utsuho Reiuji. Disfrutando de una cena peculiar que le hacía honor a aquél festival humano que tanto le picaba el interés, sonriendo y comiendo, esta pequeña familia disfruto la famosa navidad de una manera que nunca desaparecerá de sus memorias.

Arbolito de Navidad, por Jouga:
[+] spoiler
En un día particularmente frío, con la nieve arrebatando el color de los techos de las casas, la titiritera de los siete colores paseaba por los caminos de la aldea. Llevaba un bonito abrigo café con una bufanda cubriendo la mitad su rostro, y el clima hacía ver su piel más pálida de lo que ya era. Era una mujer muy reconocida en estos rumbos debido a sus increíbles espectáculos con títeres: algunos aldeanos la veían con recelo, pues tenían la idea de que la titiritera era también una muñeca, pero la mayoría le tenían cierto cariño por haberles regalado ese curioso entretenimiento representado con deslumbrante presteza que cautivó la atención de las multitudes.

Sobre todo, los que más la querían eran los niños de la aldea, y en este día helado de invierno, en el que ella sólo pasaba con la intención de comprar unos cuantos víveres, los pequeños no la dejaban en paz. Revoloteaban a su alrededor y cada vez se conglomeraban en mayor cantidad, soltando palabras repletas de conmoción, relacionadas con regalos, con la madrugada y con la bondad. Alice, la titiritera, no podía entender mucho de lo que le hablaban, eran un verdadero escándalo, se limitaba a sonreírles, responder con monosílabos ocasionalmente y hacer levitar a sus muñecas para que éstas saludaran a los niños. Normalmente esto era suficiente, los niños sólo se alegraban de verla y le preguntaban cuándo sería su próximo acto, luego se hipnotizaban mirando las muñecas dar vueltas en el aire y comportarse como si estuvieran vivas, pero este día no parecían prestar mucha atención, algo los tenía muy emocionados, estaban tratando de decirle algo que los hacía muy felices.

Finalmente llegaron a la primera tienda del recorrido. Alice aprovechó para despedirse y, tras sumergirse dentro de las cortinas que cubrían la entrada del negocio, pareció como si los niños dejaran de existir y hubiera entrado a un mundo sin ruido. Cuando salió los niños ya estaban dispersos, ocupándose de sus juegos con nieve y de sus cuentos, la aldea estaba más estruendosa que nunca, y tanto los adultos como los niños parecían estar muy alegres. No lo había notado antes debido al estruendo anterior, pero algunas casas estaban adornadas con colgantes de cristal transparente, y dentro de algunos negocios había árboles repletos de ornamentos similares, pero a estos se le sumaban objetos esféricos de muchos colores. Pareciera, además, que los manteles y los abrigos de color rojo se pusieron de moda en toda la aldea.

A pesar de que Alice era una maga youkai, siempre le gustó continuar comportándose como humana, la normalidad de los hábitos humanos eran aún parte de su identidad, no obstante, irónicamente, nunca entendió a las demás personas. Ella siempre fue una persona retraída y solitaria, quien prefiere conservar un círculo social muy reducido, el cual tampoco frecuenta mucho. Es la clase de persona que prefiere pasar el tiempo consigo misma y con su arte, el cual pareciera que tiene vida propia y le hace buena compañía. Notó los cambios en la aldea, pero no se detuvo a pensar mucho en ello, ella vivía en las afueras, aislada dentro del bosque mágico; lo que fuera que tenía a los humanos tan alegres y unidos, Alice no era parte de ello. Tras terminar sus compras, tomó sus cosas y se dirigió a su hogar, adentrándose en el aterrador bosque de la magia hasta perderse en las sombras.

Para su sorpresa, esa esencia festiva que estaba presente en la aldea también la encontró en el bosque. Las hadas estaban más ruidosas que de costumbre, incluso aquellas que suelen disminuir su actividad durante el invierno. En verdad, el frío intenso y la gran cantidad de nieve hacen que a uno le den ganas de quedarse en casa, abrigado cómodamente y tomando té caliente, Alice no podía entender cómo podían salir las hadas a jugar a arrojarse bolas de nieve en esta clase de clima. Este ambiente extraño empezó a afectar su humor: ahora tampoco entendía a los youkai, este bosque era su hogar, y todas esas sonrisas misteriosas la hicieron sentir aislada también aquí.

En un momento vio a un hada caer del cielo, dándose un estrepitoso golpe contra el suelo. Alice la vio caer con una expresión inmutable, como si fuera algo cotidiano, volteó la cabeza hacia arriba, donde observó un enorme árbol decorado de la misma forma que los de la aldea, pero a una escala mucho mayor. Ella conocía este árbol: es el hogar del trio de hadas de la luz, que eran las más célebres de entre su especie que se podían encontrar en el bosque mágico, y con quienes ya había tenido alguna interacción en el pasado. El árbol siempre fue muy vistoso, llamaba la atención por su tamaño y porque estaba remodelado por dentro para parecerse a una casa, ahora se encontraba lleno de colgantes en forma de lunas, estrellas y soles en sus ramas, algunos eran muy brillantes y lindos, mientras que otros se notaban que sólo eran rocas que encontraron con formas apenas reconocibles; también tenía listones rodeando el tronco, formando un moño enorme; pero lo que más llamaba la atención eran unos ominosos destellos de luz roja, azul y amarilla, distribuidos aleatoriamente por toda la superficie, y estaban hechos de magia.

Este árbol deslumbraba a Alice con su belleza, tenía unos cuantos adornos de más, y se veía bastante infantil, pero las luces y el contraste con la nieve lo hacían una obra de arte. Sin embargo, eso mismo molestaba a Alice, sumado a que desprendía un aura muy intensa, la esencia de aquello que ella no podía comprender. Con una expresión desganada en su rostro, se acercó al hada que yacía en el suelo y decidió preguntarle sobre el árbol.

- ¡Nos preparamos para la navidad! – Recibió respuesta de parte Star, quien le hablaba desde arriba, dentro del árbol, apenas asomando su cabeza por la ventana y con sus manos rodeando su boca para, según ella, amplificar el volumen de su voz.

- ¿Y eso es…? – Inquirió Alice con seriedad.

- ¡Oh! ¿No lo sabes? Todos están hablando de ello. ¡Se trata de un nuevo youkai! – Le contestó Sunny, quien, ahora se dio cuenta, se había posicionado sigilosamente detrás de ella.

- ¿Y qué hay con este youkai?

Sunny se cruzó de brazos, tratando de pensar una respuesta.

- … Bueno, veamos… ¿Cómo era, Luna?

- Creo que era su cumpleaños – dijo Luna, aún con la cara aplastada contra el suelo.

- No, creo que Navidad tiene un amigo que cumple años pronto… - continuó Sunny, mientras que Star tomaba aire para exclamar algo.

- ¡Lo importante es que este youkai se pone tan feliz que viaja por todo Gensokyo repartiendo regalos a los niños buenos! – gritó Star, para compensar la distancia que la separaba del resto.

- ¿¡De verdad creen eso!? – Alice recuperaba la emoción en su semblante, se sintió notoriamente aliviada tras entender que toda esta situación era una tontería, dejó escapar una leve risa escondida tras su bufanda. – Dudo que un youkai pueda ser tan amable, sinceramente.

- ¿O era un hada? – reflexionó Sunny. Alice se volteó y se dirigió hacia ella.

- Entonces, ¿cuál es el propósito del árbol?

- Uhm…

- ¡La única condición para obtener regalos es decorar un árbol! – vociferó el hada de arriba.

Lo que describían se parecía más a una deidad que retribuye a aquellos que le hacen un altar con alguna clase de bendición. Sin embargo, ninguna deidad acepta que le pidas cualquier cosa, incluso las más populares suelen estar especializadas en algún tipo en concreto de bendición. Otra opción es que fuera un youkai malintencionado que sólo esté buscando estafar a la gente, pero si no es capaz de cumplir las expectativas lo más seguro es que el próximo año nadie vuelva a caer. Bajo esta línea de pensamiento, Alice concluyó que toda esta historia era falsa, posiblemente un invento para hacer que los niños tengan ganas de portarse bien.

- Ah, ya recuerdo, es cierto. Y entonces concluimos que, si tanto le gustaban los árboles, ¡el nuestro va a ser su favorito! – dijo Sunny.

- ¡Cuando vea el nuestro nos va a traer todo lo que le pidamos! – gritó Star.

- Los mejores regalos serán nuestros. – murmuró Luna aún en el suelo.

Alice volvió a mirar hacia arriba, se quedó un momento en silencio, pensativa, examinando el árbol.

- Ciertamente es bonito… lo reconozco.

Satisfecha, tomó la mano de Luna, la ayudó a incorporarse y le sacudió la nieve de la ropa y del cabello, tomó sus cosas y reanudó su camino hacia su hogar.

- Gracias. Espero que Navidad no sea un youkai peligroso…

La casa de muñecas en la que vivía tenía el mismo aire misterioso de siempre, envuelto entre los árboles del bosque mágico, con su destacable y pulcro color blanco, y repleto de muñecas haciendo el quehacer aun cuando la titiritera no está cerca. Alice ya podía divisar su hogar a lo lejos, y se dio cuenta de que esa vista le producía la misma sensación de melancolía que sintió antes de hablar con las hadas. Su casa se veía igual que siempre mientras que todas las demás tenía decoración temática, se sentía fuera de sintonía, volvió a sentirse desolada. Ella estaba totalmente convencida de que el cuento de Navidad era un invento, pero comenzó a creer que le vendría bien un cambio de imagen, después de todo, ese árbol en serio era bonito…

Usando sus aparatosas habilidades para controlar a las muñecas, mandó una legión entera de ellas a explorar los alrededores del bosque, en busca de algún arbolito que pueda adornar su casa. Las muñecas, armadas con filosas espadas, trajeron un montón de troncos y ramas que poco le servían, pero logró encontrar un trozo que podría quedar bien si se le planta en una maceta. Entró a alguna habitación donde guardaba las cosas que usaba para su arte, tenía un montón de muñecas viejas, piezas destartaladas, ropa en miniatura, y muchos tipos diferentes de adornos; si había una persona que estaba preparada para una labor así, definitivamente es ella.

Cuando se acercó al arbolito con los colgantes en sus manos, se detuvo. Se le quedó viendo, paralizada con la mirada baja. Un recuerdo en particular resonaba en su memora, las palabras de las hadas hacían eco y la hacían sentir inquieta, no podía ignorarlo: el favorito, los mejores regalos, el más grande. Ese árbol enorme estaba decorado por unas hadas con mal gusto y sin sentido de la estética, y sin embargo en verdad era precioso, no podía dejar de pintarlo en su mente. No hay forma de que unas hadas le ganen, sentía un imperioso impulso por superar la obra de las hadas. Botó los adornos que venía cargando, mandó a sus muñecas a traer toda la madera que puedan, y se fue a seleccionar los mejores materiales entre lo que tenía guardados. Estaba decidida a comenzar un gran proyecto.

Al día siguiente ya se encontraba retocando los detalles de su obra maestra. A los alrededores de su hogar ya había un montón de árboles talados, pero el montón de madera que extrajo de ellos se había convertido en un pino gigantesco, que envolvía la casa de muñecas en una densa sombra. Había cientos de muñecas tallando el tronco del pino, podando sus ramas y colocando colgantes sobre ellas. El árbol contaba con ornamentos esféricos, cristales transparentes, adornos en forma de estrellas, lunas y soles, listones dorados descansando sobre sus ramas y rodeándolo en forma de espiral, luces de todos los colores hechas con a partir de algún hechizo mágico distribuidas al azar entre sus ramas, y por último algunas muñecas con lindos vestidos rojos yacían colgadas del cuello a modo de adorno. Se trataba de un árbol artificial que dio forma a partir de árboles más pequeños, pero la vida no importaba más que su belleza, ella podía animar cualquier objeto.

Una vez terminado, el sol rara vez calentaba la casa, así que pasaba el tiempo abrazada de brazos, cobijada y bebiendo café caliente. El monumental adorno no tardó mucho en llamar la atención de las hadas en los alrededores. Las muñecas que puso en el árbol servían como sus ojos, con lo que en realidad estaba muy pendiente de quién pasaba en las cercanías, ansiaba saborear la envidia de los demás, especialmente de ese trío de hadas, razón por la que había adornado el árbol con figuras que a ellas les gustaban. Finalmente, el radar de las muñecas detectó a las tres hadas, y en ese momento Alice se levantó frenéticamente y se dispuso a salir; abrió la puerta, se detuvo un momento para controlar su respiración y la atravesó estirando sus brazos, fingiendo no notar la presencia de las hadas, éstas la vieron, aterrizaron y de inmediato Sunny se dirigió hacia ella.

- ¡Señorita Alice, hay un enorme árbol junto a su casa!

- … Sí, lo noté. Es mío. – respondió con la cabeza en alto.

- Sunny… creo que es más grande que el nuestro. – dijo Luna, anonadada.

- Entonces, ¿Navidad no es un youkai peligroso? – preguntó Star.

- … eh, no lo sé, pensé que valía la pena intentarlo, creo. – Alice había olvidado por completo todo lo referente al tema, ella esperaba puros elogios, no pensó que confrontarían su enorme contradicción.

- ¿Sí? Pues déjame decirte que no le será tan fácil, señorita Alice. ¡Espere a ver nuestro plan B! – Sunny declaró la guerra con estas palabras.

- Y espero que le de buen mantenimiento a su árbol, ¡sería una lástima que una noche explotara! – exclamó Star juntando las palmas de sus manos.

- ¡Sí! – concluyó Luna y desaparecieron volando a máxima velocidad.

- ¿Un plan B…?

Al día siguiente ningún hada se paseó a los alrededores de la casa de muñecas. La incógnita del supuesto plan B le carcomía la cabeza, supo de inmediato que la falta de visitas estaba relacionada con ese trio.

Cargando con la insoportable curiosidad, se abrigó hasta las orejas y decidió salir a buscar a esas tres. El camino hacia el árbol de las hadas era relativamente simple, pero no había señales de vida en las cercanías. Cuando finalmente encontró el hogar de las hadas de la luz vio que estaba en el mismo estado en el que lo había visto antes, pero estaba completamente deshabitado. Sin nadie viviendo allí, los destellos de antes estaban apagados, y entonces notó por primera vez lo feo que era en realidad el diseño que tanto la impresionó en un principio.

Sin ninguna pista siguió buscando, caminando un buen rato sin rumbo hasta que vio a una gran cantidad de hadas dirigiéndose a un solo lugar. Las siguió, y mientras avanzaba podía ver una gran multitud de hadas, youkai y humanos se hallaban impresionados, con las miradas hacia el cielo, armando un escándalo nunca antes visto en las cercanías del bosque. A medida que Alice subía su mirada, se encontraba con la escena monumental, se trataba de la torre de radio que había aparecido en Gensokyo hace tiempo, ahora se encontraba envuelto en una cantidad exagerada de enredaderas, cubriendo casi por completo la superficie metálica de la torre. En la cima, muy a lo lejos, apenas visibles para el ojo prodigioso de Alice, se encontraba lo que esperaba ver: las tres hadas de la luz.

La titiritera estaba completamente atónita. Rápidamente se fue volando hasta la cima de la torre para confrontar a sus más grandes rivales. Vio que Sunny y Star se encontraban deleitándose a lo lejos con la atención de todos, mientras que Luna caía y caía desde las alturas, se vio en la necesidad de esquivarla y seguir subiendo a toda velocidad.

- ¿¡Qué significa todo esto!? – exclamó.

- Oh, hola, señorita Alice. ¿Le gusta nuestro plan B? – respondió Star, despreocupada.

- ¿Podrían explicarme qué es lo que están haciendo? – al oír esto, Sunny dio un paso adelante para confrontar a la maga.

- ¿Y revelar nuestro secreto del éxito? ¡Debes estar bromeando! La técnica para hacer crecer las plantas por el simple hecho de que un hada habite en ellas, ¡es el secreto que nos llevará a la victoria!

- Así que es eso…

- Y ni se te ocurra intentar replicarlo, revelar el secreto es imposible para ti.

- Hablando de planes secretos, señorita Alice, su arbolito parecía bastante inflamable, ¿no es así? – continuó Star, con una sonrisa enigmática.

Alice entendió la amenaza y regresó a su hogar a toda prisa. Esas palabras la consternaron demasiado. Recordó su comentario sobre las bombas, pero nunca creyó que hablara en serio, con Star nunca se sabe. Afortunadamente sólo la hizo perder su tiempo, porque la obra de Alice se encontraba tal como la dejó.

Sunny era terrible para guardar secretos, sin embargo, tenía razón en que de ninguna manera se podría copiar su método. Esas hadas tenían un pésimo gusto artístico, pero eran sumamente astutas. Ahora mismo esa torre de radio no es más que una vista inusual, carece de belleza, mas dentro de poco las enredaderas la cubrirán por completo, convirtiéndola en una pirámide de vegetación. Alice sabía que su decoración era muy inferior a la suya, pero es una competencia sobre llamar la atención de Navidad, ya sea que exista o no, el árbol más espectacular ganará, y las hadas son tan torpes que el único recurso al que pueden recurrir es al tamaño.

Le parecía que era caer muy bajo, pues se vio en la necesidad de valerse del tamaño del árbol para poder sentirse realizada, había caído en el juego de las hadas. Taló tantos árboles como pudo, su casa ahora se veía mucho más solitaria, y ya las sombras de los árboles estaban muy lejos de tocar las paredes de la casa. Los árboles ya no podían considerarse cercanos a la casa de muñecas, salvo por uno, su obsesión que ahora medía más que la torre de radio de las hadas. Alice, con su prestigiosa destreza y precisión, podía medir la altura de la torre con sólo la vista desde la lejanía y sabía que las había superado por unos centímetros, los que consideró suficientes.

Exhausta por esta ardua labor, se dirigió a la torre con la ropa polvorienta y el cabello desaliñado, pero con una actitud triunfante. La torre ahora era una pirámide de cuatro lados perfectamente planos e inclinados, simétricamente conectados, rodeados de plantas como si las enredaderas formaran un bordado, ya no había ni la más mínima señal de metal, ni tampoco aparentaba estar hueca por dentro, uno creería que se trata de un árbol muy extraño. Las hadas estaban tomando el té sentadas alrededor de una réplica perfecta de su viejo hogar, pero todos los muebles estaban hechos de enredaderas perfectamente tejidas.

Alice estuvo a punto de volar para alardear sobre su habilidad, para presumir que las había superado, pero atestiguó un acontecimiento que le helaría la sangre. Las hadas se levantaron en ese momento y se pusieron a trabajar. Luna se dirigió a una habitación con un telescopio, el cual apuntaba en la dirección del árbol rival, ésta se dedicaba a observar y a hacerle señas a Sunny, además de hablarle con palabras que Alice no podía escuchar; Star no estaba haciendo nada; Sunny por su parte agarraba ramas de árboles y las ponía en la punta de la torre, y después de unos pocos minutos de sostenerla allí, la planta parecía fusionarse con las enredaderas, aumentando así la altura del monumento. En este preciso momento Alice se dio cuenta de que la altura de la torre ahora superaba por unos centímetros la de su árbol de navidad.

Tras observar boquiabierta la escena, volvió en sí, se mordió el labio inferior conteniendo su sensación de impotencia y se puso a trazar un plan en su mente, decidida a poner todo su esfuerzo en hallar una solución.

Pasó el resto del día encerrada en una habitación secreta de su casa, probablemente bajo tierra, en completa oscuridad, escribiendo a la velocidad del sonido kilos y kilos de páginas repletas de hechizos mágicos y símbolos esotéricos. Perdió la noción del tiempo totalmente, estaba tan concentrada que no supo si pasaron días, semanas u horas, pero completó su objetivo. La prodigiosa maga logró diseñar un algoritmo mágico que funcionaba automáticamente, similar a como lo hace una computadora o un shikigami, ahora sus muñecas podían seguir una misma instrucción y repetirla prescindiendo de la concentración de Alice, sólo necesitaban de su poder mágico y el resto lo harían por si solas. Obviamente, las programó para hacer crecer el árbol de navidad, sacrificando un poco de calidad artística, pero maximizando la eficiencia en la relación entre el tiempo y la longitud del árbol.

Algunos días pasaron. Alice pasó semanas en reposo, aguantando el frío y comiendo cantidades peligrosas de chocolates y dulces para adquirir energía mágica. Bajó las defensas alrededor de su casa, el radar de vigilancia había sido desactivado, las muñecas que hacían la limpieza también cesaron su trabajo, las únicas muñecas que funcionaron durante estos días fueron las que se dedicaban a hacer crecer el árbol y las que contaban con detectores de pólvora.

Cada vez con más frecuencia recibía visitas, que tocaban su puerta y le enviaban mensajes un poco desconcertantes. Había una diosa ambiciosa que estaba interesada en convertir el árbol en una extensión de su santuario; una inmortal que con una dura expresión le informó que su árbol era inflamable, y que podía causar un desastre; una coneja le aseguró que el árbol llamaba mucho la atención de la gente de la luna y que eso atraería a los emisarios, cosa que la ponía en peligro; una tengu se quejó de que el árbol hacía demasiada interferencia en las corrientes de viento del cielo, lo le dificultaba el vuelo; también la mensajera del Palacio del Dragón le reclamó que ya no podía practicar con sus poderes eléctricos, porque todos los rayos caían en el mismo lugar. Alice le cerró la puerta en la cara a todas ellas.

La última advertencia que recibió fue a través de un sueño. Una figura se ocultaba en una profunda oscuridad, y sólo se podían observar miles de ojos y un abanico tapando la boca de esta persona.

- Detente. – una voz misteriosa impartió claramente el mensaje.

- Estás poniendo en peligro a la barrera Hakurei. – continuó.

- Si no te detienes… tendré que tomar medidas. – y esta última frase resonó con un eco estruendoso dentro del subconsciente onírico de la titiritera, esto la aterró profundamente.

- Además es inflamable.

Y entonces se despertó, completamente asustada de las posibles consecuencias. Canceló su hechizo con las muñecas de inmediato y salió de la casa, donde observó, horrorizada, su obra por primera vez en semanas. Era tan alto que atravesaba las nubes, y ni siquiera el ojo milagroso de Alice podía ver su punta. En verdad, había llegado demasiado lejos, e incluso se lamentó del hecho de que había dejado de adornarlo a partir de cierto punto. Por otro lado, se elevó al cielo para observar desde la lejanía la torre de las hadas, se dio cuenta de que ellas se habían rendido desde hace mucho. El árbol de Alice quintuplicaba el tamaño de la torre, al menos hasta donde era visible, porque la verdadera altura del árbol era un completo enigma hasta para ella.

Se fue en dirección a la torre, ya con una mentalidad totalmente distinta. No con intención de alardear ni de competir, era como si hubiera ganado en un evento deportivo por una diferencia tan inmensa que la hizo sentir la necesidad de animar a su competidor, una suerte de culpa. Para su infortunio, la torre de radio de las hadas, quienes perdieron la competencia del árbol más alto, había adornado su pirámide cuadrangular de una forma maravillosa. Estaba repleta de luces mágicas de los siete colores, que a su vez formaban constelaciones; esta vez se esmeraron en elegir las mejores figuras de estrellas, soles y lunas, había figuras de cristal, de madera, de arcilla, de plata, pero tados estaban magníficamente esculpidas; los listones blancos, rojos y dorados con su distribución en espiral lucían muy bien en contraste con la forma de la pirámide; por último, en la punta del árbol estaban unas muñecas con la forma de Star, Luna y Sunny, las cuales, recordó, Alice había hecho ella misma una vez que visitaron su casa.

- ¡Señorita Alice! – exclamaron las tres, y bajaron de inmediato de su torre para conversar con ella.

- Hola, chicas…

- ¡Señorita Alice, tuvimos un sueño terrible, nos dijeron que íbamos a destruir Gensokyo y que algo muy muy malo iba a suceder! – Exclamó Sunny, sumamente consternada.

- Y lo más raro es que todas tuvimos el mismo sueño… – continuó Luna.

- Y sin Gensokyo no habrá regalos… – Dijo Star, afligida.

- Sí, tuve el mismo sueño. – Alice se notaba con poco entusiasmo. – Pero fue mi culpa, por haber hecho esa abominación, terminé poniendo en peligro a Gensokyo. Su árbol de navidad, en cambio, sinceramente es precioso.

Luna y Sunny se miraron la una a la otra, y preguntaron al unísono.

- ¿Árbol de qué?

- La Navidad… ese youkai, o hada, que cumplía años, o un amigo suyo, y que gustaba de los árboles grandes, ¿no es la razón por la que todo esto pasó?

- Yo sí lo recuerdo, quería que Navidad me trajera otra bandera con estrellas y franjas como la que tengo en mi cuarto.

- ¡Ah, los regalos! Bueno, no cabe duda que los mejores se los llevará la señorita Alice. – dijo Luna.

- Espera, ¿Cuál era el regalo que ustedes tenían pensado pedirle a este youkai?

Se quedaron pensando unos segundos, se miraron la una a la otra y terminaron levantando las palmas de las manos hacia la altura de sus hombros, en señal de completa ignorancia.

- Los regalos dejaron de importarnos, la estábamos pasando demasiado bien jugando con usted. – intervino Sunny.

- Usted no parece del tipo que juega con las hadas, ¡nos sorprendió mucho! – continuó Luna.

- Siempre es agradable hacer nuevos amigos. – dijo Star con una encantadora sonrisa.

Alice se quedó callada, reflexionando. Se sintió completamente derrotada, tanto moralmente como competitivamente. Pero, en contraste con todo Gensokyo, cuyos habitantes estaban enojados con ella, las hadas no expresaron más que palabras de gratitud y de cariño. Ciertamente, advirtió que esta experiencia no había sido del todo mala.

- Sí, yo también me divertí mucho. – terminó con una sonrisa sutil.

El resto del día lo pasó encerrada en su casa, creando una réplica en miniatura del árbol de la torre de radio, con una exactitud impresionante, y una precisión milimétrica a la hora de recrear los detalles. Durante esa misma madrugada, Luna, que no solía dormir, notó que tres cajas de regalo aparecieron como por arte de magia en la base de la torre, y que llevaban los nombres de cada una de las hadas escritos su superficie. Dentro se encontraba la figurita a escala, que era idéntica a la original, con la única diferencia de que en la cima del modelo había una muñequita de Alice en compañía de las otras tres.

Navidad es Tiempo de Gratitud, por Nota:
[+] spoiler
-Aburrido.

Exclamó la celestial, observar algunas peleas desde el cielo se volvió aburrido ¿De qué sirve emocionarse si no puedes participar? En momentos como estos, envidiaba hasta la vida de un hada, podían corretear de arriba para abajo con total libertad.

Sentada en la orilla de la cima de la montaña, lugar donde pudo divertirse hace un tiempo. Como olvidar las peleas que finalmente lograron borrar su aburrimiento, claro que ahora no hay nada que hacer, ni siquiera la Oni había subido en un tiempo y eso la deprimía, si bien no es como si luchara con ella, era buena compañía para beber y hacer interesante la estadía en el aburrido cielo.

Tenshi Hinanawi solo deseaba algo que la mantuviera entretenida, hasta la visita de un Shinigami sería bienvenida de ser posible, pero no, nada de eso pasaría en las fechas cercanas o al menos eso sabia de la última vez que peleó con uno.

-Quiero pelear, jugar, hablar con alguien, algo que me entretenga.

Se dejó caer sobre el frio suelo del cielo, observó a lo lejos algunos árboles donde de casualidad pasaban algunas de las doncellas celestiales que usó para reparar el templo, les pediría que se quedaran a hablar con ella, pero debido a que al parecer sus padres se enteraron de lo que hizo, estaba castigada.

-¿Quién les contó, acaso ya lo sabían y solo esperaron a que todo se calmara para asegurarse de que me aburriera?

Problemas menores, de todas formas no es como si ellas tuvieran tiempo, casi siempre estaban ocupadas y no podían hablarle de una manera muy libre debido a su estatus como heredera de los Hinanawi, siempre la trataban con respeto, no es que le molestara, simplemente se vuelve monótono y pierde la gracia.

-¿Habrá algo interesante abajo?

Se preguntó a ella misma, sabiendo que las posibilidades de que algo interesante pasara en solo minutos, era casi nulo. Observó de nueva cuenta que hoy ni siquiera había una pelea.

-¿Debería causar otro terremoto para divertirme?

Dijo en voz alta, sabiendo que nadie estaba cerca para decirle algo al respecto de su comentario… o eso pensó.

-Si piensa hacer eso, tendré que castigarla de forma más severa, hija mayor de los Hinanawi.
Tenshi solo volteó a ver dónde escuchó la voz, no vio nada en primer momento y alzando la vista un poco, encontró a quien ahora en su mente llamaba “correa”.

-Ya se me hacía raro no verte, mensajera.

De saber que sus padres, de entre todos los seres del cielo, escogerían precisamente a quien estaba al tanto de sus travesuras y que también le dio una pelea muy buena, además de espasmos por la electricidad, para hacerse cargo de vigilarla, habría aceptado no salir de su habitación por un mes o incluso hacer trabajos de servidumbre, sería mejor y más entretenido.

-Debería haberse acostumbrado a verme a diario, después de todo, gracias a usted misma es que ahora tengo que vigilarla día a día.

Iku Nagae se sorprendió cuando le asignaron vigilar a la heredera de los Hinanawi, no pensó que llegarían a ponerle un escolta para que no causara problemas, si bien ella jamás diría nada sobre su trabajo, era pesado lidiar con el comportamiento de Tenshi.

-¿Cuántos volteos usaras si vuelvo a causar otro incidente, o simplemente informarás a mis padres?

Tenshi aún sospechaba que su ahora escolta, había sido quien la delató.

-Los suficientes para tener que cargarla de regreso, desgraciadamente para usted, debo informar de sus movimientos a sus padres al final del día, es parte de mis órdenes.

-Gracias por la información, la tendré en cuenta.

Dijo con un tono de sarcasmo, sabía perfectamente que ella se quedaba tiempo extra hablando con sus padres al final del día, decidió espiar un poco cierto día y se enteró que la tenían muy bien controlada.

-¿Pasa algo especial hoy?

Preguntó la celestial a su acompañante, ya que la mensajera parecía buscar algo en sus ropas, además que ella no suele faltar en las mañanas para ir por ella y presentarse ambas donde sus padres.

-Efectivamente, hoy tengo un mensaje para usted.

Tenshi solo ladeó un poco la cabeza ¿Un mensaje para ella? Si no eran de parte de sus hermanos y hermanas, que algunos estaban en otras partes haciendo quien sabe qué, debería ser de algún otro clan de celestiales, seguro era eso.

-Aquí esta.

De forma respetuosa, Iku le entregó un sobre con decoración festiva.

-¿De quién es?

Se preguntó mental y físicamente.

-Me encontré con la Oni que suele subir y beber con usted, dijo que llevaba algo de prisa y que entregara esta carta a usted en su lugar.
¿Cómo no se enteró que Suika había subido? Quizá había pasado mucho tiempo tratando de observar algo interesante que la había ignorado. Abrió el sobre, algo extrañada, y leyó el contenido.

-¿Navidad?

Iku sólo observó como la carta era leída por la celestial.

-Pierde su tiempo.

Dijo Tenshi antes de devolver el sobre a Iku y sentarse de nuevo en el borde de la montaña.

-¿Le molesta si leo el contenido?

Pidió autorización la mensajera del palacio del dragón, ya que la carta no era para ella.

-Adelante.

Ese tono carente de felicidad y hasta cierto punto vacío, dejo algo incómoda a la mensajera, sin más leyó la carta.

“Saludos.

A través de esta carta, me complace invitarle a usted que la lee, a la fiesta de navidad de la Mansión Escarlata, dicha fiesta tendrá lugar el día veinticuatro de diciembre del presente año. A las cuatro de la tarde podrán llegar los invitados, esperamos que pueda asistir, sin más
que agregar y deseándole una feliz navidad, se despide:

Remilia Scarlet.”

-¿Una fiesta?

-No repitas lo que ya sé.

Dijo sin levantar la vista Tenshi, pero sonaba igual de vacía y apagada.

-¿No piensa ir?

-… ¿No sabes todo mi castigo?

Dijo ahora sonando molesta la peli azul.

-Lamento no estar informada de todo su castigo, pero yo solo recibí órdenes de vigilarla.

-Debí suponerlo, tengo prohibido pasar de este borde, ahorita mismo, mis pies ni siquiera deberían estar colgando fuera de los límites del cielo. Aunque quisiera, no puedo ir.

Iku no dijo nada y no necesitaba ver nada, la voz de Tenshi delataba que había sido un golpe bajo no poder ir, ahora entendía por qué siempre estaba sentada en el borde del cielo, como esperando algo.

-Entiendo, debo hacer algunas cosas, por favor no se mueva hasta que regrese por usted.

Sin esperar respuesta, Iku comenzó a volar para alejarse.

-Ni que pudiera hacer algo mejor.

Soltó al aire la celestial, mientras observaba con envidia a algunas hadas que se paseaban cerca de las faldas de la montaña.
Los días pasaron y Tenshi no hacía nada más que sentarse y observar la tierra, después de confirmar con Iku donde estaba la mansión escarlata, observaba seguido allí también.

-…

Iku sólo veía como desde que recibió la carta, la heredera hacia aún menos, sólo se sentaba a observar, ni siquiera volteaba a ver los duraznos y el sake que le llevaba, ya que parecía no querer moverse para comer o beber algo.

-Espero no arrepentirme de esto.

Se dijo antes de comenzar a volar hacia el palacio del dragón.

Veinticuatro de diciembre.

Tenshi estaba en su acostumbrada posición, la cual comenzaba a preocupar incluso a las doncellas celestiales que pasaban seguido por la zona, algunas se acercaban para preguntarle si se encontraba bien, recibiendo un corto y simple “Sí” de parte de la joven heredera, otras solían ofrecerle comida ya que no se movía en todo el día, la cual rechazaba hasta ya entrada la tarde, cuando si sentía la necesidad de comer algo.

-Hija de los Hinanawi.

Llamó Iku a la joven sentada en el límite del cielo.

-¿Qué ocurre?

Dijo con este tono seco que últimamente era común en Tenshi.

-Levántese y venga conmigo, debo atender algunas cosas en las tierras bajas y tardaré un poco, así que la llevaré conmigo para no perderla de vista.

Tenshi no dijo nada, ni siquiera parecía querer moverse.

-Creí haberte-

-Tengo permiso de sus padres, así que por favor le pido que se apresure o tardaremos más en regresar.

Aún sin creer las palabras de la mensajera, la heredera volteó a verla, algo confundida, ya que si Iku salía, solo le pedía que no se moviera del lugar.

-¿No me escuchó? Necesito que se levante.

Dijo sin esperar palabra alguna Iku, tomó del brazo a Tenshi y la levantó a la fuerza, comenzando a descender sin más.

-¿Q-qué estás haciendo? Puedo volar por mi cuenta.

Dijo “molesta” Tenshi al ver que efectivamente la estaba llevando hacia la parte baja de la montaña, realmente estaba saliendo de su encierro.

Iku soltó a su acompañante al sentir que ya estaba avanzando por su cuenta.

-Por favor sígame y no se separe, tenemos que ir a algunos lugares antes de volver.

Tenshi no era muy obediente cuando estaba aburrida, pero sabía que si sus padres se enteraban que armó un escándalo cuando se supone estaba castigada, le iría peor. No es lo que ella quería, le hubiera gustado salir sola y sin rumbo fijo, pero llevaba tiempo haciendo lo mismo y viendo lo mismo, que por hoy estaría bien escuchar a su escolta.

En el camino, pasaron sobre volando la cascada de la montaña, algunos Tengu observaron al dúo descendiendo, Tenshi sólo se limitó a disfrutar de la vista, era mejor verla de cerca que desde el mismo lugar. También pasaron el bosque Youkai, el bosque de la magia, donde vio un par de casas, a lo lejos, pudo observar el templo que destruyó, reconstruyó y finalmente fue destruido de nuevo.

-Hubieran dejado el que hicieron las doncellas celestiales.

Dijo al aire, y aunque no quisiera, estaba sonriendo, ya que se sentía levemente libre de sus ataduras.

-Parece que funcionó.

Dijo Iku viendo de reojo a Tenshi, ya que incluso a ella le preocupó el estado anímico de la heredera.

-Parece que está fuera de forma por no hacer nada por un tiempo.

Dijo Iku a su acompañante.

-¡¿Disculpa?!

Claro que no fue muy bienvenido dicho comentario.

-Deberíamos caminar para que pueda acondicionarse de nuevo, claro que si usted gusta podemos volar para regresar más rápido.
Automáticamente, Tenshi ignoró el comentario dirigido hacia su condición física y sólo escuchó “regresar más rápido”

-S-supongo que tienes razón, no he hecho nada y no me vendría mal caminar un poco.

-Entendido, aterricemos aquí y caminemos hacia nuestro destino.

El camino estaba solo, como de costumbre en Gensokyo y por el ya mencionado camino, sólo iban dos celestiales a paso lento.

-¿Hacia dónde vamos?

Preguntó la más joven del dúo.

-Tenemos que pasar en la villa de los humanos, hay algo que pasaremos a traer antes de ir hacia donde nos dirigimos.

-¿Nos dejaran entrar?

-Es de día aún, no habrá problema.

El resto del camino fue sólo Tenshi admirando el paisaje, después de no salir tanto tiempo, hasta eso le parecía entretenido. Llegaron a la villa de los humanos y después de que Iku pasara a lo que, al parecer era una tienda, comenzaron de nuevo a caminar con una dirección que Tenshi parecía reconocer.

-¿Qué hacia allá no está la Mansión Escarlata?

-Así es. Sus padres estarán felices de que aun si no se movía, parece que memorizó donde están los lugares que resaltan del mapa de Gensokyo.

Aún estaba levemente molesta por el castigo, pero ahora estaba moviéndose fuera del cielo, estaba de un mejor humor. Simplemente rio un poco por el comentario.

-Llegamos.

Dijo Iku al estar a sólo unos pasos de la entrada de la gran mansión. En la entrada, había un dúo de personas, parecían estar esperando algo. Tenshi podía reconocer a las que estaban allí.

-Vamos Reimu, seguro ganarás.

-Ya te dije que no tengo ganas de pelear contigo, además hay muchas otras invitadas para que busques a alguien que tenga ganas de medir fuerzas.

La bruja y la sacerdotisa estaban en la entrada, discutiendo un poco.

-No seas una… oh, la celestial vino.

Dijo la rubia señalando al dúo que estaba llegando. Reimu sólo volteó a ver y al estar ya cerca, dio un “saludo”

-¿Vienes a derrumbar la mansión a media fiesta?

-También me alegra verte, Reimu.

Con un tono levemente sarcástico, contestó Tenshi.

-Tú te llamabas… ¿Tenshi?

Dijo Marisa uniéndose a la bienvenida.

-Es bueno que alguien al menos hace un intento por saludarme.

Ahora sonaba un poco más alegre.

-Sólo me aseguro que no causes más alborotos en Gensokyo, aunque parece que eso ya es responsabilidad de quien te acompaña.

Señaló con sus palabras a Iku, quien en ese momento sólo se limitaba a acompañar a la joven celestial.

-Oye ¿Te animas a una pelea?

Preguntó Marisa a la peli azul.

-¿Quieres que limpie el suelo contigo de nuevo?

Contestó Tenshi, ahora con un tono arrogante y desafiante, aunque estaba realmente feliz por la propuesta.

-¡Esta vez no perderé!

Ambas se alistaban para la pelea, pero fue Iku y Reimu quien paró a cada una.

-Hija de los Hinanawi, recuerda que no puedes causar alborotos.

-Marisa, si arruinas la fiesta me beberé tu sake.

-Está bien.

Dijeron ambas contendientes dejando salir un ánimo depresivo por tener que posponer la batalla.

Con la aparición de la portera de la mansión, la atención se dirigió a ella. Poco a poco las demás invitadas fueron llegando, Tenshi sólo platicaba con quien podía ya que no había salido del cielo y aun si no estaba peleando, se sentía feliz, tanto que olvidó que estaba castigada y que Iku estaba a su lado, ni siquiera se dio cuenta que su sake nunca se terminaba.

Como era de esperarse, al final si hubo un pequeño espacio para pelear entre quienes quisieran, cortesía de la dueña de la mansión y Marisa, quien no paraba de insistir que podía ganarle a todas las presentes, llegada la media noche y después de un intercambio de regalos improvisado, algunos invitados comenzaron a retirarse, entre ellos el dúo de celestiales, aunque Tenshi insistió en quedarse, debían volver ya que sus padres se molestarían con ella.

Al menos iban caminando, lo cual hacia más larga la estadía fuera del cielo.

-Fue divertido.

Dijo en voz alta y estirándose un poco, la hija mayor de los Hinanawi.

-No estuvo mal.

Comentó Iku.

-¿Segura que no podíamos quedarnos más?

Dijo ahora como suplicante la peli azul.

-Sus padres no se dormirán hasta que usted vuelva, además es mi deber llevarla de regreso para informar de los lugares que visitó.

-Cierto, lo había olvidado. Qué bueno que traje sake para el camino.

Dijo para sí misma sacando de quien sabe dónde la infaltable botella que siempre lleva Suika.

-¿Está segura que la Oni no se molestará?

Preguntó la mensajera, aún se cuestionaba si estaba bien no decirle nada por el momento, además que la Oni y la celestial mantenían una relación amistosa.

-Si lo hace, pues pelearemos y ya, además ella sabe dónde encontrarme así que no hay problema.

Comenzando a reír animadamente, sólo interrumpió su risa para beber el contenido.

-Sólo no cause un gran alboroto y sus padres no se molestarán.

-Si ella llega al cielo, no cuenta como que yo lo haya hecho.

Iku sonrió en sus adentros, ahora Tenshi volvía a comportarse como lo hacia siempre.

Veinticinco de Diciembre.

La joven celestial se encontraba de nuevo en los límites del cielo; era ya la tarde, durante la mañana Suika había llegado para reclamar su sake y al infaltable estilo de Gensokyo, terminaron en una pelea, ahora la celestial estaba comiendo un durazno mientras veía como en el templo Hakurei había una batalla entre la sacerdotisa y la bruja.

-Parece que no pudieron soportar el empate.

Dijo Iku llegando al lugar.

-Llevan diez minutos en lo mismo, será otro empate.

Contestó Tenshi.

-Tengo que dejarla unas horas, por favor no se mueva de aquí.

-Claro.

Iku se fue del lugar y Tenshi al ver que ya estaba sola de nuevo, sonrió de forma tranquila.

-Tendré que agradecerte después, mensajera.

Si bien por la emoción del momento no lo notó, al despertar y evaluar lo sucedido ayer, estaba claro que Iku había estado al pendiente de ella durante la fiesta, incluso la dejó participar en tres peleas. Además al hablar con sus padres para agradecer el que la dejaran salir le dijeron que fue Iku la que intercedió por ella, además que hacerse responsable si la heredera causaba un nuevo incidente durante su paseo por Gensokyo.

También le comentaron que la mensajera tendría aún más trabajo debido a que falto a sus responsabilidades para llevarla, sin mencionar que ahora también había caído en cuenta que fue ella la que se aseguraba que siempre tuviera sake. Ahora quitarle la botella de sake a Suika había tenido un doble beneficio.

La noche llegó y una cansada Iku se dirigía a traer a Tenshi.

-Aún tengo trabajo acumulado para mañana.

Dijo en voz baja para sí misma, sabía perfectamente que ella tenía muchas cosas que hacer. Las fiestas de navidad son sólo para mortales, ella siempre estaría ocupada, hasta el día en que muriera no tendría descanso alguno.

Llegó donde ya se acostumbraba ver a Tenshi y la llamó para ir a dejarla.

-Hija de los Hinanawi, es hora de volver.

En el camino hacia donde se encontraba la familia Hinanawi, no hubo intercambio de palabras, finalmente y después de hablar con los actuales líderes de la familia, Iku se dirigiría a descansar cuando la llamaron.

-Iku.

Se detuvo y volteó, pues no siempre la llamaban por su nombre, menos la propietaria de la voz que la llamaba.

-¿Sucede algo?

Preguntó a Tenshi que había salido para hablarle.

-Gracias.

Le dijo sin más y le entregó una botella de sake, algo que Suika había conseguido durante el día. Tenshi no esperó respuesta y volvió a entrar con su familia, Iku no dijo nada, sólo observó una nota que estaba colocada en la botella, seguramente del lugar donde provenía dicho producto.

“Felices fiestas”

-Parece que creciste un poco, Hija de los Hinanawi… Tenshi.
Iku retomó camino hacia su merecido descanso, siendo observada por la mencionada por sus palabras.

La fecha limite para votar es el 31 de diciembre a las 23:59.

Buena suerte a todos los participantes! :yatasmile:
Última edición por Orobas el Mar Dic 26, 2017 7:49 pm, editado 1 vez en total.

Responder